viernes, 24 de abril de 2015

"Como de la familia", de Paolo Giordano. Una historia de sentimientos

"Como de la familia” (“Il nero e l’argento”), de Paolo Giordano. Salamandra, Barcelona-Buenos Aires, 2015, 139 páginas. Traducción de Carlos Mayor. En España: 15 euros. En Argentina: 135 pesos.
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“Como escritor –ha dicho el italiano Paolo Giordano- me siento un explorador. Lo verdaderamente interesante de escribir es poder explorar, profundizar en algo concreto; en mi caso, profundizar en algo que tiene que ver con el comportamiento humano”.  Esa inquietud ya reflejada en sus iniciales trabajos, vuelve a quedar expuesta en “Como de la familia”, la tercera novela del joven autor quien irrumpiera con fuerza inaudita en el panorama literario con “La soledad de los números primos”, en 2008, ficción que hablaba de los sentimientos de la pareja contemporánea, de las dificultades de comunicación. Estos temas vuelven a darse cita en su nuevo trabajo.

La exploración de los sentimientos humanos parece obsesionarlo. En este caso Giordano nos habla de una pareja joven, integrada por un joven físico y su esposa, Nora, y de las dificultades que ambos afrontan para convivir en el día a día, pero que de una manera impensada irá atemperando la señora A., mujer mayor contratada para la limpieza que de a poco se transformará en una especie de hada protectora familiar, que incidirá en sus vidas y, de manera especial, en el pequeño Emanuele, hijo de la pareja.

No se quiebra ningún secreto si agrego que el narrador y Nora se ven conmovidos porque, en el mismo comienzo del relato, ambos se enteran que la señora A., luego de haberlos atendido durante ocho años, ha fallecido luego de luchar sin suerte contra un cáncer que primero afecto sus pulmones y luego se extendió por casi todo su cuerpo.

Con su manera tan medida de narrar, Giordano habla tanto de la enfermedad de la anciana como de la crisis que afecta a la pareja, un matrimonio inestable en sus emociones y con dificultades crecientes para mantenerse unido. Tanto el narrador/esposo como Nora suelen aislarse cuando sus sentimientos quedan expuestos y, también, sensibles como son, para mostrarse fuerte el uno ante el otro.

“Rubiana –dijo Nora observando
perpleja la colina cubierta por el
bosque-. Imagínate pasar toda
la vida aquí”.

Marcadas diferencias

“Ella –ha señalado el autor al hablar de la señora A.- les mitiga la inseguridad y da la sensación de hacer las cosas bien”. Actúa como un hada benefactora y por eso la pareja la bautiza Babette, es decir tomando el nombre de la criada de dos ancianas que las protege sin que ellas se lo pidan y que llega a gastar toda su fortuna –ganada en una lotería- para ofrecerles un banquete inolvidable, según el famoso relato de Isak Dinesen.

Las marcadas diferencias sociales entre la pareja y la señora A. se manifiestan nítidas cuando, a regañadientes, los jóvenes se trasladan a Rubiana, próxima a la ciudad de Turín, donde viven, accediendo así a la invitación a comer en la casa de la fámula, en la que conserva al máximo las pertenencias de su esposo fallecido, Renato, con cuyo fantasma parece convivir.

“No estábamos acostumbrados a sentarnos en la mesa con la señora A. Aún no. A pesar del trato cotidiano, pervivía entre nosotros una relación implícitamente jerárquica según la cual, a lo sumo, mientras comíamos y hablábamos de nuestras cosas ella se quedaba de pie, ocupada en algo”, admite el personaje narrador.

Pero el “aún no” expresa la presencia de una fisura, que implica un acercamiento afectivo a la señora A. que se irá acentuando hasta que la mujer, pese a su cosmovisión conservadora que poco admite de las costumbres contemporáneas, terminará imponiendo su presencia benéfica en la vida de sus patrones.

“La llamábamos así, Babette. El
apodo nos gustaba porque sugería
cierto grado de pertenencia” (escena
de la película “La fiesta de Babette”,
dirigida por Gabriel Axel)

La cruel enfermedad

"La parte violenta del libro –precisa Giordano- es la que hace referencia al detalle médico, que he querido mostrar de forma muy precisa, de manera que acaba siendo un choque con el lenguaje sencillo y cotidiano de la señora A”. Y ha añadido: “El lenguaje médico es rígido, violento, incluso punitivo”.

El escritor turinés trasladó a la ficción un episodio real, el hecho de haber visto padecer a “una mujer muy parecida a la señora A.” la misma enfermedad. Al punto de incluir la siguiente leyenda en el libro, previo a su comienzo: “Esta novela es un fragmento de una historia auténtica y dolorosa, elaborada literariamente. Las desviaciones de la realidad no alteran de forma significativa la esencia de los personajes en los que se inspira”.

Cuando en la novela se habla de la enfermedad no hay medias tintas y por lo tanto Giordano muestra a su personaje, que ha sido siempre activo y optimista, en un retroceso inexorable, tanto físico como mental. Pero además de ser punzante con la forma como los médicos suelen tratar a sus pacientes (hay excepciones, pero en el libro no aparecen), el autor también se dedica a lanzar sus críticas a los llamados tratamientos alternativos que, por cierto, no dan resultado alguno: “Caer en la trampa de la superstición, convencerse de la existencia de un remedio fácil, era el enésimo engaño en el que el tumor había metido a la señora A.”, afirma en determinado momento el personaje/narrador.

