sábado, 26 de noviembre de 2016

Caleidoscopio: César Bisso en territorio mítico. Todos los cuentos de Chéjov. Pescetti y Natacha. Auster en septiembre y Connolly en enero de 2017

Bisso en su territorio mítico. “Dispongo del mismo tiempo / que aquel niño en la orilla”, nos advierte el poeta César Bisso y, como tomándonos de la mano, nos pide que aceptemos su invitación de acompañarlo para sumergirnos en su mítico territorio, donde todos están: el padre jugando al ajedrez, el perro bajo la mesa, Pipi, Gringo, Tato, Nutrio, Coco, que saludan, y las pequeñas casas, y la gente común, y el pez en el agua. Y el agua, sempiterna. Y el río, que “es otro sol que alumbra desde abajo”.
El escritor nació en Coronda, provincia de Santa Fe, y desde hace años vive en Buenos Aires donde desempeña tareas profesionales. Pero en su ánimo, en sus emociones más íntimas, la tierra de la frutilla, del extenso verano, está presente y vuelve a ella, una y otra vez, en sus poemas. Lo ha hecho en varios libros anteriores, pero esta vez la zambullida profunda, emocional, existencial, parece, y es, más profunda, como si ahora se hubiera decidido a contarnos todo. Y ese todo tiene que ver con la infancia, donde recibió los jugos nutricios que lo alimentaron y aún hoy lo mantienen vivo.
“Un niño en la orilla” es su última entrega, esa totalizadora, y en la que más se expone porque se busca como pequeño, con las luces y las sombras que acompañan siempre a la infancia. “Me permitiré llamar a César Bisso el poeta de la memoria, porque no encarcela a la infancia con viejos almanaques, sino que la echa a volar para que siga viva”, nos advierte León Komorovski en el prólogo de este libro dividido en dos partes: la primera nos habla en presente, porque es el niño el que dice desde una suerte de espacio intemporal. La segunda a su vez habla “mirando hacia atrás”, dado que esas páginas están dictadas por la nostalgia.
“Mis ojos trenzan / retazos de cielo, / y destrenzan / fulgores de islas”, nos dice el niño, como también nos cuenta de sus andanzas con el perro, de cómo recibió en sus manos la sorpresa de una pelota, y de qué manera se jugaba en la  casa de las fantasías de Celia Forchino, en la que “ella, previsora, al caer la noche, abriga el sol con hojas de parra, y lo guarda en un estuche para que nos alumbre al día siguiente”.
Tales los hechos mágicos y cotidianos del “Cerca”, en tanto que “Lejos” arroja otros resultados, porque el poeta le advierte al lector que está de pie, pero “frágil, sujeto al último deseo”, mientras escucha andar por senderos de agua al padre de bondad, a la madre impenitente y a la hermana temblorosa. Nos cuenta que “permanece en la antesala del crepúsculo”, pero sin llegar al río. Nostalgia, como se dijo, dolor por lo perdido, pero todo eso tamizado, cobijado por la emoción, por la memoria fiel.
Es bueno y cálido este retorno a las fuentes de César Bisso, leal a lo que fue, a lo que sigue siendo, por inmaterial, por imperecedero, en su corazón. Libro para celebrar.
(“Un niño en la orilla”, Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2016, 100 páginas).

Chéjov, todos los cuentos. Cuando la madrileña editorial Páginas de Espuma, señera desde hace años por su tozuda dedicación al género cuento, anunció que se proponía publicar la totalidad de los cuentos del excepcional Antón Chéjov, en nuevas versiones confiadas al especialista Paul Viejo, generó sorpresa por el tamaño y la ambición de la empresa, dado que si bien el gran escritor ruso vivió sólo 44 años, escribió de una manera tan prolífica que aún asombra.
Considerado como uno de los padres del cuento, tal como hoy se lo concibe, Chéjov escribió, y publicó centenares de ellos, a partir de los 20 años (1880). Lo concreto es que el sello ha concluido, en cuatro años, la referida hazaña editorial, puesto que termina de aparecer en Madrid el cuarto tomo de la serie. Para que el lector de esta crónica tenga idea de lo que hablamos, cabe precisar que cada volumen tiene entre 1.100 y 1.200 páginas. El cuarto y último, que abarca los años 1894 a 1903, incluye casi cincuenta cuentos. Una verdadera “fiesta” para la literatura, con el adicional de que cada tomo viene acompañado por una serie de notas sobre la vida y la obra del autor de “La dama del perrito”, más referencias técnicas sobre los cuentos seleccionados. Una fiesta, como se dijo.
(Los libros de Página de Espuma, con una cierta demora, son distribuidos en la Argentina, donde pueden conseguirse, hasta ahora, los tres primeros tomos de la serie).

