viernes, 20 de enero de 2017

"Historias de proezas y derrotas", de Ángel Balzarino. Las ambigüedades de la historia. Entrevista al autor

Composición: Gerardo Morán

“Historias de proezas y derrotas”, de Ángel Balzarino.
Ediciones al Margen, La Plata, 2016, 101 páginas.
En Argentina: 150 pesos.

En los “arrabales últimos”, como diría Borges, donde se disputaron batallas, escaramuzas, asaltos, asesinatos y –también- actos de verdadera entereza, surgieron personajes que la propia Historia fue destacando a lo largo de los años. Ya se debiese a su heroicidad o su cobardía, su entrega a la gesta y su traición a los suyos. En la Viña del Señor, donde suele haber de todo, hay lugar para los fracasos y los triunfos, para la lealtad o la maldad. Porque es de esa forma cómo los seres humanos han aportado a su propia historia. Y sobre proezas y derrotas nos habla largamente el argentino Ángel Balzarino en su más reciente libro de cuentos.

Acerca de la Historia misma, en contratapa se recuerdan palabras del siempre vigente Marco Denevi: “Si nosotros supiéramos del ser humano a través de lo que recoge la historia, e incluso las ciencias, sabríamos muy poco. La literatura colma el vacío porque se ubica en el plano individual, en el del hombre concreto de carne y hueso”.

Pero el libro tiene un segundo añadido en las palabras medulares de otro inolvidable autor, José Saramago: “Lo malo de las victorias es que no son definitivas. Lo bueno de las derrotas es que tampoco son definitivas”. Sobre ambos andariveles, es decir la historia que “verdaderamente” puede contarse a través y por medio de la literatura y las ambigüedades de los triunfos y las capitulaciones, se desarrollan los relatos de Balzarino.

Las ficciones (en la mayoría de los casos basadas en hechos reales) que nos cuenta el escritor rafaelino ubican a los distintos personajes en situaciones límites, luego de haber participado del fragor de la batalla, de haber gozado de los triunfos teñidos por la sangre y, ya en el momento último de sus existencias, cuando deben esperar las sentencias inapelables de la vida, las derrotas que suelen ser las verdaderas y concluyentes compañeras de sus triunfos.

Excepcionalmente, dos personajes históricos “se cuelan” entre los argentinos rescatados por Balzarino: Cristóbal Colón y Túpac Amaru, ambos viviendo sus horas más oscuras. Pero en la “galería” los hay más próximos a la realidad argentina: como el catamarqueño Felipe Varela, llamado “el quijote” por sus ideales que chocaban contra la hostil realidad, los caciques Calfucurá y Catriel,  Santos Pérez, quien encontrará la muerte por haber asesinado al caudillo Facundo Quiroga, los generales Rivas y Anacleto Medina, personajes secundarios en la historia nacional y, por fin, más acá en el tiempo, algunos episodios tomados de la Guerra de las Malvinas, un suceso bélico que dejó profundas huellas en la Argentina contemporánea, dado lo extemporáneo de su realización, las vilezas de la mayoría de los jefes militares y los notables actos de heroicidad de una guerra que me sigue pareciendo tan cruel y gratuita como inverosímil.

Sobre su libro, las intenciones de sus relatos y la propia historia, dialogamos con Balzarino:

Felipe Varela
-Usted ha incursionado con el cuento en distintas vertientes, incluyendo el humor. ¿Por qué motivo presenta ahora un libro íntegramente dedicado a narrar hechos históricos?

-El pasado mes de octubre me llamó Raúl Ordenavía, director de Ediciones Al Margen, de La Plata, para solicitarme material para editar un libro, el tercero por su parte, ya que anteriormente me había publicado El hombre acechado en 2009 y La sangre para  ellos son medallas, en 2011. Dado que deseaba presentar el nuevo libro antes de que terminara el año -2016-, debí revisar con bastante premura los cuentos que tenía disponibles. Advertí entonces que la mayoría eran textos históricos y, por lo tanto, guardaban la coherencia que siempre me propuse al armar un libro de cuentos. De manera que este  libro tiene similar unidad de recreación histórica que otros tres anteriores: La visita del general  (1981), La casa y el exilio (1994) y Hombres y hazañas (1996).          
  
-¿La Historia como tal, es un pretexto narrativo o se encuentra usted muy interesado en estudiarla y comunicarla? 
 
-Entre la lectura intensa y apasionada de novelas, cuentos, ensayos, biografías, ocuparon un destacado lugar los libros de historia. Creo que durante varios años lo hice simplemente por gusto e interés, hasta el momento en que me atrajo poderosamente un detalle relacionado con la visita que el general Juan Lavalle efectuó al campamento de Juan Manuel de Rosas en la Estancia El Pino con el fin de llegar a un acuerdo de paz. Como Rosas no se encontraba allí, Lavalle pidió una habitación para pasar la noche y esperarlo. Por la mañana, al enterarse de la presencia de Lavalle, Rosas envió a un soldado para que lo despertara con un mate. De inmediato este dato me pareció excelente como desenlace para un cuento. La idea me persiguió mucho tiempo, seis o siete años. Hasta que, de improviso, cuando la revista Bibliograma, de Buenos Aires, a la que estaba suscripto y recibía mensualmente, organizó en 1977 un concurso de cuentos destinado a temas argentinos, comprendí que había llegado el momento de escribirlo. Urgido por el tiempo, ya que en menos de dos meses vencía el plazo para presentar los trabajos, investigué sobre todo lo que había ocurrido antes de que Lavalle fuera despertado con un mate y escribí el cuento “La visita del general”. Fue premiado e integró el libro Cuentos del Concurso Gaspar L. Benavento. Alentado por tan buen resultado, desde entonces la vertiente de carácter histórico me ha nutrido de material para elaborar numerosos relatos.       

