martes, 23 de diciembre de 2014

"Al límite", de Thomas Pynchon. Nueva York al borde de un ataque de nervios, según el maestro

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MÁS DE MIL VISITAS AL BLOG
Amigas, amigos: quiero comunicarles que en el día de hoy (26 de diciembre) se registró un total de 1.016 visitas al blog, desde que fue incorporado a Blogger en agosto pasado. (En su anterior ubicación, en La Comunidad de El País, registró más de 40 mil visitas). Los datos estadísticos indican que el blog ha recibido visitas de Argentina, de México, de España y de -otros lugares del mundo, algo que por cierto estimula (a veces me sorprende) y en todos los casos me alienta a seguir.
Gracias por la compañía. felices fiestas y feliz año nuevo.
El detalle estadísitco que proporciona Blogger:
EntradaPáginas vistas
Argentina
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México
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Polonia
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10
Alemania
7
Dinamarca
4

-----LA NOTA SOBRE PYNCHON----

“Al límite” (“Bleeding Edge”), de Thomas Pynchon. Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 491 páginas.Traducción de Vicente Campos. En España: 22 euros. En Argentina: 219 pesos.
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“Bleeding-edge” (título original de la novela) es una tecnología sin ninguna utilidad demostrada aún, un material de alto riesgo, es decir una tecnología de especulación para quienes se arriesgan a las novedades que resultan poco fiables. También puede querer referirse a los bordes de una herida abierta, sangrante.

El autor de los mundos paranoicos y conspirativos ha regresado con su octava novela, “Al límite”, esta vez para hablarnos, a su modo, del atentado contra las Torres Gemelas. Pynchon tiene ahora 77 años y sigue siendo el mismo escritor casi inescrutable y desconocido que ya diera que hablar cuando en 1963 (a los 26 años) sorprendió con su magnífica “V”.

Varias veces se ha dicho, y con razón, que a Pynchon se lo acepta “in toto” o se lo deja, porque sus propuestas narrativas son muy cifradas, personales y, también, un tanto arbitrarias. Es al mismo tiempo, un enorme escritor, uno de esos que aparece sólo cada tanto. Para Harold Bloom, el crítico menos concesivo del mundo, estamos ante una de las cuatro voces estadounidenses actuales que por fuerza propia se coloca en primera fila. Las otras son las de Cormac McCarthy, Don DeLillo y Philip Roth.

Ha escrito obras maestras, como lo fueron “V” o “El arco iris de gravedad”, o libros inolvidables como “Mason & Dixon” o “Contraluz”, un relato extraordinario, texto que a mi juicio fue su última gran contribución a la narrativa contemporánea. “Vicio propio” (del 2009, llevada ahora al cine por Paul Thomas Anderson), no llegó a esas cotas. “Al límite”, a su vez, se muestra abierta a toda clase de análisis, calificación y discusión.

Como indiqué, en “Al límite” Pynchon aborda la complejidad del atentado a las Torres, aunque la historia comienza un poco antes, cuando han estallado los entonces llamados punto.com (o dot.com), esa promesa de hacer negocios en la incipiente Internet de la época, que resultó una gran creación de paraísos artificiales, generadores de grandes y efímeras fortunas así como de múltiples desilusiones (y estrepitosos fracasos económicos).

La protagonista casi excluyente de la novela es la investigadora de fraudes fiscales Maxine Tarnow, atribulada madre judía de dos hijos que suele ubicarse un tanto al margen de la ley para sus trabajos, más propios de un detective privado que de alguien que debería actuar en un ámbito excluyentemente administrativo. No por nada nunca olvida de portar una Beretta en su cartera.

El mundo entrópico

La paranoia, el caos, el mundo entrópico, una sociedad manejada por seres oscuros e innominados, el misterio que subyace detrás o por debajo de lo aparente, son temas recurrentes en Pynchon, que se reiteran en “Al límite”. Se dice que la entropía es el grado de desorden y de caos que existe en la naturaleza. Es el segundo principio de la termodinámica que puede definirse esquemáticamente como “el progreso para la destrucción” o “desorden inherente a un sistema”.  Este principio establece que a cada instante el Universo se hace más desordenado. Hay un deterioro general pero inexorable hacia el caos.

