martes, 23 de diciembre de 2014

"Al límite", de Thomas Pynchon. Nueva York al borde de un ataque de nervios, según el maestro

-------------------------------------------------------------------
MÁS DE MIL VISITAS AL BLOG
Amigas, amigos: quiero comunicarles que en el día de hoy (26 de diciembre) se registró un total de 1.016 visitas al blog, desde que fue incorporado a Blogger en agosto pasado. (En su anterior ubicación, en La Comunidad de El País, registró más de 40 mil visitas). Los datos estadísticos indican que el blog ha recibido visitas de Argentina, de México, de España y de -otros lugares del mundo, algo que por cierto estimula (a veces me sorprende) y en todos los casos me alienta a seguir.
Gracias por la compañía. felices fiestas y feliz año nuevo.
El detalle estadísitco que proporciona Blogger:
EntradaPáginas vistas
Argentina
621
México
155
Estados Unidos
102
España
47
India
18
Polonia
15
Francia
10
Israel
10
Alemania
7
Dinamarca
4

-----LA NOTA SOBRE PYNCHON----

“Al límite” (“Bleeding Edge”), de Thomas Pynchon. Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 491 páginas.Traducción de Vicente Campos. En España: 22 euros. En Argentina: 219 pesos.
….
“Bleeding-edge” (título original de la novela) es una tecnología sin ninguna utilidad demostrada aún, un material de alto riesgo, es decir una tecnología de especulación para quienes se arriesgan a las novedades que resultan poco fiables. También puede querer referirse a los bordes de una herida abierta, sangrante.

El autor de los mundos paranoicos y conspirativos ha regresado con su octava novela, “Al límite”, esta vez para hablarnos, a su modo, del atentado contra las Torres Gemelas. Pynchon tiene ahora 77 años y sigue siendo el mismo escritor casi inescrutable y desconocido que ya diera que hablar cuando en 1963 (a los 26 años) sorprendió con su magnífica “V”.

Varias veces se ha dicho, y con razón, que a Pynchon se lo acepta “in toto” o se lo deja, porque sus propuestas narrativas son muy cifradas, personales y, también, un tanto arbitrarias. Es al mismo tiempo, un enorme escritor, uno de esos que aparece sólo cada tanto. Para Harold Bloom, el crítico menos concesivo del mundo, estamos ante una de las cuatro voces estadounidenses actuales que por fuerza propia se coloca en primera fila. Las otras son las de Cormac McCarthy, Don DeLillo y Philip Roth.

Ha escrito obras maestras, como lo fueron “V” o “El arco iris de gravedad”, o libros inolvidables como “Mason & Dixon” o “Contraluz”, un relato extraordinario, texto que a mi juicio fue su última gran contribución a la narrativa contemporánea. “Vicio propio” (del 2009, llevada ahora al cine por Paul Thomas Anderson), no llegó a esas cotas. “Al límite”, a su vez, se muestra abierta a toda clase de análisis, calificación y discusión.

Como indiqué, en “Al límite” Pynchon aborda la complejidad del atentado a las Torres, aunque la historia comienza un poco antes, cuando han estallado los entonces llamados punto.com (o dot.com), esa promesa de hacer negocios en la incipiente Internet de la época, que resultó una gran creación de paraísos artificiales, generadores de grandes y efímeras fortunas así como de múltiples desilusiones (y estrepitosos fracasos económicos).

La protagonista casi excluyente de la novela es la investigadora de fraudes fiscales Maxine Tarnow, atribulada madre judía de dos hijos que suele ubicarse un tanto al margen de la ley para sus trabajos, más propios de un detective privado que de alguien que debería actuar en un ámbito excluyentemente administrativo. No por nada nunca olvida de portar una Beretta en su cartera.

El mundo entrópico

La paranoia, el caos, el mundo entrópico, una sociedad manejada por seres oscuros e innominados, el misterio que subyace detrás o por debajo de lo aparente, son temas recurrentes en Pynchon, que se reiteran en “Al límite”. Se dice que la entropía es el grado de desorden y de caos que existe en la naturaleza. Es el segundo principio de la termodinámica que puede definirse esquemáticamente como “el progreso para la destrucción” o “desorden inherente a un sistema”.  Este principio establece que a cada instante el Universo se hace más desordenado. Hay un deterioro general pero inexorable hacia el caos.

Por eso, el “piso” nunca es firme ni hay seguridad alguna en las historias, si así pueden ser llamadas, que cuenta Pynchon. “Al límite” tiene que ver con todas estas cuestiones y con los seres que la pueblan, y que son muy variados. Seres extraños, muchas veces violentos, de comportamiento ambiguo, que aparentan vivir en movimiento constante, aparecen y desaparecen en forma arbitraria, están como subidos a una calesita o tiovivo que gira a gran velocidad y que nunca se detiene.

En la cubierta de la edición española, se presenta una fotografía de los rascacielos de Nueva York en cuyas torres se producen explosiones de las que surgen rayos que caen sobre otros edificios, y que también, como arcos voltaicos que cargaran de electricidad infinita el ambiente, llegan al cielo. Como si todo estuviera próximo a explotar. Es lo que el autor nos ha querido contar en su más reciente novela/antinovela.

Es novela, en cuanto a que ocurren distintos episodios que presentan un cierto orden, una determinada concatenación. Pero también es una antinovela por su dispersión, porque no presenta un núcleo temático, porque se disgrega en forma constante y con ella no se arriba a un punto central o cenital sino que, como diría Bob Dylan, parece quedar todo flotando en el viento.