¿Puntos de partida?
 
-En los cuentos de su nuevo libro, aparecen personajes fácilmente identificables para el lector argentino, como por ejemplo Felipe Varela, pero hay otros que el tiempo ha desdibujado en la memoria colectiva, como ocurre con el general Anacleto Medina. ¿Considera que con los datos que aporta en estas ficciones el lector tiene elementos suficientes para interpretar los textos o los ofrece como puntos de partida para motivar a que se indague más sobre la misma Historia?

-No tengo el propósito de ofrecer datos fidedignos ni impulsar el interés por conocer más a fondo sobre hechos y personajes que tuvieron cierta relevancia en la Historia. La reacción dependerá de cada lector. Por mi parte, al experimentar un especial atractivo por algún episodio o personaje, trato de efectuar la recreación literaria a través de un cuento que tenga, por sí mismo, la intensidad, el efecto, la más perfecta estructura. Aspiro a crear una obra con entidad propia y, en la medida de lo posible, completamente personal. Al evocar vivencias de hombres y mujeres de otros tiempos, procuro indagar en el interior de cada uno de ellos para descifrar lo que pensaban y sentían ante los temas fundamentales de la vida: el amor, el miedo, la soledad, el odio, la muerte. Reflejar, sobre todo, los problemas derivados del corazón humano en conflicto consigo mismo que, según la óptica del escritor William Faulkner, “son los únicos de donde puede surgir una buena literatura, por ser de ellos de los únicos que vale la pena escribir, con todas las angustias y sudores que el abordarlos supone”.

Túpac Amaru
-¿Para elaborar sus cuentos debió investigar mucho? ¿De todos ellos, cuál fue el que le dio más trabajo y por qué?
 
-Todos los cuentos con una génesis histórica me obligan a una profunda investigación sobre el personaje o el episodio que voy a recrear para determinar el mejor modo de plasmarlo en un cuento. Siempre me ha preocupado lograr el punto de vista adecuado para desarrollar una historia. En este sentido creo que el último relato del libro, “De cuerpo presente”, fue el que me demandó más trabajo y esfuerzo por las diversas voces que intervienen para narrar el momento de la ejecución de Túpac Amaru -la del propio jefe incaico, la del visitador general de los conquistadores, la de un matrimonio que se encuentra entre las personas reunidas en la plaza para ver la ceremonia-, en un texto compacto, sin punto y aparte.     

-Los caudillos en la Argentina o gozan de mucha fama y adhesiones o son motivo de fuertes críticas. Como en uno de los cuentos llama “quijote” a Felipe Varela quería saber qué lo llevó a un calificativo de ese tipo, que resulta tan categórico. 

-Al recopilar datos sobre Felipe Varela me pareció que muchas características de su vida -cierto tinte aventurero en sus acciones, el permanente afán de luchar por sus ideales, el deseo de defender causas que consideraba justas, desinteresado de sus bienes personales en aras de ayudar a su pueblo-, lo asimilaban bastante a la conducta del Caballero de la triste figura. De manera que decidí utilizar ese calificativo para designar a Felipe Varela.

Las contradicciones de la historia

-En los relatos, hay una constante correlación entre triunfos y derrotas. El que ha triunfado a poco andar debe asistir a su caída y a la inversa, tal como si nos dijera que la vida presenta dos caras contradictorias, antagónicas, que están en constante movimiento. ¿Comparte esa interpretación? Y si es así, ¿sería ese el sentido último que guardan sus cuentos?

-Los momentos de triunfos y derrotas aparecen en casi todos los relatos. Esas caras antagónicas resultaban bastante comunes en los personajes evocados en el libro, debido a las constantes bregas en que se jugaban la vida. Pero creo que también se encuentran muy vigentes en cualquiera de nosotros cada vez que nos debatimos entre el anhelo de triunfar y el miedo de sufrir una cruel derrota cuando llevamos a cabo un trabajo, soñamos con concretar un proyecto o estamos pendientes de alguna importante noticia. Pese a quedar plasmados con mucha fuerza tales rasgos, no me propuse que fuera el sentido último de esos relatos. Ya se trate de textos de carácter histórico, surgidos de alguna vivencia personal o por impulso de una noticia periodística, siempre trabajo con el mayor ahínco y dedicación para realizar una obra lo más lograda posible, sin especular sobre las interpretaciones que pueda generar.  

Marco Denevi
-En la contratapa, se cita a Marco Denevi. A propósito de autores, ¿al elaborar estos cuentos históricos, se ha sentido "acompañado" por algún escritor, o algunos escritores, en particular?
 
