domingo, 31 de agosto de 2014

"La ira de los ángeles", de John Connolly. La naturaleza del Mal


“La ira de los ángeles” (“The Wrath of Angels”), de John Connolly. Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 428 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler. En España: 19,90 euros. En Argentina: 210 pesos
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A partir de 1999 el escritor irlandés John Connolly comenzó a contar las historias del detective privado Charlie Parker, un hombre muy afectado por las pérdidas personales, especialmente por los crueles asesinatos de su mujer y de su pequeña hija. Parker, lo sabrá el lector, pero no así quienes contratan sus servicios y, en general, la mayoría de quienes se relacionan con él, libra en realidad una intensa batalla contra una cohorte de ángeles caídos. Lucha contra las fuerzas del Mal.

La habilidad de Parker radicó, en los once casos que conocimos con anterioridad, en presentar sus investigaciones como hechos policiales, terribles más de uno, pero –digamos así- verificables, fáciles de interpretar y, al mismo tiempo, pudo ir librando sus batallas metafísicas (que llegan a desesperarlo, porque a cada rato debe dar manotazos en la oscuridad, o en el agua, mientras intentan ahogarlo), de la que tienen información contadas personas.

Ha sido también la habilidad de Connolly. Vale decir por una parte narrar historias propias del policial negro, y al mismo tiempo ortodoxa, y en simultáneo sumergir al lector en el mundo de lo gótico, en el que los seres oscuros, difícilmente humanos, juegan sus juegos de horror y venganza.

Pero, esa forma de narrar ha sido dejada de lado en “La ira de los ángeles”, hasta ahora la última historia del detective Parker, puesto que la búsqueda de un avión perdido de inmediato sumerge al protagonista y a muchos otros personajes en una lucha “cuerpo a cuerpo” contra seres sobrenaturales, demoníacos y terribles.

El Coleccionista

Parker no es una persona normal, o corriente, y bien lo sabe. Está atravesado por la desdicha, por ciertos deseos difusos de venganza (dado que no tiene claro hacia quién dirigirlos) y mucha rabia. Lucha contra las sombras y no sabe bien a qué atenerse, por qué le pasan las cosas que le ocurren.

Alguien alguna vez le dijo: “No me gusta estar cerca de usted. Usted forma parte de un plan del que yo no sé nada. Está condenado a un ajuste de cuentas que le costará la vida, a usted y a unos cuantos que se encuentran a su lado. Tiene los días contados y no deseo estar cerca de usted cuando caiga”. Ese alguien es el Coleccionista, un ser vengativo que asesina a quienes delinquen. Es un personaje significativo, que ha ido cobrando cada vez más relevancia en las historias de Connolly/Parker y que tiene notable incidencia en “La ira de los ángeles”.

En la novela, publicada en inglés dos años atrás, Parker es contratado por Marielle Vetters, la hija de un hombre (Harlan Vetters) que ha fallecido recientemente, para que encuentre un avión que su padre –un día que con amigo cazaba furtivamente- encontró en medio de un bosque frondoso, al norte de Maine (estado en el que transcurren las historias del detective).


De inmediato, Parker comprende que hay un algo más, puesto que junto a los restos del avión (en el que no había cadáveres) se hallaban papeles y una lista de nombres que tendrá alta significación en la historia. A partir de allí se librará una nueva lucha, esta vez entre Parker y sus escasos aliados y una serie de seres demoníacos, para obtener esa lista que supondrá nuevas muertes, nuevos episodios dantescos.

Entre el odio y el amor


En la novela, Parker debe antagonizar con antiguos y horribles enemigos, como Brightwell (a quien Parker mató en  un episodio anterior, pero…) y nuevos, como la tozuda y cruel Darina Flores (y su espantoso pequeño hijo, que es algo más que su hijo), Malfas, habitante accidental del bosque y la propia niña que vive en la espesura aguardando un amigo…

De una u otra manera, todos ellos (y algunos otros) resultan obstáculos para que el detective llegue al avión y a la lista, así como para que logre dilucidar otros enigmas que se plantean en el relato. Aunque el detective tiene también sus defensores, especialmente sus guardaespaldas Louis y Ángel, letales como pocos.