La señorita Natacha y el señor Pescetti
Una infanta llamada Natacha. Hace ya veinte años que el escritor, músico y actor, entre otros quehaceres, Luis Pescetti –multipremiado y “multi” querido por los chicos de muchas partes del mundo- nos viene contando las aventuras de Natacha, una criatura de nuestros días, habitante de la gran ciudad, que está aprendiendo la dura experiencia del existir. Pero a no desesperarse, que por suerte Natacha no está sola. Por de pronto tiene a su lado a la inquebrantable Pati, compañera leal como no hubo ni habrá otra igual, su indomable perro Rafles, y sus padres, que tratan de educarla, acompañarla, comprenderla. Y, sí, soportarla, lo cual es bastante estresante, para usar una palabra liviana.
Ahora Pescetti, que vaya a saberse cómo consigue tiempo libre entre escritura, presentaciones, viajes por distintos puntos del planeta Tierra, nos entrega otro título que habla de las historias de la inefable criatura. Entre episodio y episodio se da tiempo para entregar un manual, que con mucha generosidad Natacha  lo dedica a toda la humanidad, pero que está centralmente dirigido a los padres, esos seres no precisamente bajitos que suelen dar considerable trabajo a sus hijos, de los que todo tienen que aprender.
Pescetti ha logrado captar la manera de hablar, pensar y expresarse de nuestros niños informatizados y poco afectos a la escuela a la que asisten a veces con muestras inequívocas de estoicismo, cuando no de valentía (especialmente cuando nada recuerdan de las lecciones impartidas el día anterior, o la hora anterior…).
Hace años también que reímos bastante con las historias de Natacha, sus amigos y hasta sus enemigos (amigas: las chicas Perla, enemigas, las chicas Coral), mientras nos enteramos que si bien en este mundo hay princesas la batalla contra los zombíes es implacable e interminable. En una sociedad compleja, donde es cierto que suele ser muy difícil hacer pie, vale la pena detenerse cada tanto en el oasis llamado Pescetti.
(“Niños: guía del usuario (Natacha)”, de Luis Pescetti. Loqueleo, Buenos Aires, 2016, 180 páginas. Ilustraciones de Pablo Fernández. En Argentina: 159 pesos).

Auster, en septiembre. Será finalmente Seix Barral, un sello del conglomerado Planeta, el encargado de publicar en septiembre venidero la última novela de Paul Auster, "4,3,2,1”, según confirma “El País” de España.
De esa manera cesará la relación que durante años el autor norteamericano mantuvo con Anagrama, editorial que también perdió recientemente a otro de sus autores emblemáticos, Roberto Bolaño, quien es publicado en la actualidad por Alfaguara (en estos días se ha ordenado en España la devolución de los libros de Bolaño editados por el sello de Jorge Herralde que se encuentren en depósito, luego de un litigio con la viuda del autor chileno).
Respecto de ·"4,3,2,1”, se indica que aparecerá simultáneamente en España y los países de América Latina (en enero próximo se conocerá en los Estados Unidos) y en su nueva novela Auster habla otra vez de “la aceptación de la vida y la realidad que a uno le ha tocado en suerte, la más de las veces de manera azarosa”. Esta vez lo hace, expresa el periódico, de una forma distinta.
Así, el protagonista, Archibald Isaac Ferguson, nacido al igual que Auster en 1947 en un hospital de Newark, es el primer y único hijo de Rose y Stanley. Se agrega que “Isaac vivirá una especie de desdoblamiento con cuatro personajes que comparten el mismo nacimiento y ADN pero que, por ese azar del destino tan característico en Auster, viven en paralelo.
A pesar de ser, en el fondo, la misma persona, sus vidas serán bien diferentes e independientes según las decisiones que van tomando a lo largo de su vida. Y eso rige tanto en su relación con otras tantas Amy, como en la elección de sus amigos, como en su actitud ante algunos de los acontecimientos más emblemáticos del siglo XX, entre ellos el asesinato del presidente John Kennedy o las primeras revueltas sociales".
Los editores anglosajones del autor de “Invisible” dicen que la novela inédita debe ser considerada como “El trabajo de coronación de la extraordinaria carrera de este autor magistral”. Aguardamos el libro, con toda expectativa.

La nueva aventura de Parker.  En un informe que el irlandés John Connolly, creador del atormentado detective Charles Parker, ofrece habitualmente a sus lectores, ha confirmado que en enero venidero Tusquets pondrá a la venta en castellano y en España la última de las historias del investigador de Maine, que en nuestro idioma se titulará “La canción de las sombras”. La tapa del libro, que se publicará en Argentina en febrero de 2017, de alta significación alegórica, es la que el mismo autor difundió en dicho informe y que aquí reproducimos.
La novela que en inglés se titula A Game of Ghosts (“Un juego de fantasmas”) se demorará un poco más en ser conocida, puesto que aparecerá en abril del año venidero en el Reino Unido y entre julio y agosto de 2017 en los Estados Unidos.
El mismo Connolly cuenta que en la nueva historia Parker se pone en la búsqueda de un amigo, Jaycob Eklund, “cuya desaparición ha llamado la atención del agente especial del FBI Edgar Ross”, porque Eklund se ha especializado, precisamente, en homicidios y desapariciones.
Agrega el autor que, como suele ocurrir en las dolorosas historias protagonizadas por Parker, su búsqueda “le llevará a un mundo de crímenes y horror, gobernado por una madre monstruosa y vigilado por cosas que provienen más allá de este mundo”. Nadie puede negar habilidad a Connolly para despertar la curiosidad de sus seguidores.

martes, 15 de noviembre de 2016

"Zona caliente", de Charles Williams. El calor, el deseo, el robo, la muerte

“Zona caliente” (“Hell, Hath no Fury” o “The Hot Spot”), de Charles Williams.
La Bestia Equiilátera, Buenos Aires, 2016, 272 páginas.
Traducción de Carlos Gardini.
En Argentina: 260 pesos.