-Considero muy adecuadas las palabras de Marco Denevi en cuanto a lo que pretendo cada vez que incursiono en la recreación de aconteceres históricos. Pero no podría citar sólo a un  escritor determinado como acompañante de esos momentos. Me parece más justo y correcto mencionar a varios escritores que siento muy cercanos, al elaborar esos relatos o cualquier otro, los cuales ya están consustanciados con mi vida y que, a través de las permanentes relecturas, siempre me enriquecen y revelan algo nuevo: Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, William Faulkner, Julio Cortázar.   

En el blog:

     

viernes, 6 de enero de 2017

La muerte de Ricardo Piglia

Ya la literatura argentina, y no sólo la de la ciudad de Buenos Aires, se había visto muy afectada con las muertes casi sucesivas de Alberto Laiseca y Andrés Rivera. A ello, como sobre llovido mojado, cabe lamentar el deceso de Ricardo Piglia, una de las voces señeras de la escritura en nuestro idioma, registrada en la tarde de hoy, a los 75 años.
Piglia estaba afectado por el ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), que iba minando su capacidad motriz, sin que por eso hubiera dejado de trabajar. Por el contrario, en el último tiempo incrementó su producción, por lo que mientras publicaba con gran éxito y en tres amplios tomos sus “Cuadernos de Emilio Renzi” (el último de los cuales aparecerá este año), se encontraba recopilando ensayos y preparando un nuevo libro de cuentos.
Con “Nombre falso·” generó un nuevo estilo de escribir relatos, mientras que “Respiración artificial”, dio a conocer lo  que se calificó como la gran novela del tiempo de la represión militar. En “La ciudad ausente” procuró ampliar la heterodoxia de Macedonio Fernández, y en otros libros de ficción así como en ensayos nos hizo propuestas literarias “jugadas”, siempre renovadoras. Por ejemplo, en “Plata quemada”, modelo de policial, uno de los géneros que más lo atraía.
Su obra, que lo volvió famoso en la Argentina en plena juventud, ya en su madurez resultó muy bien recibida en España, donde obtuvo el Premio Formentor.
Lector impecable e implacable, uno de sus últimos grandes aportes fueron las lecciones sobre Borges que dio en la televisión argentina y que es de esperar sean llevadas al libro. Vamos a extrañar al escritor, al polemista intransigente, a un autor que en la coincidencia o en la discrepancia tuvo la virtud de eludir la indiferencia.

"El bosque infinito", de Annie Proulx. La naturaleza invadida

“El bosque infinito” (“Barkskins”), de Annie Proulx
Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2016, 840 páginas.
Traducción de Carlos Milla Soler.
En España: 23.90 euros. En Argentina: 489 pesos.

Al término de la copiosa lectura de la extensa “El bosque infinito”, se podría afirmar que la vida vale muy poco, pero que el ser humano ha logrado persistir no por milagro, sino por su increíble tozudez. Luchando todo el tiempo contra la adversidad, esforzándose por persistir y legando en sus descendientes defectos y sabiduría, experiencia y errores, es decir las luces y las sombras que son propias de la vida.
En la novela, Proulx recorre trescientos años de historia que centralmente transcurren en lo que hoy es Canadá y el norte de los Estados Unidos, aunque también hay lugar para las aventuras del mar, o para historias que transcurren en China, Europa, Australia y Nueva Zelanda, entre otros territorios. Son más de tres siglos que viven los descendientes de René Sel y Charles Duquet, dos dejados de la mano de Dios que arriban al bosque infinito donde ha comenzado su existencia lo que en principio se denominaría Nueva Francia y más tarde Canadá. Duquet huye de los dominios de Monsieur Trepagny y emprenderá una carrera de ávido y visionario empresario, que heredarán sus ricos y ambiciosos descendientes, quienes durante generaciones se dedicarán a vivir de la madera, explotar a las tribus originarias y depredar los bosques.
De Sel se tendrán pocas noticias y, aunque mestizos, sus herederos serán considerados indígenas de la tribu mi’kmaq, quienes deberán librar una constante lucha contra los blancos (primero contra los franceses, luego contra los ingleses, más tarde contra los descendientes de ambas poblaciones, ya afincados en territorio americano) quienes los utilizarán en forma constante, robarán y los terminarán exterminando. Como exterminan durante centurias los bosques milenarios sobre cuya historia se detiene en interminables detalles la narradora. 
Cuando Sel y Duquet arriban a ese nuevo mundo se encuentran con el bosque inabarcable, casi indescriptible, para nada semejante a los que conocieron en Europa: “Crecían allí árboles descomunales, de un tamaño no visto en la madre patria desde hacía siglos, coníferas más altas que catedrales, píceas y tsugas que traspasaban las nubes. Colosales árboles caducifolios se alzaban muy espaciados entre sí, pero en las copas las ramas colmadas de hojas se fundían en un falso cielo, oscuro y brutal”.
Brutal es la palabra apropiada para definir esta historia, en la que mientras unos (los blancos) buscan, y logran, el enriquecimiento a toda costa, a través fundamentalmente de la depredación, otros (los indígenas, los mestizos) tienen que retroceder sin solución de continuidad, adaptándose a los constantes cambios que operan en su contra de manera permanente.
A Proulx le preocupa la forma en la que el ser humano agrede a la naturaleza.
En diálogo con Pablo Ximénez de Sandoval, de “El País”, de Madrid, señala que su novela “es una historia sobre capitalismo; en vez de la palabra conquistar (el Nuevo Mundo) se podría utilizar destruir, arrancar”. Ella trata de entender a los habitantes europeos que llegaron por primera vez a América, llevados por su ambición de volverse ricos. “No les interesaba luchar contra la naturaleza”, sino extraer de ella cuanto pudiesen y en el menor tiempo posible, para volverse ricos, para ser poderosos.