Un viento que arrasa. Pynchon le imprime al libro un tono coloquial, próximo a la comicidad, en la que los personajes y situaciones aparecen y desaparecen casi sin solución de continuidad. Ha poblado a sus 500 cargadas páginas de historias que se entrecruzan, y de múltiples personajes que han sido ya ganados por la por entonces incipiente Red. Red que no es lo que aparenta, puesto que al parecer hay una “Web profunda”, que lo mejor que se puede hacer con ella es evitarla…

El enemigo

El “enemigo” por excelencia es el escurridizo Gabriel Ice, un tipo inescrutable que parece dispuesto a volverse el Gran Villano como un personaje siniestro que hubiera sido extraído de las novelas de James Bond. Su objetivo sería el de obtener el dominio definitivo de la Web. Maxine intenta desentrañar distintos misterios que se van presentando, incluidos los que plantea Ice, y que son como atisbos de los enigmas que se esconden detrás de las fachadas, de las acciones de los distintos personajes, y hasta de lo que esconde la Web, a veces “tapada” por los que aparentan ser nomás que simples juegos de computadora u ordenador.

No es de extrañar que haya también un “detrás” impreciso, imprevisible, pero siniestro, en las novelas de Pynchon. Insinuado, nunca totalmente dicho. Es la “Web profunda”, pero también otros recovecos en los que se atreve a incursionar Maxine y que parecen esconder centros neurálgicos de un poder innominado e impreciso. Y que también remiten al horror, a la muerte.

Hackers, nerds, mafiosos rusos, mujeres rebeldes o sumisas, espías, personas estrafalarias (como la que percibe el “todo” a través de los olores), páginas Web que abren puertas a mundos paralelos. Y eso siniestro que “late” en la novela, que en determinado momento ocurrirá, y que es nada menos que el pérfido ataque a las Torres.

Aunque hay quienes sostienen que Pynchon se muestra en esta novela explícito como nunca, lo cierto es que su apelación constante al humor, hasta al sinsentido de distintos episodios, los reiterados juegos de palabras, las claves que esconden otras claves (y así de continuo), obligan al lector a “andar” a paso lento por las pobladas páginas de “Al límite” para interpretarlas en forma amplia.

Al mismo tiempo, las paranoias y los secretos de Pynchon no resultan tan originales como cuando “veía” conspiraciones en sus libros iniciales (por ejemplo, en “El arco iris de gravedad”, de 1973), porque hemos aprendido a ser muy desconfiados luego del atentado a las Torres, luego de Wikileaks, luego de las revelaciones de Edward Snowden. Y más “ahora mismo”, después que el propio Senado norteamericano denunciara las acciones clandestinas de la CIA, torturas incluidas, cometidas durante años después del múltiple atentado de 2001 (U otro “ahora mismo”: el ataque cibernético y despiadado a Sony, de tal calibre que casi la destruye).

El libro, la historia, las historias, se cierran de la misma manera ambigua con la que comenzó, aunque –claro- en el medio están las Torres atacadas por aviones, el comienzo del siglo XXI, el auge del terrorismo, las miles de preguntas que se han hecho y que no parecen encontrar respuestas.

Otras consideraciones

¿Qué me ocurre con “Al límite!? Lo primero es un hecho subjetivo y está dado por la traducción, muy llevada a lo coloquial-español que genera dificultades a un lector como yo, argentino, muy ajeno a ese lenguaje. Esto de inmediato reclama una aclaración: la traducción de Pynchon a cualquier idioma es tarea ardua, reservada para pocos. Al traductor Campos el trabajo le demandó nueve meses, nada menos.

Lo segundo es más general: a mi manera de ver “Al límite” le falta intensidad y, de cierta manera, sorpresas. Quizás porque el mundo-Pynchon ya ha sido demasiado transitado y uno, lector, siente que “algo así” ya lo ha leído antes. Por supuesto, no se puede ni debe comparar, pero una historia –si así se la puede llamar- como la que narra “Al límite” necesitaba la potencia que exhibía “El arco iris de gravedad”. Pero está visto que mucha agua ha pasado bajo el puente también en el territorio de Pynchon.

Pero se trata del maestro. El maestro que con sus conspiraciones, sus paranoias, sus chistes malos o geniales, sus personajes estrambóticos, nos muestra el mundo subvertido, nos dice que la realidad virtual ha llegado para agudizar el caos. Y que en el comienzo mismo de este siglo actual hemos perdido definitivamente toda inocencia.
….
Fotografías, ciertas o presuntas, de Thomas Pynchon: arriba, izquierda, el autor cuando cumplió servicios en la Marina. A la derecha, Pynchon caminando con su hijo, en Nueva York, en la década del 90. Lateral, arriba: Pynchon en la veintena. Lateral, medio: el narrador tomado a la distancia, con su hijo, también en los '90 del siglo pasado, cuando había aparecido “Mason & Dixon” (1996).Lateral, abajo: una interpretación de cómo sería el escritor en la actualidad.
 -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
“Esto, que quede claro, no supone en absoluto insinuar que Bush y su gente han perdido la cabeza y han montado los sucesos del 11 de septiembre. Habría que tener una mente irremediablemente enferma de paranoia, más aún, habría que ser un pirado desquiciadamente antiamericano, para que te pasara siquiera por la cabeza la posibilidad de que ese espantoso día haya podido ser organizado deliberadamente como pretexto para imponer una interminable ‘guerra’ orwelliana y la legislación de emergencia que pronto viviremos. No, ni lo penséis, líbreme Dios. Pero siempre queda lo otro. Nuestro anhelo. Nuestra profunda necesidad de que sea verdad. En alguna parte, en algún vergonzoso y oscuro recoveco de nuestra alma nacional, necesitamos sentirnos traicionados, incluso culpables”.
----------------------------------------------------------------------------