Luego de mucho tiempo en que sus obras cesaron de circular en nuestro idioma, regresa el excepcional autor norteamericano de policiales Charles Williams con una de sus mejores novelas, ahora traducida como “Zona caliente” y que es quizás la más paradigmática de entre sus textos, plena de hallazgos narrativos y expresivos, muestra acabada de su consumada habilidad para contarnos historias de gran suspenso, con reiteradas e inesperadas vueltas de tuerca que sorprenden al lector, de manera legítima y convincente.
Harry Madox llega a Lander, un pueblo perdido de Texas, donde al poco tiempo consigue un empleo como vendedor de autos usados. Es pleno verano, el calor es intenso, Harry es consciente que va para ningún lado y que a los treinta años no tiene la menor perspectiva de futuro: “Así se ven las cosas a los treinta, pensé. ¿Alguien quiere quedarse para los cuarenta?”.
Se ha encontrado sin embargo con dos cosas tentadoras: Dolores Harshaw, esposa del dueño del lugar en el que trabaja, y, más aún, un banco solitario, atendido por un viejo y otros empleados soñolientos, en el que vio billetes de dólar que bien podrían ser suyos. Habilidad y fuerzas no le faltan. Errores de perspectiva, también.
Por otra parte, ha conocido a Gloria Harper, una jovencita del lugar que trabaja para un segundo emprendimiento del mismo patrón: una especie de financiera, que presta dinero. La historia arranca cuando, enviados por su jefe, Harry y Gloria van a buscar a un tipo violento, Sutton, que debe cuotas de un auto y al que la muchacha, por alguna razón, teme.
No es descubrir ningún secreto decir que Madox, luego de provocar un incendio, concreta el robo, porque ambos casos no hacen al meollo del relato, sino que resultan el disparador de lo que vendrá después. Y lo que viene después será una sucesión de hechos en los que Harry se verá complicado y de los que saldrá con extremas dificultades para meterse en nuevos problemas, aún peores, que hasta llegarán a derivar en crímenes.
Y, encima, el calor. Tórrido, húmedo, constante: "Desperté al mediodía con mal sabor en la boca y el cuerpo empapado de sudor. Afuera el sol era un resplandor de bronce y no soplaba una brisa". Como constantes son los insectos y los malos pensamientos. En el caso de Harry, no sólo por su robo al banco y las complicaciones que comienzan a acosarlo, sino también por Dolores, una mujer explosiva, sensual y peligrosa, recargada de ardides, alguien que sabe jugar con cartas marcadas o dados recargados. O de las dos maneras, midiendo sus tiempos, sin vacilación, con inteligencia.

Prohibido contar. Maestro para los climas, para las situaciones de opresión, para esas “encerronas” de las que hablé, la suma de habilidades que caracterizaron a sus mejores trabajos parecen encontrarse condensadas en “Zona caliente” que, para beneficio del lector en nuestro idioma, su traducción ha sido encargada a Carlos Gardini, quien sabe cómo mantenerla fluida. Y confiable.
Harry vive distintas peripecias y, podría decirse así, a cada rato el lector lo encuentra casi con la soga al cuello, entrampado, a punto de quedarse sin salida. La habilidad narrativa del autor lo lleva a plantear nuevos giros en el relato, aunque las apuestas por su triunfo definitivo se irán diluyendo, como suele ocurrir con las apuestas arriesgadas.
Williams fue no sólo un hábil escritor de policiales, sino que supo bucear en la conciencia humana, en sus luces y en sus sombras. Harry es un ejemplo de ello: tiene actitudes mezquinas y al mismo tiempo realiza, sin que los otros lo sepan o sospechen, acciones nobles o que él entiende como tales. Y así, mientras intenta salvar a Gloria de diversas acechanzas, no puede dejar de sucumbir a la sexualidad explícita y hasta brutal de Dolores, a sus complicados planes que lo enredan y, llegado el caso, paralizan. En tanto eso le ocurre, la policía está tras sus pasos porque, forastero como es, no cree que sea ajeno al asalto al banco.
Y, aparte, Williams fue un excepcional narrador. Como ejemplo, basta referir a las peripecias por las que pasa Harry en medio de una brutal tormenta, mientras por determinadas razones se ve obligado a cambiar dos baterías de otros tantos autos, “adivinando” lo que debe hacer porque la oscuridad es absoluta, son propias de la alta literatura y de manera reiterada dejan casi sin aire al lector.
Como suele decirse, “Zona caliente” es permanentemente una de cal y otra de arena, en medio del infierno del calor y de las pasiones desatadas. El calor aquí, constante, repetitivo como si fuera un elemento de tortura, resulta símbolo de los condicionantes existenciales.
De esta novela es muy poco lo que se puede contar, salvo decir que agobia y que al mismo tiempo no puede dejar de leerse, del principio al fin, cuando Williams se reserva la última vuelta de tuerca para entregarnos un cierre de la historia digno de todo encomio, mientras el calor persiste y se apagan todas las luces.

Una media decena de trabajos de Charles Williams fue traducida en la década de 1970 tanto en Argentina como en España, pero luego de eso se registró un verdadero “silencio” respecto de su obra que comprende una veintena de novelas. Es de desear que nuevas ediciones y reediciones vuelvan a poner en circulación a este excepcional escritor.

tapa de la edición en inglés
“Me quedé un minuto echado sobre el volante, escuchando el ruido tristón de la lluvia y sintiendo el vertiginoso vacío del miedo en mi interior. Eso era lo que me había preocupado en el claro y mientras me devanaba los sesos tratando de subir la cuesta en la oscuridad. No había modo de arrancar el auto, y estaba a treinta kilómetros del pueblo. El alba me sorprendería mucho antes de que lograra llegar a pie. Y si dejaba el coche aquí, sería como dejarle mi tarjeta al sheriff. (…) ¿Cuánto tardaría en llegar a pie? Pero conocía la respuesta. Tardaría al menos cinco horas. Serían las ocho antes de que llegara al pueblo. Me verìan màs de veinte personas, y se acordarían de mí. Sabía qué facha tendría, calado hasta los huesos, cubierto de barro, y con la ropa rasgada por las caídas”.