La edición en inglés
Altos precios. Durante centurias la tarea consiste en abatir árboles, acumular sus troncos, hacerlos derivar por ríos caudalosos y luego subirlos a los buques para llevarlos a Europa, donde la madera acopiada tendrá múltiple destino. Más tarde llegarán los aserraderos, y en todos los casos la tarea será siempre peligrosa, por lo que enfermar, lastimarse o morir se tornará una constante moneda de cambio. La vida, como señalé al comienzo, vale muy poco en ese ambiente en el que no quedaba registro de casi nada, salvo la riqueza acumulada, muchas veces, la gran mayoría, al margen de cualquier ley.
Aunque intenta la equivalencia y no juzgar, es bastante evidente que Proulx se muestra más condescendiente y comprensiva con los descendientes de Sel que con los de Duquet, (que se llamarán a sí mismos Duke con el paso de algunas generaciones), pese a que le haya expresado a Laura Revuelta, de “ABC”, de Madrid: “Yo no doy la victoria a ninguna de las dos caras de estas características (‘creo en la extraordinaria ambivalencia de los seres humanos que son portadores de impulsos destructivos y creativos en un mismo cuerpo’) enfrentadas que forman parte integrante de nuestra especie”.
En extendidos capítulos alternativos, Proulx va contando las historias de los Sel y los Duke, mostrando a los primeros tratando de resistir la embestida permanente de los blancos, que va alejándolos de sus primigenias costumbres, en tanto los Duke buscan, como se dijo, el poder que da el dinero. O, lo mismo, el dinero que da el poder.
Estos depredarán, como también lo harán los miles de colonos que arribarán sin solución de continuidad al, para ellos, nuevo continente, arrasando con bosques milenarios para sus requerimientos agrícolas. En vez de preservar, los Duke buscarán nuevos bosques virginales y cuando no los encuentran en los nuevos Estados Unidos, en la flamante Canadá, buscarán seguir haciendo sus diferencias en lugares tan distantes como Nueva Zelanda o Brasil.
Aunque la novela cubre el extenso tiempo que va desde 1693 a 2013, habrá que esperar hasta que a mediados del siglo XIX arribe a América Dieter Breitsprecher, quien de manera tímida al principio, más decidida luego, introducirá las primeras nociones de preservación de los bosques con sus conocimientos de silvicultura.
El libro cerrará con la figura de Sapatisia Sel, especializada en cuestiones relacionadas con la preservación del medio ambiente. Ella reunirá a un número reducido de tenaces y poco comprendidos emprendedores que aceptan desarrollar una lucha desigual para recuperar los bosques perdidos, cuando ya ha comenzado el siglo actual y el calentamiento global se hace sentir con toda su intensidad, más allá de Donald Trump y similares.
Lo que Proulx se guarda en la manga es por qué Sapatisia recibe un cierto apoyo económico de la fundación que lleva el apellido de Breitsprecher (heredero, en parte, del imperio de los Duke) y si una enorme mesa que está en su poder es o no es un mueble anhelado durante generaciones por los descendientes de Charles Duquet y nunca conseguida. Con esas preguntas se cierra un libro didáctico, histórico, preñado de información y aventuras, con el que Proulx expresa su mundo y vuelve a sorprender.

Bosque de alerces
“En los años transcurridos desde que los Sel se fueron a trabajar al Gatineau, Maine se había independizado de Massachusetts, aunque eran muchos los que preveían una guerra declarada con el estado de la bahía; lo había augurado un meteoro que traspasó el cielo con sus chispas rojas como la sangre. Pero nada ocurrió, y Maine se pobló de hombres, no sólo toscos leñadores que se corrían jaranas de tres días, sino también contratistas y agentes inmobiliarios, y bostonianos deseosos de comprar parcelas de los menguados pinares, que hablaban también de píceas y alerces tamarack, cortezas de tsuga y madera de frondosas. Los pinares restantes eran escasos y remotos, pero existía un mercado creciente para otras maderas. La tendencia era desbocar y embolsarse el beneficio. En todas partes, el gran manto forestal había quedado dividido en pequeñas porciones, cientos de miles de hectáreas reducidas a tocones y residuos de madera. Las talas arrasaron riberas antes umbrías y dejaron los cauces de agua expuestos a la dura luz del sol. Las charcas cenagosas y los bancos de grava ahuyentaban a las truchas. En las poblaciones reinaba el bullicio de las cantinas, las casas de comida, los hoteles y los palacios del placer, y el retumbo de los troncos en primavera y verano. Los aserraderos trabajaban día y noche; las sierras debían repararse sin cesar; el peligro de incendio era omnipresente. Innumerables carromatos transportaban la madera trozada a los muelles. Bangor se jactaba de ser el mayor centro mundial del embarque maderero”.