Por eso, el “piso” nunca es firme ni hay seguridad alguna en las historias, si así pueden ser llamadas, que cuenta Pynchon. “Al límite” tiene que ver con todas estas cuestiones y con los seres que la pueblan, y que son muy variados. Seres extraños, muchas veces violentos, de comportamiento ambiguo, que aparentan vivir en movimiento constante, aparecen y desaparecen en forma arbitraria, están como subidos a una calesita o tiovivo que gira a gran velocidad y que nunca se detiene.

En la cubierta de la edición española, se presenta una fotografía de los rascacielos de Nueva York en cuyas torres se producen explosiones de las que surgen rayos que caen sobre otros edificios, y que también, como arcos voltaicos que cargaran de electricidad infinita el ambiente, llegan al cielo. Como si todo estuviera próximo a explotar. Es lo que el autor nos ha querido contar en su más reciente novela/antinovela.

Es novela, en cuanto a que ocurren distintos episodios que presentan un cierto orden, una determinada concatenación. Pero también es una antinovela por su dispersión, porque no presenta un núcleo temático, porque se disgrega en forma constante y con ella no se arriba a un punto central o cenital sino que, como diría Bob Dylan, parece quedar todo flotando en el viento.

Un viento que arrasa. Pynchon le imprime al libro un tono coloquial, próximo a la comicidad, en la que los personajes y situaciones aparecen y desaparecen casi sin solución de continuidad. Ha poblado a sus 500 cargadas páginas de historias que se entrecruzan, y de múltiples personajes que han sido ya ganados por la por entonces incipiente Red. Red que no es lo que aparenta, puesto que al parecer hay una “Web profunda”, que lo mejor que se puede hacer con ella es evitarla…

El enemigo

El “enemigo” por excelencia es el escurridizo Gabriel Ice, un tipo inescrutable que parece dispuesto a volverse el Gran Villano como un personaje siniestro que hubiera sido extraído de las novelas de James Bond. Su objetivo sería el de obtener el dominio definitivo de la Web. Maxine intenta desentrañar distintos misterios que se van presentando, incluidos los que plantea Ice, y que son como atisbos de los enigmas que se esconden detrás de las fachadas, de las acciones de los distintos personajes, y hasta de lo que esconde la Web, a veces “tapada” por los que aparentan ser nomás que simples juegos de computadora u ordenador.

No es de extrañar que haya también un “detrás” impreciso, imprevisible, pero siniestro, en las novelas de Pynchon. Insinuado, nunca totalmente dicho. Es la “Web profunda”, pero también otros recovecos en los que se atreve a incursionar Maxine y que parecen esconder centros neurálgicos de un poder innominado e impreciso. Y que también remiten al horror, a la muerte.

Hackers, nerds, mafiosos rusos, mujeres rebeldes o sumisas, espías, personas estrafalarias (como la que percibe el “todo” a través de los olores), páginas Web que abren puertas a mundos paralelos. Y eso siniestro que “late” en la novela, que en determinado momento ocurrirá, y que es nada menos que el pérfido ataque a las Torres.

Aunque hay quienes sostienen que Pynchon se muestra en esta novela explícito como nunca, lo cierto es que su apelación constante al humor, hasta al sinsentido de distintos episodios, los reiterados juegos de palabras, las claves que esconden otras claves (y así de continuo), obligan al lector a “andar” a paso lento por las pobladas páginas de “Al límite” para interpretarlas en forma amplia.

Al mismo tiempo, las paranoias y los secretos de Pynchon no resultan tan originales como cuando “veía” conspiraciones en sus libros iniciales (por ejemplo, en “El arco iris de gravedad”, de 1973), porque hemos aprendido a ser muy desconfiados luego del atentado a las Torres, luego de Wikileaks, luego de las revelaciones de Edward Snowden. Y más “ahora mismo”, después que el propio Senado norteamericano denunciara las acciones clandestinas de la CIA, torturas incluidas, cometidas durante años después del múltiple atentado de 2001 (U otro “ahora mismo”: el ataque cibernético y despiadado a Sony, de tal calibre que casi la destruye).

El libro, la historia, las historias, se cierran de la misma manera ambigua con la que comenzó, aunque –claro- en el medio están las Torres atacadas por aviones, el comienzo del siglo XXI, el auge del terrorismo, las miles de preguntas que se han hecho y que no parecen encontrar respuestas.