Perfil


Thomas Ruggles Pynchon Jr. Nació en Long Island, Nueva York, Estados Unidos, el 8 de mayo de 1937. De él se desconoce casi todo, salvo que estudió ingeniería y literatura en la Universidad de Cornell, donde fue alumno de Vladimir Nabokov (aunque éste no recordara haberlo tenido en clase), que escribió folletos técnicos para la compañía Boeing, que envió a un comediante a recoger el National Book Award en 1974 por “El arco iris de gravedad” y que declinó recibir una medalla de la Academia Norteamericana de Artes y Letras. Como es un escritor que, salvo en su juventud, nunca fue fotografiado y jamás concedió una entrevista, los datos que hay sobre él son mínimos. Todo indica que vive en Nueva York, casado con la editora o publicista Melanie Jackson y que tiene un hijo llamado Jackson, nacido en 1991. Por esa época la CNN logró ubicarlo, pero llegó a un acuerdo para no difundir su imagen. En la publicidad de “Vicio propio” (“Inherent Vice”), que se puede ver por YouTube, se escucha una voz que se le atribuye. Ha publicado las novelas “V” (1963), “La subasta del lote 49” (1966), “El arco iris de gravedad” (1973), “Vineland” (1990), “Mason & Dixon” (1997), “Contraluz” (2006), Vicio propio” (2009) y “Al límite” (2013). En 1984 Pynchon permitió que se editara “Lento aprendizaje”, una colección de relatos escritos entre 1958 y 1964, con un prólogo de su autoría en el que marca los errores e imperfecciones de cada uno de esos textos.
….
Algunos enlaces:

.....
Video: Una visita al Nueva York de Pynchon.
:

lunes, 8 de diciembre de 2014

"Para Isabel. Un mandala", de Antonio Tabucchi. Una gran voz, recuperada


“Para isabel. Un mandala” (“Per Isabel. Un mandala”), de Antonio Tabucchi. Anagrama, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 156 páginas. Traducción de Carlos Gumpert. En España: 14,90 euros. En Argentina: 145 pesos.
….
El diccionario define que mandala o mándala en el hinduismo y en el budismo es un dibujo complejo, generalmente circular (de nueve círculos concéntricos), que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación.

Del siempre recordado Antonio Tabucchi se ha rescatado en forma póstuma “Para Isabel, un mandala”, libro que resulta ser en términos literarios un dibujo complejo y circular. Esto le ha servido al gran autor para volver sobre sus obsesiones y fantasmas, en este caso buscando la figura huidiza de Isabel, personaje que “ha visitado” varias de sus creaciones.

El libro fue rescatado el año pasado en Italia y ahora termina de aparecer en castellano, traducido por Carlos Gumpert, lo que es decir una garantía pues es quien ha vertido a nuestro idioma la mayor parte de la obra del escritor italiano. “Para Isabel” es libro póstumo, aunque no algo que quedó sin concluir. Al parecer, Tabucchi tenía la intención de revisarlo, pero murió antes de poder hacerlo.

Pese al “pese”, estamos ante un Tabucchi genuino y el lector que conoce su obra no tiene que compararlo con los textos conocidos a partir de “Sostiene Pereira” sino con otros, anteriores y diferentes, tales como “Nocturno hindú” o “Requiem”, tanto por “atmósferas” e intenciones como por los personajes que en él aparecen.

Una sombra elusiva

Isabel ha sido una sombra elusiva en esos libros, y en algunos relatos de “El ángel negro” (libro de 1991, que por tono y estilo hay que vincularlo con “Nocturno hindú” (1984) y, de manera especial, con “Réquiem”, también de 1991). En todos esos textos el personaje recibe noticias y quiere recuperar a Tadeus Slowacki, un amigo que ha muerto en circunstancias nunca esclarecidas.

En la tan ponderada primera parte de su obra, Tabucchi solía narrar historias que se presentaban entrecortadas, como si fueran sueños, o como si no pudiera establecerse una clara división entre lo onírico y lo real. En “Para Isabel”, que fuera escrita a lo largo de 1996 y luego varias veces retomada, vuelve a ese estilo, en este caso buscando la figura huidiza de la mujer de ese nombre, de quien se dice que se suicidó para escapar del gobierno de Salazar, el dictador que agobió a Portugal entre 1933 y 1968 (el régimen dictatorial se extendió hasta 1974).

El lector no termina de saber quién en realidad busca a Isabel, tampoco cuanto de “verdad” hay sobre ella, porque el relato es ambiguo, aunque la “presencia” del fantasma Tadeus es una constante. El que busca y quiere saber qué ha ocurrido con la mujer, se mueve por distintos escenarios que se inician en Lisboa, en la que el narrador asiste a una misa en la que se evoca a Isabel, y termina, en el noveno capítulo, en algún lugar de Italia (en el que el mandala se cierra, o cobra un cierto sentido).

¿Qué ha pasado con la mujer, quién es –en definitiva- Isabel? Tabucchi nunca lo aclara, aunque capítulo a capítulo va deshojando parte de lo que se ha escondido. Isabel, vinculada a sectores opositores a Salazar, al parecer ha simulado un suicidio para escapar de las garras dictatoriales y recibido ayuda de diversas personas para poder escapar.

El objeto del deseo

Capítulo a capítulo, los círculos van estrechándose, acercan cada vez más al “buscador” al objeto de su deseo (porque se trata, aparte de saber qué ocurrió con la mujer, intentar dar con ella, “llegar”de una manera tan íntima como definitiva).