 El rabino Epstein, personaje que también fuera conocido en anteriores historias, reaparece acá, desconfiando como nunca antes de Parker, especialmente en relación a su verdadero origen y a sus reales intenciones. Pero el detective logra desentrañar los diversos interrogantes que plantea la ficción, aunque muchas preguntas, muchas intrigas, quedarán 
flotando y el lector sabe que la historia continuará, y que Parker seguirá sin poder salir de esos umbríos territorios en los que, para su desdicha, suele moverse, porque, como bien se indica, “conoce bien la naturaleza del Mal que intenta imponerse en el mundo”.
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Ilustración lateral, arriba: “El Coleccionista”, creación del artista mexicano Humberto Cadena Camacho. Foto lateral, abajo: bosque de Maine, Estados Unidos.

“No se me acercaron, pero percibí la hostilidad que me tenían y algo más: el sentimiento de sentirse traicionado, como si, de alguna manera, yo fuese uno de ellos y les hubiese dado la espalda”.
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Video: Entrevista colectiva a Connolly a través de Google+, octubre de 2012 (en inglés).

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Perfil

John Connolly nació en Dublín, Irlanda, en 1968. Estudió filología inglesa en el Trinity College de Dublín y periodismo en la Dublin City University. Desempeñó diversos oficios antes de colaborar con el Irish Times, para el que sigue escribiendo. Vive en Dublín, pero pasa parte del año en Estados Unidos, donde se desarrollan 
sus novelas, especialmente en el Estado de Maine. Es autor de la serie policiaca gótica protagonizada por Charlie Parker, que consta hasta el momento de los siguientes títulos: Todo lo que muere” (Shamus Award 1999 a la mejor primera novela), “El poder de las tinieblas”, Perfil asesino”, “El camino blanco” (Barry Award 2001), “Más allá del espejo”, “El ángel negro”, “Los atormentados”, “Los hombres de la guadaña”,“Más allá del espejo” y “La ira de los ángeles”. En octubre aparecerá, en inglés, el hasta ahora último título de la serie, “The Wolf in Winter”. Entre sus múltiples actividades como autor de ficciones, al margen de Parker, ha escrito relatos de terror, tales como “Malvados” y “Nocturnos”, así como la serie de literatura fantástica destinada al público juvenil interpretada por el pequeño Samuel Johnson.
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Algunos enlaces:
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Agradecimiento
Humberto Cadena Camacho es un artista plástico mexicano, que me ha autorizado la publicación de su interpretación de El Coleccionista. Admirador de la saga de Charlie Parker, ha dibujado también a Mr.Pudd (derecha; personaje de “Perfil asesino”, novela de 2001, publicada en castellano cuatro años más tarde). Cadena Camacho ha dado a conocer también su versión de Brightwell, otro de los personajes “malditos” recurrente en la saga del detective (ver abajo).
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Comentario sobre “Más allá del espejo” (ed. orig. 2004; ed. esp. 2012)
El detective Charlie Parker en la senda del Misterio
“Más allá del espejo” (“The Reflecting Eye: A Charlie Parker Novella”), de John Connolly. Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2012, 167 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler

“Más allá del espejo” es una novela breve de 2004, traducida dos años atrás a nuestro idioma.  Resulta un texto significativo, porque arroja nuevos aportes a la saga de Parker. En realidad, había ausencias, por así llamarlas, en la serie conocida hasta ahora en castellano, porque en ese sentido este texto comparativamente corto faltaba para completar el dibujo. Los editores indican que al texto hay que ubicarlo, respecto de las historias de Parker, entre las novelas “El camino blanco” (2002) y “El ángel negro” (2005).
En esta nueva historia que también transcurre en Maine, aparece por primera vez el Coleccionista, el ser que cobra “justicia” por su propia mano y que colecciona piezas que han tenido algún tipo de vínculos con crímenes. En este caso se empecina en conseguir un espejo que de los muchos que se encuentran en una casona abandonada, la Casa Grady, en la que un ser nefasto, John Grady, ha asesinado a varios niños.
Un hombre, que ha perdido a su hija en manos de Grady, busca a Parker porque en el destartalado buzón de la casona alguien ha dejado la foto de otra criatura y el padre teme que algún desequilibrado quiera continuar con la serie de asesinatos, aunque Grady haya muerto muchos años atrás.
El detective al principio no quiere asumir el compromiso, porque rehúsa vincularse con hechos que entrañan oscuridad y, más aún, porque su actual mujer, Rachel, está embarazada y teme por lo que le pudiera pasar, dado que su primera mujer y su hija de tres años murieron asesinadas y él las sigue sintiendo a su lado, como elusivos fantasmas.

Dos ángeles caídos

Parker convoca a sus colaboradores habituales, Louis y Ángel, dos personajes tan cómicos como siniestros, que suelen acompañarlo en sus correrías sin formular demasiadas preguntas y haciendo sentir sus pesadas presencias cuando es necesario. Y sin eludir el asesinato, lo cual los vuelve criaturas peligrosas e impredecibles.
Con estos verdaderos “ángeles caídos”, Parker controla la abandonada mansión que es terrorífica al estilo de las casas malditas que suele describir Stephen King en sus historias de horror. Aquí también hay una maldición porque, el lector se enterará en su oportunidad, Grady mataba no por voluntad propia, sino por una suerte de “mandato” en el que también incurrirá otro personaje (el que ha dejado la fotografía en el buzón de la casa abandonada).
Connolly tiene habilidad suficiente como para que las historias que narra sean interpretadas de una doble manera. En efecto, en la “superficie” están los criminales, los actos delictivos que producen y el correspondiente esclarecimiento, con condenas o sin ellas. Pero subyacentemente hay otra historia, nunca del todo aclarada, que refiere a esas fuerzas del Averno con las que, lo quiera o no, Parker siempre se encuentra conectado.
“Conmigo siempre hay niños de por medio, y hay una lógica, si decido buscarla con atención. Hay una lógica, y yo formo parte de ella”, reflexiona el detective al término de esta historia en la que casi se le va la vida (como en tantas otras oportunidades). Esa lógica es la que de a poco, libro nuevo a libro nuevo, va explicitando el escritor irlandés. La cuestión es seguir el derrotero de sus ficciones y adentrarse con él en el Misterio. Siempre y cuando dejemos de lado nuestro escepticismo, nuestra comprensible incredulidad.
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Comentario sobre “Los amantes” (ed.orig. 2010; ed. esp. 2011)
La muerte del padre
“Los amantes” (“The Lovers”), de John Connolly. Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2010, 329 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler

En “Los amantes” el trastornado detective Charlie Parker recorre Maine, Nueva York y otros sitios en la búsqueda incesante de su verdadera identidad. En este caso, lo hace mientras trata de descifrar los motivos que llevaron a su padre, el policía William Parker, “Will para los amigos”, a suicidarse luego de haber matado a dos adolescentes desarmados.
A quienes siguen las peripecias del detective, el tenebroso mundo que recorre Parker no les resultará extraño ni mucho menos, aunque esta vez las fuerzas del “más allá” (habría que decir las oscuras fuerzas del Más Allá), se hacen presentes con más intensidad que nunca.
Tanto en el Estado de Maine, como fuera de esa estricta geografía, especialmente en Pearl River, cercana a Nueva York, Parker procura dilucidar las causas que provocaron el comportamiento inesperado, e impensable de su parte, quien toda su vida adulta fue un juicioso y ponderado policía.
El detective percibe que han sido pocas las cosas que han “cerrado” en relación a la  actitud de William, quien antes del episodio de los adolescentes nunca había matado en su carrera, pese a haberse enfrentado a delincuentes de toda laya.
Por consiguiente, y mientras confía en que alguna vez se le restituya su licencia de investigador privado que le ha sido quitada, vuelve después de muchos años a su casa natal y conversa con los viejos amigos de su padre, policías retirados que, aunque de manera reticente, de a poco van a irle develando la verdad.