Otras consideraciones

¿Qué me ocurre con “Al límite!? Lo primero es un hecho subjetivo y está dado por la traducción, muy llevada a lo coloquial-español que genera dificultades a un lector como yo, argentino, muy ajeno a ese lenguaje. Esto de inmediato reclama una aclaración: la traducción de Pynchon a cualquier idioma es tarea ardua, reservada para pocos. Al traductor Campos el trabajo le demandó nueve meses, nada menos.

Lo segundo es más general: a mi manera de ver “Al límite” le falta intensidad y, de cierta manera, sorpresas. Quizás porque el mundo-Pynchon ya ha sido demasiado transitado y uno, lector, siente que “algo así” ya lo ha leído antes. Por supuesto, no se puede ni debe comparar, pero una historia –si así se la puede llamar- como la que narra “Al límite” necesitaba la potencia que exhibía “El arco iris de gravedad”. Pero está visto que mucha agua ha pasado bajo el puente también en el territorio de Pynchon.

Pero se trata del maestro. El maestro que con sus conspiraciones, sus paranoias, sus chistes malos o geniales, sus personajes estrambóticos, nos muestra el mundo subvertido, nos dice que la realidad virtual ha llegado para agudizar el caos. Y que en el comienzo mismo de este siglo actual hemos perdido definitivamente toda inocencia.
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Fotografías, ciertas o presuntas, de Thomas Pynchon: arriba, izquierda, el autor cuando cumplió servicios en la Marina. A la derecha, Pynchon caminando con su hijo, en Nueva York, en la década del 90. Lateral, arriba: Pynchon en la veintena. Lateral, medio: el narrador tomado a la distancia, con su hijo, también en los '90 del siglo pasado, cuando había aparecido “Mason & Dixon” (1996).Lateral, abajo: una interpretación de cómo sería el escritor en la actualidad.
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“Esto, que quede claro, no supone en absoluto insinuar que Bush y su gente han perdido la cabeza y han montado los sucesos del 11 de septiembre. Habría que tener una mente irremediablemente enferma de paranoia, más aún, habría que ser un pirado desquiciadamente antiamericano, para que te pasara siquiera por la cabeza la posibilidad de que ese espantoso día haya podido ser organizado deliberadamente como pretexto para imponer una interminable ‘guerra’ orwelliana y la legislación de emergencia que pronto viviremos. No, ni lo penséis, líbreme Dios. Pero siempre queda lo otro. Nuestro anhelo. Nuestra profunda necesidad de que sea verdad. En alguna parte, en algún vergonzoso y oscuro recoveco de nuestra alma nacional, necesitamos sentirnos traicionados, incluso culpables”.
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Perfil


Thomas Ruggles Pynchon Jr. Nació en Long Island, Nueva York, Estados Unidos, el 8 de mayo de 1937. De él se desconoce casi todo, salvo que estudió ingeniería y literatura en la Universidad de Cornell, donde fue alumno de Vladimir Nabokov (aunque éste no recordara haberlo tenido en clase), que escribió folletos técnicos para la compañía Boeing, que envió a un comediante a recoger el National Book Award en 1974 por “El arco iris de gravedad” y que declinó recibir una medalla de la Academia Norteamericana de Artes y Letras. Como es un escritor que, salvo en su juventud, nunca fue fotografiado y jamás concedió una entrevista, los datos que hay sobre él son mínimos. Todo indica que vive en Nueva York, casado con la editora o publicista Melanie Jackson y que tiene un hijo llamado Jackson, nacido en 1991. Por esa época la CNN logró ubicarlo, pero llegó a un acuerdo para no difundir su imagen. En la publicidad de “Vicio propio” (“Inherent Vice”), que se puede ver por YouTube, se escucha una voz que se le atribuye. Ha publicado las novelas “V” (1963), “La subasta del lote 49” (1966), “El arco iris de gravedad” (1973), “Vineland” (1990), “Mason & Dixon” (1997), “Contraluz” (2006), Vicio propio” (2009) y “Al límite” (2013). En 1984 Pynchon permitió que se editara “Lento aprendizaje”, una colección de relatos escritos entre 1958 y 1964, con un prólogo de su autoría en el que marca los errores e imperfecciones de cada uno de esos textos.
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Algunos enlaces:

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Video: Una visita al Nueva York de Pynchon.
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lunes, 8 de diciembre de 2014

"Para Isabel. Un mandala", de Antonio Tabucchi. Una gran voz, recuperada


“Para isabel. Un mandala” (“Per Isabel. Un mandala”), de Antonio Tabucchi. Anagrama, Barcelona-Buenos Aires, 2014, 156 páginas. Traducción de Carlos Gumpert. En España: 14,90 euros. En Argentina: 145 pesos.
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El diccionario define que mandala o mándala en el hinduismo y en el budismo es un dibujo complejo, generalmente circular (de nueve círculos concéntricos), que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación.

Del siempre recordado Antonio Tabucchi se ha rescatado en forma póstuma “Para Isabel, un mandala”, libro que resulta ser en términos literarios un dibujo complejo y circular. Esto le ha servido al gran autor para volver sobre sus obsesiones y fantasmas, en este caso buscando la figura huidiza de Isabel, personaje que “ha visitado” varias de sus creaciones.

El libro fue rescatado el año pasado en Italia y ahora termina de aparecer en castellano, traducido por Carlos Gumpert, lo que es decir una garantía pues es quien ha vertido a nuestro idioma la mayor parte de la obra del escritor italiano. “Para Isabel” es libro póstumo, aunque no algo que quedó sin concluir. Al parecer, Tabucchi tenía la intención de revisarlo, pero murió antes de poder hacerlo.

Pese al “pese”, estamos ante un Tabucchi genuino y el lector que conoce su obra no tiene que compararlo con los textos conocidos a partir de “Sostiene Pereira” sino con otros, anteriores y diferentes, tales como “Nocturno hindú” o “Requiem”, tanto por “atmósferas” e intenciones como por los personajes que en él aparecen.

Una sombra elusiva

Isabel ha sido una sombra elusiva en esos libros, y en algunos relatos de “El ángel negro” (libro de 1991, que por tono y estilo hay que vincularlo con “Nocturno hindú” (1984) y, de manera especial, con “Réquiem”, también de 1991). En todos esos textos el personaje recibe noticias y quiere recuperar a Tadeus Slowacki, un amigo que ha muerto en circunstancias nunca esclarecidas.

En la tan ponderada primera parte de su obra, Tabucchi solía narrar historias que se presentaban entrecortadas, como si fueran sueños, o como si no pudiera establecerse una clara división entre lo onírico y lo real. En “Para Isabel”, que fuera escrita a lo largo de 1996 y luego varias veces retomada, vuelve a ese estilo, en este caso buscando la figura huidiza de la mujer de ese nombre, de quien se dice que se suicidó para escapar del gobierno de Salazar, el dictador que agobió a Portugal entre 1933 y 1968 (el régimen dictatorial se extendió hasta 1974).

El lector no termina de saber quién en realidad busca a Isabel, tampoco cuanto de “verdad” hay sobre ella, porque el relato es ambiguo, aunque la “presencia” del fantasma Tadeus es una constante. El que busca y quiere saber qué ha ocurrido con la mujer, se mueve por distintos escenarios que se inician en Lisboa, en la que el narrador asiste a una misa en la que se evoca a Isabel, y termina, en el noveno capítulo, en algún lugar de Italia (en el que el mandala se cierra, o cobra un cierto sentido).

¿Qué ha pasado con la mujer, quién es –en definitiva- Isabel? Tabucchi nunca lo aclara, aunque capítulo a capítulo va deshojando parte de lo que se ha escondido. Isabel, vinculada a sectores opositores a Salazar, al parecer ha simulado un suicidio para escapar de las garras dictatoriales y recibido ayuda de diversas personas para poder escapar.

El objeto del deseo

Capítulo a capítulo, los círculos van estrechándose, acercan cada vez más al “buscador” al objeto de su deseo (porque se trata, aparte de saber qué ocurrió con la mujer, intentar dar con ella, “llegar”de una manera tan íntima como definitiva).

Lo imposible parece ser el sustrato de “Para Isabel”. Lo cierto, lo sólido, la respuesta, se ubican en forma permanente en un “más allá” del texto. Como le ocurría al narrador en los libros antes apuntados.