Datos para una biografía:

Edna Annie Proulx (Norwich, Connecticut, 1935) estudió historia y se dedicó al periodismo durante casi dos décadas. Su irrupción en el mundo literario, ya en la cincuentena, fue tan tardía como deslumbrante. Su célebre novela Atando cabos, llevada al cine en 2001 por Lasse Hallström, mereció el Premio Pulitzer y el National Book Award, y cosechó un rotundo éxito entre la crítica y los lectores. Le siguieron un volumen de cuentos, Canciones del corazón y dos novelas: Los crímenes del acordeón y Un as en la manga. El relato Brokeback Mountain, convertido en película ganadora de tres Oscar, dirigida por Ang Lee, volvió a llevarla a la actualidad. Su trayectoria literaria ha merecido, además de los premios citados, el PEN/Faulkner Award, el John Dos Passos Prize, el The New Yorker Book Award y, en dos ocasiones, el O. Henry Prize de relatos. Considerada una voz ya clásica de la narrativa en lengua inglesa, se afirma que Proulx se halla entre «los más grandes escritores norteamericanos» (The Independent) y su prosa, además de «poseer un gran oído para el diálogo y un ritmo contagioso» (The Times), combina «brillantez con ternura» (Daily Telegraph) y «recrea como pocas la belleza de lo cotidiano» (Independent on Sunday). Con “El bosque infinito”, publicada el año pasado, Proulx volvió a la ficción luego de catorce años. Otros libros de la autora son Brokeback Mountain. En terreno vedado, Postales y Wyoming.

sábado, 31 de diciembre de 2016

FELIZ AÑO NUEVO

Deseo a los lectores del blog muchas felicidades en el nuevo año que, ojalá, no resulte tan aciago como distintas voces pronostican. Es el momento de agradecer visitas, lecturas, voces de aliento. El contador de Blogger, al que no tienen acceso los lectores del blog, me informa que se ha producido un inesperado salto cualitativo, en cuanto al número de páginas visitadas, durante diciembre, por lo que al número de 10 mil visitas registradas a comienzos de mes hay que añadirles otras cinco mil verificadas hasta el día de hoy. Una sorpresa sobre la que no puedo ofrecer explicaciones, porque Blogger no habilita vías de comunicación, lamentablemente.
En cuanto a lo leído y comentado en el blog durante el año que hoy concluye destaco dos libros, que fueron para mí otras tantas gratas sorpresas: ”Manual para mujeres de la limpieza”, de Lucía Berlín y ”Stoner”, de John Williams,  grandes libros, justicieros rescates de dos autores inmensos, que bien merecen todos los elogios.
El inolvidable Kurt
Mientras volvemos a lamentar la muerte del excepcional autor Andrés Rivera, fallecido este mes, y seguimos discutiendo si correspondía o no otorgar el Nobel de Literatura a un baladista como Bob Dylan, aguardamos las novedades que nos deparará el nuevo año que,
Auster, expectativas
en cuanto a libros, el que mayores conjeturas y expectativas nos despierta es ”4, 3, 2, 1”, la novela de Paul Auster que conoceremos en nuestro idioma en septiembre venidero. Ya veremos qué ocurre con el regreso de este significativo autor al género del que estuvo alejado siete años y al que contribuyó con tantos títulos meritorios.
En 2017 me propongo continuar con el blog. Espero y deseo reencontrarnos en él. Feliz año. 

jueves, 29 de diciembre de 2016

"Cuentos selectos", de Graham Greene. El regreso del maestro

“Cuentos selectos”, de Graham Greene.
Edhasa, Buenos Aires, 2016, 275 páginas.
Selección y prólogo de Guillermo Piro
En Argentina: 275 pesos.

Graham Greene, quién no lo sabe, fue un gran novelista. Pero también, pese a que él mismo no les prestaba demasiada importancia, escribió excelentes cuentos, aunque éstos “retrocedan” respecto de títulos tales como “El poder y la gloria”, “El americano impasible”, “El revés de la trama” o “El cónsul honorario”.
Ya hubo una edición de sus cuentos completos, pero ahora Guillermo Piro vuelve a ellos con una selección que he preparado y prologado, para que tengamos la oportunidad de encontrarnos con sus textos irónicos, su visión de la vida, a veces desencantada, a veces esperanzada, y sus sesgados diálogos con un Dios que muchas veces lo ha mostrado de una manera peculiar, como si él hubiera encontrado un camino muy personal para exponerlo. Y exponerse.
Admite el compilador que fue guiado por la arbitrariedad al seleccionar algunos relatos notables y otros no tanto. Esa elección personal lo llevó también a dejar de lado textos fundamentales (por ejemplo, “El ídolo caído”) actuando con la convicción de que un cuento de por sí contiene a todo Greene, con sus obsesiones, sus preferencias y su particular mirada sobre la vida y las cosas.
Se destacan las ficciones en la que los niños tienen preeminencia, tal como ocurre en “Los destructores”, “La sugerencia de una explicación”, “El inocente”, “Apreciado doctor Falkenheim” y, especialmente, “Debajo del jardín”.