Datos para una biografía
Charles Williams nació en San Angelo, Texas, el 13 de agosto de 1909. Pasó parte de su infancia en Nuevo México. En 1929, se enlistó en la Marina Mercante donde se desempeñó como operador de radio. Abandonó la fuerza  para casarse con Lasca Foster. Recién a los cuarenta años publicó su primera novela, Hill Girl, que vendió nada menos que dos millones y medio de ejemplares solo en los Estados Unidos. Su experiencia en la Marina le sirvió para hacer del mar un escenario principal en muchos de sus libros, entre ellos: El arrecife del escorpiónPor mortaja una velaMar calmoAnd the Deep Blue Sea. Este año, mientras en Argentina se publica “Zona caliente” en España se ha reeditado “El arrecife del escorpión”. Williams trabajó como guionista junto a René Clément y tuvo la bendición de que François Truffaut, Claude Sautet y Orson Welles llevaran tres de sus novelas al cine. Esas películas fueron, respectivamente, “Confidencialmente tuya” o “Vivamente el domingo” (Truffaut), “Armas para el caribe” (Sautet), y “The Deep” (Welles, película inconclusa). En el año 1962, escribió la versión fílmica de Zona caliente y trató de convencer sin éxito a Robert Mitchum para que hiciera de Harry Madox. Casi veinte años después, fue Don Johnson quien finalmente protagonizó la película con la dirección de Dennis Hopper. La muerte de su esposa lo sumió en una gran depresión. Su agente, Don Congdon, relató que una mañana recibió en su oficina una carta sin remitente. No tuvo dificultad en reconocer la letra. “Cuando leas estas líneas, ya estaré muerto”. Charles Williams se había suicidado en su pequeño departamento de Van Nuys, Los Ángeles, la madrugada del 7 de abril de 1975.

Algunos enlaces:

lunes, 7 de noviembre de 2016

"Años de gracia", de María Martoccia. Crimen en las sierras

“Años de gracia”, de María Martoccia.
Tusquets, Buenos Aires, 2016, 206 páginas.
En Argentina: 299 pesos.

De manera elusiva y, al mismo tiempo, narrando de una manera concéntrica, como si de a poco fuera encerrando la historia que nos quiere contar, la argentina María Martoccia en “Años de gracia”, su más reciente novela, nos introduce en un mundo de frustraciones que, además, esconde un crimen.
La historia central (que incluirá otras historias, comparativamente menores, que contribuirán a dar una determinada temperatura dramática y existencial) transcurre en un pueblo de las sierras de Córdoba al que se califica como “cheto”, es decir un lugar habitado por personas de un especial, y desahogado, nivel económico. Aunque no se lo nombra, ese pueblo podría ser La Cumbre, uno de los más célebres de la serranía, donde supo vivir el escritor Manuel Mujica Láinez.
Hasta allí llega la joven Angie Ocampo, con la intención de proponer a una pariente lejana, Amelia Sáenz Valiente, que su antigua casona en decadencia sea transformada en un hotel boutique, preferentemente reservado para el turismo internacional. Angie tiene dificultades para hablar con Amelia (“custodiada” con severidad y eficiencia por la chaqueña Felisa Morales) porque ésta se encuentra postrada y debe moverse en silla de ruedas a causa de un accidente que sufriera y en la que murió una de sus principales amigas, Lorraine.
El accidente fue raro, y hasta de cierta manera risible, de no haber tenido resultados tan trágicos. Y esto se debe a que Amelia, circulando por un camino rural, de tierra, atropelló a una vaca que inesperadamente le salió al cruce. Ella fue eximida de toda culpa por la justicia, que investigó el accidente, pero el pueblo no dejó de murmurar porque Lorraine era, o podría haber sido, su rival en lides amorosas, presunta amante de su marido, Quesada, de quien se separó cuando vivían en México. Tiempo pasado.