Lo imposible parece ser el sustrato de “Para Isabel”. Lo cierto, lo sólido, la respuesta, se ubican en forma permanente en un “más allá” del texto. Como le ocurría al narrador en los libros antes apuntados.

La cuidada prosa, a veces bellísima, tantas veces marcada por la nostalgia, se reitera en “Para Isabel” donde el narrador va pasando de un personaje a otro (Mónica, antigua amiga de Isabel; Bi, la anciana que la crió; un carcelero; un sacerdote; un poeta próximo a morir; el personaje Xavier, de importante gravitación en “Nocturno hindú”) tratando de llegar a ese centro vital que tanto se demora en hacerse presente. Y al que de cierto modo arriba al final del relato, aunque el “quizás” de la historia, omnipresente, persista.

En determinados textos, Tabucchi ha logrado “continuar” la voz de su tan admirado Fernando Pessoa, a quien ha homenajeado en diversos textos y ha “buscado” en otros (especialmente en “Réquiem”). Y la palabra desasosiego, tan ligada al poeta portugués, resulta apropiada para su propia obra y para la novela rescatada. “Obsesiones privadas, pesarosas añoranzas personales que que el tiempo corroe pero no transforma, (…) fantasías incongruentes e inadecuación a lo real son los principales motores de este libro”, advierte Tabucchi en el prólogo. Es su mundo, quiere decirnos, al que ha vuelto. Y al que nos invita a recorrer otra vez, brindando así a sus lectores un inesperado y bienvenido regalo.
…..
Fotografías laterales: fotogramas de “Réquiem” (Alain Tanner, 1998) y de “Sostiene Pereira” (Roberto Faenza, 1995), basadas en novelas de Antonio Tabucchi.

----------------------------------------------------------------------------------------
 “Estoy trabajando con polvillos de colores, contesté, un círculo amarillo, un círculo azul, como en una práctica tibetana, y mientras tanto el círculo se va estrechando hacia el centro, y yo intento llegar al centro. ¿Con qué objeto?, preguntó él. Yo también encendí un cigarrillo. Es muy sencillo, para llegar al conocimiento”.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Perfil


Antonio Tabucchi nació en Pisa, Italia, en 1943 y falleció en Lisboa en marzo de 2012. Conocido sobre todo por sus trabajos sobre el escritor portugués Fernando Pessoa, enseñó Lengua y Literatura Portuguesa en la Universidad italiana de Siena. En sus últimos años residió la mayor parte en la capital de Portugal. Como novelista, alcanzó el éxito con “Sostiene Pereira” (1994), que fue adaptada al cine, al igual que otra de sus obras, “Réquiem” (1992). ”Sostiene Pereira” obtuvo los premios Campiello, Scanno y Jean Monnet. Por “Nocturno hindú” (1984) recibió en Francia el Médicis para novelas extranjeras y en España el de periodismo Francisco Cerecedo. Escritor comprometido, consiguió con su novela “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro” (1997) la revisión del caso que aparecía en la obra, resolviendo el asesinato de un ciudadano portugués. Tabucchi también ha tocado el género epistolar, como lo demostró en “Se está haciendo cada vez más tarde” (2001). Colaboró con diversos medios, entre ellos El País y Corriere de la Sera. Obtuvo un doctorado honoris causa de la Universidad de Lieja. Otros títulos: “Piazza d’Italia” (1955); “El juego del revés” (1981); “Dama de Porto Pim” (1983); “Pequeños equívocos sin importancia” (1985); “La línea del horizonte” (1986); “Las tentaciones de Jerónimo Bosco”, “Los volátiles del Beato Angélico” (ambos de 1987); “Un baúl lleno de gente” (1990); “El ángel negro” (1991); “Sueño de sueños” (1992); “Los tres últimos días de Fernando Pessoa” (1994); “La gastritis de Platón” (1998); “Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori” (2003); “Tristano muere” (2004), “La oca al paso” (2006), “El tiempo envejece de prisa” (2009) y “Viajes y otros viajes” (2010). Mantuvo fuertes enfrentamientos con el gobierno de Silvio Berlusconi y sus posiciones políticas quedaron patentizadas en múltiples artículos periodísticos. Se lo consideró uno de los grandes narradores italianos del siglo XX y comienzos del presente.
 ....

Video: Entrevista, en castellano, a Antonio Tabucchi. Video de Abraham Prudencio (27/3/2012)


  

viernes, 28 de noviembre de 2014

"Cielo lejano", de Carlos María Gómez. Lo que no está. Comentario y entrevista al autor



“Cielo lejano”, de Carlos María Gómez. Ediciones Grupo de Cine, Santa Fe, Argentina, 2014, 206 páginas. En Argentina: 50 pesos.
….
En el comienzo de “Cielo lejano”, la más reciente novela del argentino Carlos María Gómez, el protagonista Marcelo piensa en las palabras dichas por un amigo, quien le sugirió que quizás hubiera llegado el momento de hacer un mutis definitivo en su obra literaria.

Sin embargo, Marcelo no lo ve así porque cree que puede seguir, aún, “apostando de alguna manera a encontrar más que en su cerebro, en el corazón, en las tripas, o por qué no en los insondables recovecos del alma, el material necesario como para abordar otra historia”.

Es así que el escritor/protagonista comienza a contar las peripecias de su personaje Horacio, quien casi de inmediato se transforma en una suerte de alter ego, de manera que cuanto vive Marcelo y lo que debe soportar Horacio se parecen bastante, como también se parecen sus recuerdos, sus diversas peripecias.