La cuidada prosa, a veces bellísima, tantas veces marcada por la nostalgia, se reitera en “Para Isabel” donde el narrador va pasando de un personaje a otro (Mónica, antigua amiga de Isabel; Bi, la anciana que la crió; un carcelero; un sacerdote; un poeta próximo a morir; el personaje Xavier, de importante gravitación en “Nocturno hindú”) tratando de llegar a ese centro vital que tanto se demora en hacerse presente. Y al que de cierto modo arriba al final del relato, aunque el “quizás” de la historia, omnipresente, persista.

En determinados textos, Tabucchi ha logrado “continuar” la voz de su tan admirado Fernando Pessoa, a quien ha homenajeado en diversos textos y ha “buscado” en otros (especialmente en “Réquiem”). Y la palabra desasosiego, tan ligada al poeta portugués, resulta apropiada para su propia obra y para la novela rescatada. “Obsesiones privadas, pesarosas añoranzas personales que que el tiempo corroe pero no transforma, (…) fantasías incongruentes e inadecuación a lo real son los principales motores de este libro”, advierte Tabucchi en el prólogo. Es su mundo, quiere decirnos, al que ha vuelto. Y al que nos invita a recorrer otra vez, brindando así a sus lectores un inesperado y bienvenido regalo.
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Fotografías laterales: fotogramas de “Réquiem” (Alain Tanner, 1998) y de “Sostiene Pereira” (Roberto Faenza, 1995), basadas en novelas de Antonio Tabucchi.

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 “Estoy trabajando con polvillos de colores, contesté, un círculo amarillo, un círculo azul, como en una práctica tibetana, y mientras tanto el círculo se va estrechando hacia el centro, y yo intento llegar al centro. ¿Con qué objeto?, preguntó él. Yo también encendí un cigarrillo. Es muy sencillo, para llegar al conocimiento”.
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Perfil


Antonio Tabucchi nació en Pisa, Italia, en 1943 y falleció en Lisboa en marzo de 2012. Conocido sobre todo por sus trabajos sobre el escritor portugués Fernando Pessoa, enseñó Lengua y Literatura Portuguesa en la Universidad italiana de Siena. En sus últimos años residió la mayor parte en la capital de Portugal. Como novelista, alcanzó el éxito con “Sostiene Pereira” (1994), que fue adaptada al cine, al igual que otra de sus obras, “Réquiem” (1992). ”Sostiene Pereira” obtuvo los premios Campiello, Scanno y Jean Monnet. Por “Nocturno hindú” (1984) recibió en Francia el Médicis para novelas extranjeras y en España el de periodismo Francisco Cerecedo. Escritor comprometido, consiguió con su novela “La cabeza perdida de Damasceno Monteiro” (1997) la revisión del caso que aparecía en la obra, resolviendo el asesinato de un ciudadano portugués. Tabucchi también ha tocado el género epistolar, como lo demostró en “Se está haciendo cada vez más tarde” (2001). Colaboró con diversos medios, entre ellos El País y Corriere de la Sera. Obtuvo un doctorado honoris causa de la Universidad de Lieja. Otros títulos: “Piazza d’Italia” (1955); “El juego del revés” (1981); “Dama de Porto Pim” (1983); “Pequeños equívocos sin importancia” (1985); “La línea del horizonte” (1986); “Las tentaciones de Jerónimo Bosco”, “Los volátiles del Beato Angélico” (ambos de 1987); “Un baúl lleno de gente” (1990); “El ángel negro” (1991); “Sueño de sueños” (1992); “Los tres últimos días de Fernando Pessoa” (1994); “La gastritis de Platón” (1998); “Autobiografías ajenas. Poéticas a posteriori” (2003); “Tristano muere” (2004), “La oca al paso” (2006), “El tiempo envejece de prisa” (2009) y “Viajes y otros viajes” (2010). Mantuvo fuertes enfrentamientos con el gobierno de Silvio Berlusconi y sus posiciones políticas quedaron patentizadas en múltiples artículos periodísticos. Se lo consideró uno de los grandes narradores italianos del siglo XX y comienzos del presente.
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Video: Entrevista, en castellano, a Antonio Tabucchi. Video de Abraham Prudencio (27/3/2012)