Un mundo de chismorreos. Cada uno de los personajes que integran “Años de gracia” se mueve en un mundo de chismes, de “decires”, de afirmaciones ambiguas y contradictorias: Amelia sufrió un accidente, Amelia chocó con la vaca por descuido, Amelia provocó el choque, Amelia es inocente, Amelia es culpable. Otro ejemplo: el médico que la atiende, Richard, debe soportar del jardinero una vivisección relacionada con sus padres, que han dejado el pueblo porque se han separado. Y así como Amelia y Richard son “sopesados”, declarados inocentes o culpables por los demás, el pueblo entero salva o condena. Y en todos los casos no deja de observar (críticamente) al resto.
El jardinero, Felisa, María Teresa, dueña de una pequeña pensión, y, de manera fundamental, Elvira, una mujer pobre, le irán “contando” al lector la verdad que esconde el accidente, así como otros pequeños o grandes secretos que el pueblo serrano guarda en su seno.
Hay una suerte de “línea central” y tiene que ver con Amelia: en primer término su accidente y la presunta, o real, responsabilidad que le cabe respecto de la muerte de Lorraine y luego, en un plano secundario o más difuminado, el relato de su vida y, más aún, de sus frustraciones, de sus sentimientos confusos en relación tanto con el accidente como sobre su amiga muerte, sus impulsos sexuales y la “apuesta” que termina haciendo respecto del proyecto del hotel boutique que le formula Angie, y que podría sacarla de la abulia en la que vida y del cono de sombra que la va cubriendo sin cesar.
Minuciosa en los detalles, en las descripciones de objetos y personajes, Martoccia también lo es cuando “pinta” el cambiante paisaje serrano. Describe muy bien las relaciones interpersonales y es irónica, sin acentuar las cargas, cuando habla de situaciones frívolas (vg., la reunión de cuatro amigas en un bar céntrico de Buenos Aires) que no dejan de esconder los verdaderos dramas humanos que subyacen tras esa frivolidad.
Muy atenta a los diálogos, sin embargo la autora habla de “encender” la luz o “ponerse de pie”, en un clima demasiado argentino que lleva a pensar en ediciones que no incomoden al presunto lector español. Tampoco resultan “funcionales” los mecánicos que se instalan frente a la casa de Amelia, ni la relación de Richard con una sirvienta con su erotismo a flor de piel.
Estas presuntas “incomodidades” narrativas (juicio subjetivo, claro está) no lesionan a “Años de gracia”, una novela enigmática, favorecida por una escritura tersa y pulida, propia de una escritora minuciosa que sabe hablar de intrigas y que deja varios caminos abiertos para que el lector deduzca, determine y “cierre” los diversos enigmas planteados.

Casa Museo de Mujica Láinez en La Cumbre
-¿Por qué le pusiste “Años de gracia” a tu novela?
-Me pareció que sin saberlo uno está viviendo los años de gracia. Además esa ilusión de los personajes de poner un hotel, de hacer plata. Después de una desgracia a veces hay otra que aguarda. "Años de gracia" es un modo de decir "de yapa". No queda bien claro cuáles fueron los años de gracia. Es lindo porque nunca sabés cuáles son los años de gracia, si los que pasaron o los que vienen.
(de una entrevista a la autora realizada por Daniel Gigena, “La Nación”, Buenos Aires)

Datos para una biografía 
María Martoccia (Buenos Aires, 1957) estudió Letras en la UBA y residió varios años en San Marcos, sierras de Córdoba, así como en el exterior, adonde viajó con su marido, Raymond, profesor de Lingüística, con quien vivió en países tales como Gran Bretaña, Yemen, Tailandia, Malasia y Marruecos.. Es escritora y traductora. Publicó los libros de cuentos Caravana (1996, reeeditado en 2009) y Enemigos de la lluvia (2015),  y las novelas Los oficios (2003), Sierra Padre (2006), Desalmadas (2010) y Años de gracia (2016). Es coautora junto con Javiera Gutiérrez de las semblanzas biográficas Cuerpos frágiles mujeres prodigiosas (2002) y de una colección de relatos infantiles basados en leyendas budistas (2009).

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Los nombres", de Tommy Wieringa. Una alegoría sobre la identidad

“Los nombres” (”Dit Zijn de namen”) , de Tommy Wieringa.
Edhasa, Buenos Aires, 2016, 316 páginas.
Traducción de Micaela van Muylem.
En Argentina: 365 pesos.

Tommy Wieringa es uno de los autores más populares de Holanda. Vivió varios años en Aruba, por lo que conoce considerablemente la idiosincrasia de los caribeños en particular y de los latinoamericanos, en general. Su escritor preferido es Gabriel García Márquez y ha expresado su interés por el realismo mágico.
Sin embargo, el segundo libro que de él se conoce en castellano, “Los nombres”, transcurre por otros andariveles, tanto que si fuera por el presente texto no habría manera de relacionarlo, en cuanto a temas y estilo, con el narrador colombiano, su escritura y sus búsquedas expresivas.
En realidad, la novela aquí comentada referida a unos refugiados que –vueltos una especie de esqueletos vivientes- deambulan por una estepa interminable en la frontera entre Europa y Asia, partió de algunos datos de la realidad. En efecto, un tiempo atrás –antes de que se produjera el éxodo masivo de asiáticos y africanos que tratan en la actualidad de hacer pie en las naciones europeas- un grupo de refugiados fue desembarcado en una zona de Ucrania por traficantes que “inventaron” una frontera ficticia para confundirlos y hacer que marcharan sin solución de continuidad por un mismo territorio, absolutamente perdidos y sin destino ninguno.
Si bien esa acción de extrema crueldad queda reflejada en “Los nombres”, la novela apunta hacia una cuestión más compleja y sutil: la redención. Y para ello Wieringa toma como personaje central no a los refugiados –cuyas zozobras y locuras también cuenta, con muchos aciertos- sino a un comisario de frontera, Pontuj Bej quien, afectado por enfermedades que anticipan su vejez, vive una verdadera crisis de identidad.
De manera que durante un considerable tramo de la novela, ésta se muestra escindida en dos partes muy diferenciadas: una de ellas habla de la vida común de Pontuj como oficial en un puesto de frontera, en la que se evidencia su soledad raigal, su vida sin excesivos sobresaltos, la ausencia de sentido en su existencia hasta que, de pronto, por motivos aleatorios nacidos de los recuerdos de su niñez y de una canción que cantaba su madre (para él incomprensible) y tras la muerte de un rabino, descubre por azar sus vínculos con el judaísmo.
En paralelo, se desarrolla la segunda historia, referida a los desamparados que circulan interminablemente en medio de la estepa. Perdidos, hambreados, enfermos, con historias personales nunca aclaradas del todo. Un niño, una mujer obligada noche a noche a mantener relaciones con los hombres que integran el grupo de desesperados y esos mismos hombres, procedentes de regiones y vidas previas muy diversas. Todos marchan juntos, salvo un negro que habla un idioma para ellos incomprensible y al que, sólo por su piel y porque reza como cristiano, desconfían y temen y por lo tanto ralean del grupo que ellos mismos componen.