El “todo” transcurre en un orbe contaminado, por eso en “Cielo lejano” se habla de un exterior “manchado de gases y demás emanaciones letales”, un ambiente opresivo por definición y en el que protagonista y personaje vivirán diversas experiencias, o tendrán recuerdos de sus personales pasados que también se presentan ominosos.

Por zonas marginales

“Hay una cierta predilección –advierte María Sarmiento en el prólogo del libro- por lugares alejados y misteriosos, barrios marginales, bares de mala muerte, donde recalan los que están fuera del orden”. Marcelo y Horacio lo están, sin duda, porque embisten, coluden con el sistema. Son seres profundamente insatisfechos. Con las licencias del caso, bien podría decirse que son melancólicos y que tienen nostalgias, pero sobre todo de aquello que, al decir de Sabina, es lo peor, vale decir “añorar lo que nunca jamás sucedió”.

El segundo y concurrente “juego” que propone Gómez al lector, es el de sumergirlo en nuevas relecturas de sus propios textos, ajenos a los relatos centrales, una suerte de persistentes cajas chinas  o de puertas que se abren en forma constante llevando al lector a otras latitudes. Sarmiento destaca entonces “la importancia” que tiene lo fragmentario en este libro y que le permite al autor “desarrollar el concepto de laberinto, en el que de una historia nace otra”.

Desde siempre, Gómez ha expresado, en declaraciones y obra, su asombro ante lo incomprensible de la aventura humana, de ahí que reiteradamente se haya referido a Franz Kafka como el “gran cronista” del acontecimiento contemporáneo. Pero, en relación a los propósitos conscientes que lo llevaron a escribir “Cielo lejano”, el autor de “Los chacales del arroyo”, admite, en la entrevista que agrego al final de esta nota que, sin habérselo propuesto, ha terminado haciendo “un viaje” hacia su propio pasado, abordando aspectos casi olvidados de su vida y de su propia literatura.

Seres estrafalarios se encuentran con los personajes centrales de la novela que, como bien dice la prologuista, deambulan por esos “arrabales últimos” que tanto le importan a Gómez. En la novela emergen sitios abandonados que recuerdan a “El astillero” de Juan Carlos Onetti, un patético parque de diversiones, la dictadura, amores imposibles y los recuerdos que remiten a tiempos de opresión, especialmente los vividos cuando se recuerdan las humillaciones soportadas durante el (felizmente hoy desaparecido) servicio militar.

Los textos independientes

En el decurso de la novela, van incorporándose textos independientes que Gómez justifica debido a que también en la ficción tiene papel preponderante la literatura. Y no por casualidad, en la apertura del libro se dedican varias páginas a la poesía y a la personalidad del malogrado poeta Juan Manuel Inchauspe (foto): “Alto / demasiado alto / estaba esta mañana el cielo de las palabras”.

Allí, en esos versos imperecederos de su contemporáneo y amigo, puede estar la clave del título de la novela. Es decir, el cielo de las palabras, como el cielo de los hechos, como el cielo de los amores correspondidos, no se encuentran a mano del protagonista (que, se puede inferir, no es otro que el propio Gómez, “escondido” en sus distintos personajes). El “momento” de la novela es nocivo, casi irrespirable con sus emanaciones letales y persistentes.

Queda entonces, se infiere, la “salvación” a través de y en la literatura. De ahí la obsesión de Marcelo de seguir escribiendo, “con el corazón, las tripas o los insondables recovecos del alma” y que la historia se vea reiteradamente jalonada con textos que aportan distintos personajes, aparte del protagonista. El cielo estará lejano pero la literatura, la poesía, la creación, están acá. Son un motivo. Quizás “el” motivo para vivir.

Diálogo con el autor

-En su última novela, la sensación que tiene el lector (al menos ha sido mi sensación) es la de nunca pisar tierra firme. Marcelo escribe una novela que tiene como protagonista a Horacio, pero rápidamente los planos se confunden, las historias se interconectan y al mismo tiempo “abren” infinitas puertas. La idea es entonces la del laberinto. ¿Qué opina usted sobre esa conclusión o ese dibujo? ¿Lo ve así o tiene otra idea de lo que significa “Cielo lejano”?

-En la presentación de “Cielo Lejano” no se me ocurrió otra cosa que expresar que la novela era, sin habérmelo propuesto, un viaje hacia el pasado, una inmersión en aspectos casi olvidados de mi vida y mi literatura. Y quizás no sea nada más que eso, más allá de si el lector pisa o no tierra firme, ya que desde mi óptica los planos y las historias, que obviamente se interconectan, lo hacen como consecuencia del mismo discurrir de la vida y las necesidades literarias. En cuanto a la idea de laberinto interpreto esa figura como algo que le pertenece a Borges y a Kafka (foto).

-La segunda originalidad de su novela tiene que ver con la incorporación de textos suyos, anteriores, como si quisiera dar un repaso a gran parte de lo que lleva escrito. O quizás a demostrar que en definitiva usted viene escribiendo una sola historia, precisamente la del laberinto, aquello que no tiene salida, de ahí lo del “cielo lejano”. ¿Cómo lo ve usted? También: ¿Qué lo llevó a concebir así su trabajo?

-No estoy demasiado seguro de que resulte original incorporar textos propios anteriores, aunque desde luego reconozco que existe una especie de repaso de mi literatura y que en definitiva puede llegar a tratarse de una sola historia que vengo escribiendo desde siempre y que ahora comienzo a advertir. Hubo incluso quién deslizó la idea de que se trataba de una novela de despedida, en la medida de que trataba de desentenderme de todo lo anterior.