Una historia enrevesada. Este cuento fue publicado por primera vez en inglés en 1963, en una selección que luego, en ediciones posteriores, se fue ampliando. “Debajo del jardín” (que es el más extenso de la serie) empieza relatando una historia que nos remite a la enfermedad y a las reflexiones existenciales para, a poco andar, dar una vuelta de tuerca de tal naturaleza que nos sumerge en un ámbito muy diferente, que tiene que ver tanto con la fantasía más absoluta como con las reflexiones religiosas. Y quien nos lleva a ello es el personaje principal del relato, William Wilditch, el que recibe la información de que padece un cáncer difícil de extirpar, lo cual lo lleva a viajar a la propiedad donde vivió su infancia y que en la actualidad es propiedad de su hermano George.
Las diferencias entre hermanos surgen de inmediato, aunque la historia seguirá derivando a otras instancias muy distintas. El disparador es una composición escolar que rescata en la casona familiar que fuera aprobada en el colegio al cual asistía William y que fuera cuestionada por su madre. Pero esa composición, que buscaba recoger una experiencia capital vivida por el protagonista, no reflejaba lo que vivió –o soñó- cuando visitó una suerte de pequeña isla ubicada dentro de la finca.
Para reconstruir lo que le ocurrió, escribe su nueva propia versión de los hechos y entonces el extenso relato pasa a otra instancia, en la que prevalecen la aventura y la absoluta fantasía. La pequeña isla se transforma en un espacio infinito y por lo tanto es factible que el pequeño William encuentre un gran túnel subterráneo en el que “reinan” dos viejos terribles, que lo retienen durante un tiempo que no se puede medir en términos terrenales.
Y así la historia que comenzó hablando de enfermedad y muerte, se proyecta hacia la aventura, la imaginación infantil y las mismas noticias del Infierno (porque no es otro el lugar donde viven los terribles viejos). ·William no logra determinar si lo que recordaba fue vivido o soñado y no se decide por una u otra cosa. Porque es Greene el que no lo decide y deja la historia abierta a la libre interpretación del lector.

Los restantes relatos. En las dieciséis historias seleccionadas prevalece el humor, que cobra distintos tonos, algunos considerablemente oscuros, como ocurre con “Los destructores”, en el que un grupo de niños, hijos de la Segunda Guerra Mundial y de los bombardeos de Londres, se convierten en “termitas” de una determinada vivienda. Hay un humor más urbano y jocoso en el clásico “El hombre que robó la Torre Eiffel” (delante de todo el mundo y sin que ese mundo lo advierta) y una historia más trágica que cómica en “Apreciado doctor Falkenheim” con un presunto Papa Noel incluido.
Dos textos distintos se presentan en esta selección: “La película verde”, muestra a una pareja en su madurez visitando lugares prohibidos en un innominado país asiático. Ante la insistencia de la mujer asisten a la proyección de una película pornográfica, tan vieja como inesperada, que sumerge al hombre en su propio pasado y proyecta a ambos a un presente y, especialmente, a un futuro incierto debido a que los sentimientos y los deseos ocultos cobran inesperado papel protagónico.
El segundo, de final quizás previsible pero también terrible, es “Una oportunidad”, que sumerge a un inglés, Míster Lever, en pleno corazón de África, tratando de encontrar a un contratista que compre unas máquinas que necesita vender para recuperarse económicamente. En este cuento, Greene se luce y seduce, mostrando el choque cultural que se da entre los prejuicios del protagonista, que todo lo desconoce de África, y la vida primitiva –y también contaminada por la codicia que han despertado entre los nativos las pésimas costumbres occidentales. Hay mucha ironía en este relato en el que calor e ignorancia supina cobran papel protagónico, en un mundo abandonado, hambreado y ganado por las enfermedades y la soledad. Un gran texto.
Como también lo es “Al otro lado del puente”, la historia de un expatriado que desde México mira con nostalgia ese “otro lado” que son los Estados Unidos, cuyas tierras están tan próximas pero a las que no puede regresar.
“¿Puede prestarnos a su marido?”, que conserva la buena traducción del argentino Enrique Pezzoni, es una clásica comedia de Greene que lo muestra con su humor mordaz, hablando de sexo y homosexualidad en un tiempo (década de 1960) en que esos temas se mostraban de manera elusiva, aunque ya había “explotado” el fenómeno “Lolita” y Françoise Sagan era éxito de librerías, Es otro de los textos que Piro ha hecho muy bien en rescatar.
En síntesis, y como ocurre habitualmente en Greene, leer o releer sus historias es un excelente motivo para encontrarse con la buena literatura, con el placer de la ficción bien escrita. Recomendable compañía para estos días de verano.