La miseria degrada.  Los caminantes, muertos de frío y de hambre, van degradándose momento a momento, mientras esperan encontrar un signo de vida que se demora en emerger en medio de ese desierto sinfín que atraviesan como si expiaran una culpa, mientras buscan al responsable de sus males.
Los hay, objetivos: los traficantes de refugiados que cobran cifras exorbitantes para trasladarlos de la peor manera y arrojarlos a su (mala) suerte sin el menor escrúpulo. Y la propia culpa de los inmigrantes, que pagan por sueños imposibles con una reiterada ingenuidad que despierta el asombro. Es cierto que muchas veces no tienen más alternativa que la huida, pero por la necesidad de salir de ambientes hostiles, de situaciones de hambruna, persecución o guerra, “compran” –en todos los casos a alto precio, humano, dinerario- los sueños que “venden” los traficantes.
Pero a estos refugiados, las responsabilidades ajenas o propias no los conmueven, por lo que buscan en otro esa suerte de maleficio que los ha alcanzado Y, claro está (algo más que previsible), la culpabilidad recae en el diferente, es decir en el negro africano que por distinto debe cargar con toda la responsabilidad. Luego, de otra manera y después de una extrema decisión, lo verán como una suerte de guía que los conducirá a la salvación.
De esa forma, es decir con una carga adicional que no es el caso explicitar acá, los refugiados llegan a la ciudad donde Pontus debe atender y resolver su situación. Pero ellos se niegan a hablar, a aclarar cómo han actuado, también de donde proceden y cuántos han quedado en el camino.
Mientras dilucida todo ese enredo, debe atender a la cuestión de la judeidad, que lo toma de lleno y lo conduce a mantener un diálogo sobre religión, creencias e identidad con ese segundo rabino, Zalman Eder, un anciano que, al parecer, es el último judío vivo que reside en la comarca y que mantiene sus tradiciones y hasta una sinagoga a la que nadie concurre. Cuando muera, todo eso se perderá de manera irremediable.
Pero Wieringa se reserva un as en la manga: Pontus encontrará el modo de saldar sus cuentas y cuitas personales, y lo hará de manera indirecta, a través del niño que será todo un rebelde y con el que tendrá extremas dificultades para conectarse y proponerle una salida. Salida que también será la respuesta que encuentra el autor, simbólica y prácticamente, a los enigmas que plantea “Los nombres”, una compleja alegoría sobre nuestro presente.

Tapa de la edición holandesa
De un reportaje al autor, tomado de “De Morgen”, Asse, Kobbegem, Bélgica:
“Wieringa no es religioso, pero está familiarizado con el deseo de un pasado (compartido). Luego de la partida de sus parientes a Estados Unidos, su rama es todo lo que queda del árbol familiar en Holanda: ‘No tenemos pasado, porque mi familia no cuenta historias. A menos que lo escriba, no existirá. Algunas personas no se preocupan por el pasado. Sin embargo, la idea de que el pasado no pueda recuperarse, no sobreviva, me llena de horror’. (…) El pasado y los recuerdos proporcionan una base sólida, como lo hace la confrontación con uno mismo. Wieringa se da cuenta ahora: ‘Por ejemplo, hoy ayudé a alguien a abrir una puerta en el tren. Deposité mi basura. Alimenté y llevé a mis hijos a la guardería. En una palabra: soy un buen ciudadano. Pero si mantengo mis recuerdos, sé que soy tan despreciable como cualquier otra persona. Sé de lo que soy capaz. Y no siempre es lindo. En Los nombres lo pongo de esta manera: Una vez en su vida un hombre llorará porque llega a comprenderse perfectamente. Y, una vez en su vida, llorará porque sabe que no puede salvarse. Ésta es la esencia de mi libro”.
 Traducción de Mónica Herrero.

Datos para una biografía
Tommy Wieringa nació en el pueblo holandés de Goor, en 1967. Estudió historia y periodismo en las universidades de Groningen y de Utrecht. Vivió varios años en el Caribe. Publicó más de quince títulos desde la aparición de su primera novela en 1995. Su repertorio incluye novelas, crónicas, cuentos, literatura de viajes, ensayos, reseñas periodísticas, crítica cultural y del arte. Su visibilidad en los Países Bajos y el mundo aumentó drásticamente en 2005 con la publicación de su cuarta novela, Joe Speedboat, ampliamente galardonada, de la cual se vendieron más de 300.000 ejemplares. Sus obras siguientes continuaron ganando premios nacionales y cultivando críticas positivas. Fueron traducidas a muchas lenguas, incluyendo el coreano, el hebreo, el hindi, el alemán, el francés y el inglés. En el ámbito hispano, la editorial Destino publicó Andanzas de Joe Speedboat contadas por el luchador de un solo brazo, en 2008. Tiene una sólida carrera periodística, escribiendo artículos y columnas para diversos medios holandeses, actividad que aún práctica.