-En su obra, ha demostrado preocupación por distintos hechos acontecidos en la región que de una u otra manera ingresaron a sus ficciones, pero desde hace un tiempo parece haber cambiado de perspectiva. ¿Es premeditado? ¿Ha buscado por ese camino encontrar nuevas formas expresivas?

-Con excepción de los relatos que integran “Caja Negra” y la reciente novela “Los fantasmas de Ripley”, (un específico homenaje a Patricia Highsmith al intentar una nueva aventura de su famoso personaje), entiendo que hasta la actualidad no he abandonado una temática comprometida con la realidad, que pienso alcanzó su mayor expresión en “Alrededor de la plaza”, sin olvidar la denuncia de “Los chacales del arroyo” y, más contemporáneamente, la novela “Regreso al sur”, donde se investiga  la desaparición en nuestra ciudad del soldado Suárez. Incluso en “Cielo lejano” se narra una oscura relación personal con un genocida, posteriormente condenado por sus crímenes y asimismo lo que significó mi crítica concurrencia al Juzgado Federal como testigo en la reapertura del expediente por el secuestro y asesinato de Marta Zamaro y Nilsa Urquía.

-¿Ha tomado como referencia a otros autores que hayan realizado, en sus propias obras, algo similar? Recuerdo, como caso, “Viajes por el Scriptorium”, libro en el que Paul Auster también repasaba su obra.

-No creo haber tomado como referencia a ningún otro autor. Lo que sí debo reconocer es como se ha ido incrementando, en cada uno de los libros, la incorporación de textos ajenos a mi obra y que actúan a manera de información o simplemente como acompañamiento.

-¿Qué le ha significado, como creador, recorrer caminos que ya transitó, recuperar antiguos textos? ¿Los mantuvo igual, los modificó?

-No me ha significado más que un reencuentro, sorpresivo en algunos casos, volver a encontrarme con textos que creía olvidados pero que de ninguna manera puedo considerar que han actuado a la manera de removedores en mi conciencia. Y puedo asegurar que no ha habido catarsis alguna.

....
Perfil


Carlos María Gómez nació en Santa Fe, Argentina, en 1938.Escritor, productor, guionista y realizador de cine y video. Ha publicado las novelas “El desarrollo” (1963), “Veneno de cachiporra” (1979), “El enmascarado solitario cabalga hacia la muerte” (1983), “En el laberinto de espejos” (1985), “Los chacales del arroyo” (1993), “Gerente de dos ciudades” (1995), “Alrededor de la plaza” (1998), “Highsmith” (2005), “Regreso al sur” (2009) y “Los fantasmas de Ripley” (2013), así como los libros de relatos “Solamente con mirar” (1965), “Cuentos negros” (1992) y “Caja negra” (2009) Ha participado en antologías, recibió diversos premios y en 2009 fue declarado escritor destacado de la provincia por la Cámara de Diputados de Santa Fe. Es cofundador de Grupo de Cine de Santa Fe, entidad que ha desarrollado una amplia tarea en el campo de la cinematografía. Diego Soffici dirigió en 2003 el largo “Gerente en dos ciudades”, basado en su novela.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

"La entrega", de Dennis Lehane; "Galveston", de Nic Pizzolatto; "Mr. Mercedes", de Stephen King. Policiales norteamericanos





“La entrega” (“The Drop”), de Dennis Lehane. Salamandra, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 190páginas.Traducción de Magdalena Palmer. En España: 15 euros. En Argentina: 170 pesos.

Dennis Lehane publicó en 2010 un cuento, “Animal Rescue”, que resultó la base del guión de “Drop”, o “La entrega”, película dirigida por Michael Roskam. El paso siguiente fue volver novela a esa historia que transcurre en Boston, como sucede en la mayoría de sus ficciones. 

Lehane es un gran narrador y el rostro amargo que suele mostrar de Boston penetra profundo en sus lectores, cuando no en los espectadores que difícilmente olviden sus propuestas (¿qué espectador puede decir que “Mystic River” lo dejó indiferente, ese relato coral que con tanta sabiduría dirigió Clint Eastwood?).

El Boston que muestra en “La entrega” no tiene nada de glamoroso. Por el contrario, desde el primer momento, cuando el personaje Bob rescata a un cachorro apaleado de un tarro de basura, hasta el final, en una novela cargada de tensión, el escenario se muestra miserable. Además de endiabladamente frío, inhóspito, brutal.

Bob es primo de Marv, antiguo propietario de un bar que lleva su nombre y que luego de un cierto auge ha perdido en manos de un grupo de mafiosos chechenos, banda de asesinos que ha tomado al negocio como sitio de entrega del dinero obtenido en la ciudad a través de múltiples actos criminales. Bob es el centro del relato. Es un hombre católico, asediado por la culpa, que reprime emociones y al que le cuesta enfrentar el día al día. Su soledad es extrema, por eso se refugia en el perro rescatado, así como en la relación que mantiene con una mujer extraña, Nadia, que presenta una profunda cicatriz en el cuello, sobre la que no da explicaciones.

Sin esperanzas

Pero, como se dijo, la novela de Lehane es sobre todo la tensión que destila y, en simultáneo, el clima opresivo, feroz, que presenta ese ambiente vencido, en el que no parece haber lugar para ninguna clase de esperanza. Aparte, el escritor norteamericano cada tanto brilla con sus expresiones propias de la alta literatura: “En ese momento terrible sintió que todo el tiempo transcurrido desde los albores del mundo abría la boca para tragárselo”. U otro tipo de descripciones, agudas y sensibles: “Los triunfadores pueden esconder su pasado, mientras que los fracasados se pasan el resto de la vida intentando no ahogarse con el suyo”.