En un territorio reconocible

“Tiendo a usar negocios y calles verdaderas de Maine, ubico mis novelas en un mundo muy concreto y detallado para que, cuando irrumpa lo sobrenatural, el lector crea en el mundo del libro”, le dijo Connolly a Silvina Freira de “Página 12” en una visita a Buenos Aires.
El escritor irlandés admite que el sentimiento de culpa lo acompaña por su condición de católico: “La culpa, el sentimiento de culpa, es como la salsa picante. Sabes que has disfrutado de las cosas y luego te sientes culpable”, le dijo a Rosa Mora en una entrevista efectuada por “El País” en Barcelona.
Y también: “El mal más humano es el que viene de la lujuria, de la avaricia, y hay otro mal más amplio, que en mi caso procede del catolicismo. Los protestantes no tienen ninguna concepción de pecado”.
Es entonces que en calles reales, con personas concretas, Parker inicia su investigación que lo llevará casi de inmediato a encontrarse con seres oscuros, como el Coleccionista, o con otros más terribles aún, como esos “amantes” que lo buscan para destruirlo.
A diferencia de sus historias anteriores, Connolly transgrede las normas autoimpuestas, es decir las de la ambigüedad, y cuenta con mayor claridad qué ocurre en ese mundo de las sombras, por qué causa a Parker todo se le dan tan mal. Explicaciones coherentes, que no es del caso revelar acá.

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Comentario sobre “Voces que susurran” (ed.o. 2010; ed. e. 2011)
El Mal y la guerra de Irak
"Voces que susurran" ("The Whisperers"), de John Connolly. Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2011, 368 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler.

De nuevo, en esa zona de intenso frío, de bosques cerrados, de poblaciones aisladas, de seres solitarios, transcurre “Voces que susurran”, la novena historia de Parker y con la que Connolly expone algunas de las muchas lacras que ha supuesto la guerra de Irak.
En efecto, aunque en ella hay obvio espacio para los seres malignos y los mensajes de ultratumba (el otro costado de estos peculiares thrillers), el narrador se ha documentado en forma suficiente como para hablar con conocimiento de causa sobre los mutilados que arroja cualquier conflicto bélico. Mutilados físicos, pero más aún mentales, y sobre las múltiples “tranzas” que se han permitido los que han hecho su negocio particular en el campo bélico.
Al comienzo de la historia, Parker es abordado por Bennett Patchett, padre del joven soldado Damien, quien se ha quitado la vida al parecer víctima del estrés postraumático producido por la guerra. Bennett quiere saber qué llevó a su hijo al suicidio y también qué clase de persona es Joel Tobías, un ex suboficial que ha sido jefe de Damien en Bagdad y con quien volvió a tener alguna clase de relación en Maine.
Patchett busca al detective cuando se termina de producir la muerte de un policía, Foster Jeandreau, atacado en un lugar abandonado y donde se alzaba un bar que terminó incendiado. De manera que la muerte se hace presente de múltiples maneras desde el mismo inicio de “Voces que susurran”, anticipando el tono sombrío que de ahí en más tendrá el relato.