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sábado, 22 de octubre de 2016

"La caza del carnero salvaje", de Haruki Murakami. Una extraña aventura

“La casa del carnero salvaje” (“Hitsuji wo meguru bōken”), de Haruki Murakami.
Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2016, 380 páginas.
Nueva traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez.
En España: 18,90 euros. En Argentina: 349 pesos.

“Las células se renuevan cada mes. Ahora mismo está ocurriendo -me respondía, poniendo ante mis ojos el delicado dorso de su mano-. Casi todo lo que crees saber de mí no pasa de ser pura rememoración de algo pasado”.

Las ficciones del popular Haruki Murakami admiten algunas constantes: la vida de seres solitarios que deambulan por un Japón en el que las multitudes parecen haberse evaporado y sus objetivos de vida resultan pueriles, cuando no inexistentes; cada tanto esos personajes tienen “noticias” de mundos alternativos, a veces evidentes, otras presumibles, con los que toman distinto tipo de contactos; esas mismas historias, cuanto más se enrarecen, corren el peligro de desmoronarse porque el verosímil suele diluirse. Y, por encima de todo eso, es el mundo del “animé” el que informa a esas mismas historias.
También corresponde hablar de la ambigüedad, de un orbe, el que construye y muestra Murakami, en el que nada es seguro y en el que todo muta de manera permanente.
“La caza del carnero salvaje” tiene ya 34 años y ha sido recuperada ahora porque de esta manera Tusquets ha logrado con su incorporación a catálogo publicar la obra total del “eterno” candidato al Nobel de Literatura. Es lo mismo que explica por qué se publicaron hace relativamente poco tiempo las dos primeras novelas del autor japonés, escritas en los ’70 del siglo pasado: “Escucha la canción del viento” y “Pinball 1973”.
En relación a la historia del carnero salvaje tiene su importancia, porque los dos personajes centrales de ambas ficciones, especialmente uno de ellos, reaparecen ahora. Ya en “Pinball 1973”, Murakami había demostrado su afecto por lo “raro” y por la ficción fantástica que en su tercera novela llevaría a planos más extraños, aún.
El personaje principal, un treintañero sin nombre, dueño de una agencia de publicidad (que había comenzado antes como una oficina de traductores), es el mismo protagonista de las dos primeras novelas de Murakami.
Fumador empedernido, vive en Tokio en un estado de infelicidad porque termina de divorciarse, se ha quedado sin amigos y mantiene una relación conflictiva con su socio porque éste ha entrado en una etapa de alcoholización creciente.  Sostiene en tanto una relación sentimental con una mujer que es al mismo tiempo prostituta y modelo, “dueña” de una orejas bellísimas, que guardan además inusitados poderes.
Los sentimientos que más lo afectan y transmite, amén de la soledad, tienen que ver con la pérdida y la sinrazón de la existencia.

La búsqueda del carnero. En ese contexto es cuando recibe el mandato (no hay otra palabra) de ubicar al carnero del título, de características peculiares, cuya imagen aparece en una fotografía que ha publicado en una revista dedicada al mundo del seguro. La fotografía es una de esas accidentales, en las que el carnero, apenas identificable, se encuentra en un determinado sitio geográfico junto a un número grande e impreciso de ovejas.
El mandato en cuestión, es decir el de ubicar al carnero, ha emanado del secretario de un poderoso "amo secreto" de medio Japón que por razones que no corresponde contar acá, necesita dar con el animal, una presencia fantasmal tras la cual se lanzan el protagonista y la mujer de las misteriosas orejas.
Llegan a Júnitaki, una población a punto de extinguirse ubicada en un sitio despoblado y helado del Japón más septentrional. Tanto allí, como en una granja cercana, se desarrollarán los capítulos más insólitos de esta historia de escasa acción e inesperados sucesos, un mundo que termina siendo inexplicable y que es el del carnero salvaje, tan buscado y tan temido porque puede llegar a poseer al espectador que lo contempla. La leyenda sostiene que se apoderó hasta de Gengis Khan y que tal vez sea la encarnación del poder absoluto.
Tales los parámetros elusivos, complejos y muy extraños que motorizan la novela, en la que, en una muy inesperada situación, reaparece el Rata, compañero de aventuras del protagonista central en sus historias anteriores, personaje que había desaparecido de súbito, sin dar explicaciones. También se hace presente “el hombre carnero”, un ser exótico que vive en ese lugar con un disfraz de animal y dispara extravagantes consejos.
Hay varias más en esta galería de personajes infrecuentes, algunos de los cuales conocieron al carnero, todos los cuales al tiempo de contribuir a ubicar, de cierta manera, al animal, ayudan a dilucidar los enigmas que a cada rato se le plantean al protagonista sin nombre que con la perplejidad a cuestas, y percibiendo a cada rato la dilución de la vida y de las cosas, así como la proximidad de la muerte,  avanza a tropezones, del principio al fin, en esta nunca totalmente esclarecida aventura.

Tapa de la edición japonesa
“En la oscuridad silenciosa de la noche, traté de contener el aliento, en tanto que a mi alrededor la ciudad se disolvía en el paisaje. Las casas se derruían una tras otra, la vía del ferrocarril se oxidaba hasta no ser ni sombra de lo que fue y en los campos de labranza brotaban a placer las malezas. Como una película que se proyectara marcha atrás, el tiempo retrocedía”.