A su modo, presumiblemente condenado al fracaso, Marv intenta dar la lucha contra los chechenos para recuperar lo que para él ha sido el esplendor personal perdido. Bob, a su vez, “aguanta”, tolera, trata de sobrevivir como mejor puede porque tiene conciencia de ser un perdedor nato. Aparte, debe soportar un calvario adicional porque un ex convicto le reclama la devolución del perro, además de exigirle que se aleje de Nadia.

Mientras intenta, sin demasiada suerte, que Marv no enfrente a los chechenos (cuya crueldad es extrema), Bob debe cuidarse también de un policía de origen puertorriqueño que, por un motivo concreto (ambos concurren a misa dominical, pero Bob nunca comulga), desconfía de él. Además, en el bar, hubo un atraco y los chechenos reclaman el reintegro del dinero que se han llevado.

Todo, nos dice Lehane, termina siendo pérdida, El desarrollo de esta cuidada novela es apropiado y, como tiene “secretos”, propios de un policial negro (y tan negro…), poco se puede añadir, salvo que se trata de un texto digno que, además y pese a cualquier cosa, deja una puerta abierta a un posible amanecer, leve luz al final del túnel.

Dennis Lehane nació en 1965 en Dorchester, un barrio particularmente conflictivo de Boston, Estados Unidos, en el seno de una familia de origen irlandés. Debutó en 1994 cuando comenzó con una serie de novelas con los detectives privados Patrick Kenzie y Angela Gennaro, integrada por “Un trago antes de la guerra” (1994) “Abrázame, oscuridad” (1996), “Lo que es sagrado” (1997), “Desapareció una noche” (1998), “Plegarias en la noche” (1999) y “La última causa perdida” (2010). Otras novelas del autor, conocidas en castellano, son “Mystic River” o “Río místico” (2001), “Sutter Island” (2003), “Coronado” (2006), “Cualquier otro día” (2008), “Vivir de noche” (2012) y “La entrega” (2014). .Como guionista, se destacan sus trabajos en las películas “Río místico”, dirigida por Clint Eastwood, “Sutter Island”, dirigida por Martin Scorsese; “Desapareció una noche” o “Adiós, pequeña, adiós”, dirigida por Ben Affleck y “La entrega”, dirigida por Michael Roskam. Como director, Affleck proyecta llevar a la pantalla “Vivir de noche”. Lehane es el guionista de la prestigiosa serie “The Wire” y del primer capítulo de otra serie muy popular, “Boardwalk Empire”. El autor ha impartido talleres literarios en diversos centros universitarios tales como la Universidad de Harvard. Ha recibido diversas distinciones por sus novelas y actualmente reside en St. Petersburg (Florida).
....

“Galveston”, de Nic Pizzolatto. Salamandra, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 282 páginas. Traducción de Mauricio Bach Juncadella. En España: 17,10 euros. En Argentina: 180 pesos.

Con algunos puntos de contacto con la novela de Lehane, “Galveston”, narra una historia ambientada en Nueva Orleans, en la que también todo es gris, opresivo, desesperanzado: “Algunos lugares se abren para dejarte entrar, pero en el caso de Nueva Orleans no había nada parecido a la entrada. La ciudad era un yunque sumergido, envuelta en su propia atmósfera”.

El protagonista es Roy Cody, un matón, y la historia comienza en un bar regenteado por Stan, el gánster que se ha quedado con la mujer de Roy, Carmen, y al que de inmediato envía a hacerle una visita a alguien que le debe dinero. Sólo para asustarlo, advierte, y por eso Roy y su compañero deben presentarse ante el desconocido sin portar armas.

 Es una trampa, claro está, Roy no acepta caer en ella y por lo tanto toma sus precauciones antes de ir a la dirección indicada, donde (no se ha equivocado), lo esperaba lo peor. Pero de eso, a su manera y como puede, logra escapar dejando varios muertos tras de sí y obligándose a huir. Eso sí, “cargando” con una jovencita, Rocky, inesperada sobreviviente de tal aquelarre.

Huida constante

Huir, huir hacia delante, sin planificación ninguna, con la convicción de que no está obligado a hacerse cargo de Rocky ni, menos, de una niñita que en determinado momento la joven rescata de una vivienda infame. Tampoco en esta historia es fácil darse un respiro.

El Galveston del título, no es tanto una geografía sino un estado de ánimo. O, en todo caso, un ideal para Roy. Lo dice explícitamente en el comienzo del relato, luego de que le diagnostican una grave enfermedad: “Iba pensando en Loraine, una chica con la que salí hace tiempo, y en aquella noche que pasé despierto hablando con ella hasta el amanecer en un playa de Galveston, sentados en un lugar desde el que veíamos las gruesas columnas de humo blanco de las refinerías de petróleo ascendiendo a lo lejos como una carretera en dirección al sol”.

En cuanto al desarrollo del relato, de manera reiterada Roy intenta desprenderse de la muchacha y de la pequeña y atractiva niña que le ha endosado, pero no lo logra, porque pese a que Rocky tiene una difícil personalidad y comete trastadas, el protagonista se siente atraído por ella y su pequeña hija.

No les resulta nada fácil la vida y en derredor siempre despiertan sospechas. La historia no es calma y la vida para ellos es sinónimo de sobresaltos. El libro de Pizzolatto en determinado momento da un salto en el tiempo (luego de superar múltiples y violentos obstáculos), y toma un camino diferente, que tiene que ver con las explicaciones y, en otra instancia, con la expiación. Pero que tampoco puedo explicitar acá. En todo caso y como colofón, señalo que la novela es consistente y convincente, del principio al fin.