Ambicioso proyecto

Connolly viene escribiendo una verdadera saga sobre un tema de orden metafísico que obviamente excede a la narrativa estrictamente policial. Nos referimos a la lucha entre el Bien y el Mal y a la presencia en la Tierra de los representantes del Averno.
Es cierto, se trata de una ficción y sus intenciones de venta masiva son evidentes. Pero el escritor irlandés tiene sus ambiciones creativas que exceden los parámetros habituales de los relatos crasamente comerciales. Le importa que su estilo tenga cierta calidad (“mi estilo es más lírico –que los de Chandler y Hammett- porque me gusta la poesía”) y al mismo tiempo reflexionar en cuanto refiere a la Culpa y al Pecado porque es un autor muy marcado por la concepción católica de la vida. “Parker es una conciencia atormentada”, ha dicho Connolly. 
Pero hay más, porque Parker oculta otra dimensión sobre la que Connolly ha venido dando pistas pero no en forma absolutamente clara, reservándose algunas cartas marcadas. Así, en la novela anterior, “Los amantes”, los protagonistas eran una pareja de “ángeles caídos” que buscaban destruir al detective, enviados por una entidad a la que llamó Goodkind (bueno y generoso) que vuelve a aparecer más explícitamente en este libro, a veces con el nombre de El Capitán.
En un plano “comprensivo”, verista diríamos, “Voces que susurran” habla del comportamiento ilícito de un grupo de veteranos encabezados por el citado Tobías, que roba del Museo de Bagdad tesoros antiquísimos para comercializarlos como contrabando en Canadá.
El estrés postraumático explicará, “racionalmente”, el suicidio de Patchett y de algunos otros veteranos también comprometidos en el contrabando para “salvarse” económicamente después de haber servido a un ejército que, señala Connolly, no suele ser leal con sus promesas prebélicas. Otros episodios de violencia, entre ellos la muerte del policía Jeandreau, también tendrán su explicación en términos de crónica, puesto que un determinado personaje se vuelve muy expeditivo con los tipos que molestan o hablan de más.

En el mundo de Lovecraft

Pero no todo será tan racional. Así, un personaje estrambótico, fumador empedernido y ser detestable, El Coleccionista, ser vinculado con las sombras, también tiene su espacio en esta novela compleja, que se mueve tanto en el ámbito de lo criminal como en el segundo plano de la Maldad y los Seres Diabólicos, que hace recordar más que a Stephen King a otro autor, anterior y más fascinante: H. P. Lovecraft y sus mitos aterradores.
Goodkin moverá su pieza, Herodes, un ser salvado de la muerte para que cumpla el objetivo de conseguir una caja determinada transportada de Bagdad a Maine y que guarda en un seno misterios milenarios que no corresponde develar, pero que refiere a los mitos y leyendas mesopotámicos, antiquísimos y letales.
En el Plan sobre el que Connolly está dando ligeras pistas, Parker se va tornando un personaje central. Ha atravesado el infierno de la muerte en un incendio de su primera mujer y de su hija, luego del alejamiento de su segunda mujer y la pérdida, porque no puede estar con ella, de su segunda hija, ha sufrido también por el impensado suicidio de su padre.
Son cargas, expiaciones, que lo marcan espiritualmente pero que al mismo tiempo resultan acicates para enfrentar a delincuentes y asesinos mientras se prepara para lo que va a venir. Que Connolly hace saber (a Parker, pero fundamentalmente al lector), y a través de El Coleccionista que serán terribles.
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Comentario sobre “Cuervos” (ed. or. 2011; ed. esp. 2012)
Entre la ley la justicia
“Cuervos” (“The Bourning Soul”), de John Connolly. Tusquets, Barcelona-2012, Buenos Aires-2013, 380 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler

Tanto por ser el detective Charlie Parker una suerte de continuidad de Phillip Marlowe, otro Quijote (“Él es el paladín, es el caballero blanco”, dice un personaje hablando de Parker), como por su estilo, levemente irónico, siempre mordaz, a Connolly se lo ha comparado con Raymond Chandler.
Y, precisamente, mucha de esa comparación queda justificada en “Cuervos” (o “El alma ardiente”, de acuerdo a su título original), undécima “expedición” al mundo de Parker, en el que la felicidad está ausente.
Connolly tiene claros sus objetivos y también con claridad se los transmite a sus lectores: "Una y otra vez escribo sobre niños que se enfrentan a los problemas del mundo adulto, de adultos que se ven obligados a proteger a los niños del carácter depredador de los mayores, o adultos que se enfrentan a entidades empeñadas en hacerles daño".
Ocurre en “Cuervos”, en el que se habla de una niña desaparecida en un pequeño pueblo de Maine, Pastor’s Bay, un sitio pegado a un mar muy hostil, por su geografía y su clima, como por los escasos habitantes que lo pueblan. Uno de sus habitantes, Randall Haight, teme quedar involucrado en el hecho porque cuando era un adolescente mató a una niña. Además, ha comenzado a recibir fotografías comprometedoras…

Palabras del maestro Gaddis

La observación cínica (o realista) del autor de “Ágape se paga”, le sirve a Connolly como justificativo de esa doble incursión, es decir la que hace en el mundo cotidiano y, en simultáneo, el contarnos las “noticias” del Más Allá.
Sin embargo, en comparación con la casi totalidad de sus relatos anteriores, en “Cuervos” hay poca presencia del mundo alternativo. Más bien, casi todo se desarrolla en el aquí y ahora. Un aquí y ahora en el que los niños vuelven a ser usados por los adultos para sus deseos, sus ambiciones y sus perversidades.
La historia, como se dijo, parte del secuestro de la adolescente Anna Kore y se va enrareciendo a medida que avanza la narración, porque además del pedido de auxilio que formula Haight, se sumarán una pelea entre bandas mafiosas y las escondidas perversiones de algunos habitantes del pueblo, por citar lo más relevante.
En la ficción, Parker acepta trasladarse a Pastor’s Bay, convocado por una abogada para que investigue el chantaje que le están haciendo a Haight, pero a poco andar no podrá dejar de involucrarse en el secuestro de Anna y en los múltiples hechos de violencia que se producirán tanto en esa pequeña población como en otros lugares, que se encuentran vinculados.

El segundo maestro, Chandler

Antes hablé de Raymond Chandler (foto) en relación con el estilo de Connolly. En efecto, la mordacidad, la habilidad para los diálogos, el mismo perfil de Parker y de los muy diversos personajes que desfilan en las novelas del escritor irlandés, hacen recordar considerablemente al autor de “El largo adiós”, aunque las propuestas narrativas de ambos difieran de manera sustancial.
Por otra parte, al haberle dado preferencia en “Cuervos” a los hechos criminales (y dejar en un segundo plano sus aspectos fantásticos), esa afinidad resulta más notoria. Como también lo es que la novela sea un auténtico rompecabezas que sólo se resolverá al final, un esquema similar al que usó el norteamericano en sus obras más famosas.
“He intentado que cada libro de Parker fuera diferente del anterior”, le confirmó Connolly a Galindo en la citada entrevista. Ocurre en “Cuervos”, aunque en este caso no ha tenido continuidad el lento desvelar de lo que le pasa “de verdad” a Parker en sus constantes enfrentamientos con las fuerzas del Mal, por qué le suceden las cosas terribles que debe soportar, cuál es la última finalidad de tanto ataque misterioso, de tanto dolor con el que tiene que convivir.
Acá, sí, hay un “pequeño” fantasma, pero que no tiene la incidencia de otros, terribles, como lo es el Coleccionista, pero quédese tranquilo el lector adicto a la saga: en “Cuervos” reaparece la extraña pareja integrada por Ángel y Louis,  aparte de que hay páginas de excelente escritura, ambientes opresivos, personajes muy bien delineados y una historia que, más allá de su complejidad, termina resultando satisfactoria. Nada para quejarse.





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