Edición inglesa de los cuentos de Greene
“Sintió una gran alegría cuando el muchacho que marchaba en cabeza señaló una excavación rectangular practicada al borde mismo del camino. Míster Lever comprendió. Davidson había pasado por allí. Era como una breve fosa, pero de profundidad superior a la corriente. En su fondo podía verse un agua negruzca, y las estacas colocadas para impedir el desplome de los lados empezaban ya a pudrirse. El agujero debió ser abierto cuando terminó la estación de las lluvias. Aquello no parecía más que un detalle significante, poco en consonancia con los planes y proyectos que habían llevado hasta allá a míster Lever y su trituradora mecánica. Estaba acostumbrado a las grandes empresas industriales, la vista de pozos, el humo de las chimeneas, las hileras de casitas para obreros, el sillón de cuero de la oficina, el buen cigarro habano, los apretones de manos… y de nuevo volvió a considerar que había caído muy bajo. Era como si hubiese de realizar grandes negocios junto al agujero excavado por un niño, en un jardín abandonado y lleno de hierbajos·.

Datos para una biografía:
Graham Greene nació en 1894 en una población cercana a Londres y falleció en Vevey, Suiza, en 1991. Es reconocido como una de las principales figuras de la narrativa británica contemporánea. Escribió una treintena de novelas, entre las que se destacan “El Poder y la Gloria”, “El ministerio del miedo”, “El revés de la trama”, “El americano impasible”, “Nuestro hombre en La Habana”, “Viajes con mi tía” y “El cónsul honorario”. Escribió varias obras de teatro y guiones de cine, entre ellos el de “El tercer hombre”, famosa película dirigida por Carol Reed e interpretada por Orson Welles. Tomando como base ese guion, escribió luego la novela del mismo nombre. El cine, precisamente, le ha sido muy fiel, tanto que se han filmado, para la pantalla grande como para la televisión, más de 70 películas basadas en su obra, la última “Brighton Rock”, dirigida por Rowan Joffe (2010). Greene fue un heterodoxo católico en tierra protestante, aunque optó por residir en Francia los últimos años de su vida. Sin embargo, por haber denunciado hechos de corrupción en Niza terminó trasladándose a Suiza, donde murió. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para los servicios secretos británicos y aunque fue varias veces postulado al Nobel de Literatura nunca lo obtuvo, presuntamente por sus posiciones políticas de izquierda.

En internet:

domingo, 25 de diciembre de 2016

Triste Nochebuena para las letras argentinas

No ha sido una Nochebuena feliz para la literatura argentina con la muerte de Andrés Rivera, una de las voces más singulares que han dado las letras contemporáneas en estas tierras. Murió en Córdoba, a los 88 años. Hacía tiempo que había dejado de publicar, y aunque sus últimos libros resultaron un tanto reiterativos, sus mejores aportes siguen siendo insustituibles, especialmente “La revolución es un sueño eterno”, texto en el que supo conjugar la calidad de una escritura personal, sus obsesiones en torno a la historia, la justicia, la equidad y los sueños revolucionarios, tantas veces evanescentes. Comunista en sus años de juventud, escribió en términos de realismo socialista en sus primeras épocas, para después dar un salto cualitativo (después de “pasar por Borges”, como él mismo lo dijo) que al tiempo de alejarlo de ese partido lo situó en un “otro lado” en el que sin abjurar de su ideario de izquierda, se permitió adentrarse en mundo de la Historia, revisarla, volverla propia, traerla hasta nuestros días. Insustituible. 
Mención asimismo para Alberto Laiseca, el escritor de la heterodoxia, muerto este diciembre a los 75 años, quien dejó tras de sí una obra inefable y a veces incalificable. Escribió una extensísima novela, “Los Sorias”, que a juicio de Ricardo Piglia fue lo mejor que se conoció en la Argentina, en el género, después de los textos de Roberto Arlt.
Sí, no ha sido una buena manera de llegar a la Nochebuena. 
Pese a ello, les envío mis más cálidos saludos en este día de Navidad.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Un gran rescate: "Cronomoto", de Kurt Vonnegut. La búsqueda de la felicidad

“Cronomoto” (“Timequake”), de Kurt Vonnegut.
Malpaso, Barcelona, 2015, 225 páginas.
Traducción de Carlos Gardini.
En España: 19 euros. En Argentina: 380 pesos.