Nic Pizzolatto nació en Nueva Orleans y se crió en la zona costera de Louisiana, en los Estados Unidos. Es el creador, guionista y productor ejecutivo de la serie de la HBO «True Detective». Ha publicado relatos en revistas como The Atlantic, Oxford American, The Missouri Review, The Iowa Review y Best American Mystery Stories y ha sido finalista de los National Magazine Awards. Su primer libro fue la colección de relatos Between Here and the Yellow Sea, publicada en Estados Unidos en 2006. Galveston, su primera novela (2010), se convertirá en un largometraje cinematográfico dirigido por el danés Janus Metz Pedersen

….

                                                                                                                                                                
“Mr.Mercedes”, de Stephen King. Penguin Ramdon House, Madrid-Buenos Aires, 2014, 492 páginas.  Traducción de Carlos Milla Soler. En España: 23,90 euros. En Argentina: 269 pesos.

El comienzo de la más reciente novela de Stephen King es de excepción. En efecto, en una decena de páginas el narrador nos habla del encuentro circunstancial de Augie Onderkirk con la joven Janice Cray quien, madre soltera, no ha tenido más remedio que presentarse en el lugar con su muy pequeña hija. Ambos han concurrido a un centro comunal donde, al día siguiente, el alcalde del lugar ha prometido dar empleo, provisorio, a unas mil personas. Para tener alguna oportunidad, cientos, por no decir miles, se han dado cita allí en plena madrugada, con un frío aterrador, soportando como mejor pueden el lento paso de las horas.

Es la excelente forma con la que King aborda la triste realidad de esos marginados (sus pensamientos, sus pequeños actos, el ambiente hostil, tan bien descripto), cuanto jerarquiza a estas páginas que, respecto de lo que será la trama central, se ve de pronto interrumpido cuando un Mercedes Benz, conducido por un desconocido, delirante y brutal, atropellará y matará a varios de los que están en la larga y patética fila.

Dicho capítulo de apertura, “El Mercedes gris”, de unas diez páginas, resulta certero del principio al fin y termina siendo (casi) una historia aparte, que en mala hora el propio King frustra porque de inmediato deriva a algo muy diferente.

Una historia distinta

En esa segunda parte, obviamente mucho más extensa, la ficción girará en torno al enfrentamiento del asesino del Mercedes Benz con el sexagenario inspector de policía retirado Bill Hodges. En el comienzo de esta segunda parte el asesino serial, Brady Hartsfield, le envía una larga carta descriptiva de sus acciones, para acicatearlo. En realidad, con la intención de que se suicide, algo que el expolicía no ha descartado en sus días de retiro (con la Smith & Wesson que fue de su padre, también policía).

La ficción queda planteada en términos de “pelea” de gato y ratón, porque Hodges se siente acicateado para encontrar a Hartsfield, mientras éste prepara presuntos nuevos crímenes que para él significan venganzas por una vida desdichada. No hay secretos en esto que digo, porque el autor cuenta la historia en capítulos alternativos que tienen a Hodges o a Hartsfield como protagonistas. Y desde el comienzo mismo se sabe que este último es el asesino del Mercedes Benz, un verdadero psicópata.

La historia presenta una cierta linealidad y hasta una cierta previsiblidad, porque el lector sabe (más o menos), cómo puede terminar este tipo de enfrentamiento, entre un policía que, aunque retirado, acumula experiencias, y un hombre joven, inteligente y dispuesto a todo pero que, desequilibrado, representante del Mal, difícil que pueda resultar triunfador. El resultado, a mi manera de ver, está muy por debajo de “22/11/63”, libro que pareció indicar que King tomaba un camino de mayor exigencia literaria.

Pero más allá de eso, preocupa (me preocupa, en todo caso), que King proponga como salida la justicia por mano propia (en un gran recital a cielo abierto; foto), como si se dijera que es más importante vengar que actuar con la ley, o que el personaje que interpretaba Charles Bronson en sus películas de vengador anónimo sigue vivo y vigente. Y que además (porque todo termina justificándose) siempre tiene razón. Con el adicional de que King ha anunciado que con esta novela ha comenzado una trilogía de relatos afines…

Perfil
Stephen King nació en Portland, Maine, Estados Unidos, en 1947, región en la que aún sigue residiendo. Aunque la crítica se encuentra dividida (un sector importante de ella no lo considera más que un fabricante de bestsellers), King, llamado “el rey del terror”, es un narrador inquietante, quien cada tanto logra sacar nuevos ases de su manga. Autor de más de setenta títulos, su obra está traducida a múltiples idiomas y ha vendido millones de ejemplares en el mundo entero. Entre sus novelas más famosas cabe mencionar a “Carrie” (con la que debutó en forma estruendosa, en 1974), “El resplandor”, “Cujo”, “Christine”, “It”, “Misery”, “The Tommyknokers”, “Dolores Clayborne”, “El pasillo de la muerte”, “Cell”, “La cúpula” y “22/11/63”. Es famoso también por su serie “La torre oscura”, saga fantástica iniciada en 1982 y cuyo octavo título se conoció en 2012. Ha “competido” consigo mismo al inventar a un segundo escritor, Richard Bachman, seudónimo con el publicó siete títulos, el último de los cuales es “Blaze”, de 2007. Gran parte de sus novelas, así como sus cuentos, han sido llevados al cine. En la página de cine IMDB se indica que son nada menos que 185 los títulos de productos de cine y/o tv basados en sus textos. King también incursionó en el cine, ya como actor (en 20 oportunidades), ya como director (“La rebelión de las máquinas”, 1986). Ha ganado numerosísimos premios y distinciones, tanto en su país como en el exterior y fue proclamado en 1992 como Gran Maestro del Terror.