En el blog:

jueves, 13 de octubre de 2016

Bob Dylan, Premio Nobel. La canción popular en su máximo nivel

Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman, 1941) es sin duda uno de los mejores letristas de canciones populares de nuestra época. No por casualidad se ha considerado a “Like a Rolling Stone”, una de sus obras señeras, como la mejor canción popular de todos los tiempos. Al premiarlo con el Nobel de Literatura de este año, rompiendo de paso con diversos tabúes, la Academia Sueca destacó que lo hacía "porque Dylan ha creado nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción estadounidense". También recordó que "como artista ha sido altamente versátil y ha trabajado como pintor, actor y autor de guiones". Escribió varios libros, aparte de cientos de canciones.
Los aportes de Dylan a la música popular son mayúsculos y su influencia en compositores y cantantes del mundo entero han sido sin duda notables. El Nobel servirá para difundir aún más su música, sus letras tan influenciadas por el surrealismo, su preciso escalpelo introducido a fondo en el alma de Norteamérica.
“Jugada” y al mismo tiempo, desde mi punto de vista, excelente decisión de la Academia.

La mejor canción.
(Al final, una traducción aproximada, que no me pertenece)

Like a Rolling Stone

Once upon a time you dressed so fine
You threw the bums a dime in your prime, didn't you?
People'd call, say, "Beware doll, you're bound to fall."
You thought they were all kiddin' you
You used to laugh about
Everybody that was hangin' out
Now you don't talk so loud
Now you don't seem so proud
About having to be scrounging for your next meal.

How does it feel?
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

You've gone to the finest school all right, Miss Lonely
But you know you only used to get juiced in it
And nobody's ever taught you how to live out on the street
And now you're gonna have to get used to it
You said you'd never compromise
With the mystery tramp, but now you realize
He's not selling any alibis
As you stare into the vacuum of his eyes
And say do you want to make a deal?

How does it feel?
How does it feel
To be on your own
With no direction home
A complete unknown
Like a rolling stone?

You never turned around to see the frowns on the jugglers and the clowns
When they all come down and did tricks for you
You never understood that it ain't no good
You shouldn't let other people get your kicks for you
You used to ride on the chrome horse with your diplomat
Who carried on his shoulder a Siamese cat
Ain't it hard when you discover that
He really wasn't where it's at
After he took from you everything he could steal.

How does it feel?
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Princess on the steeple and all the pretty people
They're all drinkin', thinkin' that they got it made
Exchanging all precious gifts
But you'd better take your diamond ring, you'd better pawn it babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags and the language that he used
Go to him now, he calls you, you can't refuse
When you ain't got nothing, you got nothing to lose
You're invisible now, you got no secrets to conceal.

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Traducción:

Como una piedra rodante

Hubo una época en la cual te vestías muy bien 
arrojabas una moneda a los vagos, en tu plenitud. 
¿No es verdad? 
La gente te advertía "Ten cuidado, muñeca, puedes caer" 
pero tú pensabas que todos ellos estaban bromeando. 
Acostumbrabas a reírte 
de todos aquellos que andaban por ahí 
ahora ya no hablas tan alto 
ahora no pareces tan orgullosa 
de tener que mendigar tu siguiente comida. 
¿Cómo se siente? 
¿Cómo se siente? 
Estar sin hogar 
como una completa desconocida 
como una piedra que rueda. 

Fuiste a la mejor escuela, muy bien, señorita solitaria, 
pero sabes que ahí sólo fuiste mimada 
nadie jamás te enseñó a vivir en la calle y 
ahora te encuentras con que vas a tener 
que a acostumbrarte. 
Dijiste que jamás te comprometerías 
con el vagabundo misterioso, pero ahora te das cuenta 
que él no vende coartadas 
mientras penetras en el vacío de sus ojos 
y le preguntas: ¿Quieres hacer un trato? 
¿Cómo se siente? 
¿Cómo se siente? 
Ser tú misma 
sin un rumbo determinado 
como una completa desconocida 
como una piedra rodante 

Tú nunca te diste vuelta para ver las muecas 
de los malabaristas y los payasos 
cuando todos ellos venían y hacían trucos para ti. 
Nunca entendiste que no es bueno, 
no debiste dejar que otros sufrieran por tu culpa 
acostumbrabas a cabalgar en el caballo cromado 
con tu diplomático 
quien cargaba sobre sus hombros a un gato siamés. 
¿No es duro cuando descubres 
que él no estaba donde debía estar 
después de que te robó todo lo que pudo? 
¿Cómo se siente? 
¿Cómo se siente? 
Depender solo de ti 
sin un rumbo determinado 
como una completa desconocida 
como una piedra rodante. 

Princesa en el pedestal y toda la gente bonita, 
beben y piensan que ya la hicieron 
intercambian toda clase de preciosos regalos 
y cosas 
pero mejor hubieras cuidado tu anillo de diamantes, 
mejor lo hubieras empeñado, nena. 
Solías burlarte tanto 
de Napoleón en harapos y el lenguaje que utilizaba 
vete con él ahora, te llama, no puedes rehusarte 
cuando nada tienes, nada tienes que perder 
ahora eres invisible, no tienes secretos que ocultar 
¿Cómo se siente? 
¿Cómo se siente? 
Depender sólo de ti 
sin un rumbo determinado 
como una completa desconocida 
como una piedra rodante.