Con la tardanza de un año respecto de su aparición en España, se ha distribuido finalmente en la Argentina “Cronomoto”, el último libro que quedaba sin traducir del norteamericano Kurt Vonnegut (1922-2007). A favor de esta edición se da el hecho de que la versión le fue confiada a Carlos Gardini, especialista en este escritor extemporáneo, quien logró diseccionar a los Estados Unidos a través de sus textos, cómicos, hasta caricaturescos, pero también vitriólicos.
“Cronomoto”, palabra que debe interpretarse como “terremoto del tiempo” (traducción que respeta el sentido del título original) suele ser situado entre las “novelas” del autor, porque así siempre la consideró el propio Vonnegut, aunque en realidad se trata de una serie de disquisiciones, ficciones entrecortadas, confesos fragmentos autobiográficos y “noticias” de Kilgore Trout, uno de los personajes centrales del narrador, supuesto autor de ciencia ficción a quien ha utilizado reiteradas veces como su alter ego.
Resulta por lo tanto difícil encontrar un hilo conductor a esta madeja de textos dispares (muchos resueltos con franco humor) que nunca termina de despejarse, quizás porque su autor se encontró ante laberintos temáticos que no logró desbrozar en su totalidad.
No obstante, Vonnegut plantea un relato central que refiere al “terremoto del tiempo” antes aludido, que refiere a una suerte de condena a lo Sísifo que vive de súbito la humanidad entera, porque debido a una “broma” del Universo mujeres y hombres (y animales, y vegetales, y…) registran un salto hacia atrás de una década y, una vez suprimido el libre albedrío, todos se verán obligados a revivir sus experiencias de esos diez años que deben recuperar, día a día, momento a momento, sin escapatorias ni escamoteos, teniendo que repetir lo que se ha hecho, sin poder eludir faltas o errores. A través de ese juego, Vonnegut nos dice que desconfía del propio libre albedrío, que es decir de la libertad humana.
La presente “antinovela” acusa notorios desniveles porque muestra a un Vonnegut como rodeado por sus fantasmas temáticos que al parecer le impidieron ir más allá de esa propuesta narrativa, puesto que en vez de enriquecer y/o complejizar su ficción, se inclina por derivar hacia otros planos y hablarnos de cuestiones personales, que llegan a incluir la enfermedad terminal de su hermano o anécdotas sobre sus antepasados.
Los biógrafos ubican la redacción del libro en una época -1997- en la que el autor estaba pasando por un proceso de divorcio de su segundo matrimonio que quedó sin efecto, aunque al respecto Rodrigo Fresán sostiene que la relación que mantuvo con la fotógrafa Jill Krementz, con quien se casó en 1979 y siguió con ella hasta su muerte, fue un constante “matrimonio en llamas”.

El pesimista. “Cronomoto” registra un trasfondo pesimista innegable. Su fragmentación interna, las reflexiones sobre la vida cotidiana (que incluyen hasta propuestas de reformas a la misma Constitución estadounidense) muestra a un creador que parece haber arribado a los límites de su fertilidad narrativa, tal como si exhibiera cómo los pozos de creatividad se habían secado. Lo que le quedaba entonces fue volver a sus reflexiones, retornar a Kilgore y a una serie de pequeños relatos, a acontecimientos inventados los unos, reales los otros, que se yuxtaponen y complementan, pero que en suma nos hacen sentir que Vonnegut comenzó entonces, avant-la-lettre, a despedirse de los lectores y de la propia vida.
En parte tuvo razón, porque aunque vivió diez años más después de publicado este trabajo, lo único que de él se conoció posteriormente fue “Un hombre sin patria”, libro integrado por una serie de artículos, de 2005. En forma póstuma aparecerían cuentos de su primera época y textos sueltos que no habían sido recopilados en libro.


El encuentro con Kilgore. En un futuro venidero (venidero en relación a la publicación del libro; ese futuro es situado en 2001) el narrador encuentra a Kilgore Trout en la suite Ernest Hemingway de Xanadú, un lujoso lugar de retiro para escritores, donde supuestamente el gran creador de cuentos de ciencia ficción que pocos conocen presuntamente morirá.
Allí se concentran los mejores amigos de Vonnegut, sus más allegados y allí el narrador al fin le podrá hacer preguntas fundamentales a Kilgore, a las que éste contestará con vaguedades, aunque todas apuntarán al hecho de que la humanidad está enterrándose, agotándose, debido a la frivolidad intrínseca que entraña la televisión. Y a todo lo que llegó de arrastre con y a través de ella.
“Cronomoto” está resuelto en breves capítulos, que alguien quiso ver con remedos de guiones de cómics. El hilo conductor de la historia central aparece y se pierde y vuelve a reaparecer más tarde. En el medio Vonnegut introduce presuntos cuentos cortos de Kilgore, quien gran parte de su vida vivió como un vagabundo, así como la extraña relación que se establece entre éste y un guardia de seguridad negro, Dudley Prince, de la bastante esotérica Academia de Artes y Letras, quien interpreta que los cuentos de Trout (que recoge de la basura) son como mensajes divinos. O algo similar.
Collage, boutades, reflexiones cómicas, historias inconclusas, chistes a granel, pero también una suerte de constante desazón, terminan siendo el todo de “Cronomoto”, libro en el que Vonnegut vuelve a apelar a la conciencia humana, al Sermón de la Montaña, al “amaos los unos con los otros” y, pese a su pesimismo, casi contradictoriamente, a celebrar la felicidad allí donde se encuentre y por pequeña que fue: “Si esto no es agradable, ¿qué lo es?”, repetía un pariente de Vonnegut.
“El espectáculo debe continuar”, nos dice. Y en tanto nuestra misión es seguir buscando los espacios de felicidad donde los hubiera:

“En mis conferencias –escribe Vonnegut- suelo decir que una plausible misión del artista es lograr que la gente se sienta contenta de estar viva. Entonces me preguntan si sé de algún artista que lo haya conseguido:
-Los Beatles- respondo”.

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