Texto muy medido que, aunque hable de sentimientos, de emociones, nunca desborda. Sin duda Giordano ha sabido contenerse para no caer en los lugares comunes, confundiendo sensibilidad con sensiblería. Ha admitido además que su generación vive por definición una situación de inestabilidad y por eso tiene una cierta nostalgia del pasado. Pasado que contiene, refleja la señora A., que llega de otros tiempos para decirles a los jóvenes que busca proteger que la familia aún es posible. “Tenemos que reinventar ese modelo”, sugiere el autor.

“Cuando la dejamos dormía profundamente. Al salir eché un vistazo por la ventana. No me habría sorprendido distinguir, ante los bordados de la cortina y el doble cristal, a un pájaro exótico posado en el alféizar, con plumas amarillas y azules, una cola blanca de algodón y los ojos oscuros, graves pero compasivos, clavados en todos nosotros”.

Perfil

Paolo Giordano nació en Turín en 1982 y es licenciado en Física Teórica. Con tan sólo veintiséis años, se convirtió en un verdadero fenómeno editorial al publicar su primera novela, “La soledad de los números primos”, por el que recibiera diversos galardones, entre ellos los premios Campiello Opera Prima y el Strega, considerado el más importante de Italia. Su novela ha sido traducida a  diversos idiomas y llevada al cine en 2010 por Saverio Constanzo, con quien escribió el guión de la película. Ha colaborado con diversos medios de comunicación y por ese motivo viajó dos veces a Afganistán, desde donde escribió sendas crónicas sobre la guerra que allí se viene librando desde hace más de una década. De esas experiencias tomó datos para “El cuerpo humano”, su segunda novela editada en Italia en 2012. “Como de la familia”, fue publicada en su país el año pasado. Escribe en periódicos y es autor de una veintena de relatos que aún no han sido compilados en libros. Ha escrito también varios ensayos científicos, pero en la actualidad se dedica sólo a la literatura. Sigue residiendo en Turín.
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Algunos enlaces:
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Video: Entrevista de Luigi Ferraiuolo, para Televisión 2000 de Italia (3/6/2014, duración cuatro minutos; en italiano) 




sábado, 11 de abril de 2015

"Pájaro de celda", de Kurt Vonnegut. Por el Sermón de la Montaña


“Pájaro de celda” (“Jailbird”), de Kurt Vonnegut. La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2015, 256 páginas. Traducción de Carlos Gardini. En Argentina: 179 pesos.
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Kurt Vonnegut fue el irónico cronista de la desazón contemporánea. Dueño de un imbatible humor, escribió una serie de novelas que lo hicieron muy famoso en su país, los Estados Unidos, al que expuso de una manera tan exhaustiva como incómoda, porque a través de la sátira logró captar su verdadero rostro. Fama que excedió largamente a su país, dado que cobró merecido renombre universal.

La editorial argentina La Bestia Equilátera se encuentra exhumando parte de la obra de este autor fallecido en 2007. Así, luego de haber publicado “Cuna de gato”, “Desayuno de campeones” y “Payasadas”, reedita ahora “Pájaro de celda”, novela de 1979 muy marcada por lo que fue el episodio de Watergate, un hecho insoslayable de la historia contemporánea estadounidense que puso en jaque a sus instituciones y que provocara la renuncia del hasta entonces incombustible Richard Nixon.

Pero, claro, Vonnegut no fue un periodista del relato, sino un literato, de manera que sus novelas son rupturistas, incluye situaciones y personajes estrambóticos, aporta datos de crónica que superponen con otros totalmente ficcionales, incluye textos dentro del texto central (en forma de cuentos, en este caso de ciencia ficción) y la historia principal que relata es disparatada, pero también muy meditada, porque es al capitalismo y al estilo de vida norteamericano al que apunta con sus dardos más filosos.

El protagonista es Walter S. Starbuck, quien en el comienzo de la novela y a los 65 años está a punto de dejar la cárcel, donde ha sido alojado luego de haber recibido condena por ser uno de los responsables del caso Watergate, aunque esa responsabilidad fue accidental y en todo caso provocada por otros, que buscaron sacarse pruebas de encima, por las que resultó incriminado.

“El presidente (Richard Nixon) reparó en la
columna de humo que se elevaba desde mi
asiento, e irrumpió las deliberaciones para
clavarme los ojos. Tuvo que preguntarle a
Emil Larkin quién era yo”.

Después de Nixon

La historia se sitúa en un tiempo posterior al período de Nixon, cuando todo parece estar bajo el dominio de una gran corporación, la RAMJAC. Starbuck advertirá a quien lea su relato que a poco de salir de la cárcel se transformará en uno de los vicepresidentes del grupo, pero demorará en aclarar a causa de qué.

La corporación parece abarcar todos los espacios y cada una de las múltiples empresas que el protagonista cita, terminan siendo dependencias de ella, ya se trate de The New York Times o de una fábrica de comida para animales. Nada de lo que ocurre en el mundo híper capitalista en el que se mueve Starbuck y cuantos se relacionan con él, parece ser ajeno a la RAMJAC. Y nada parece que puede hacerse para huir de su influencia.

“Las empresas de RAMJAC, por su propia naturaleza, eran tan indiferentes a las alegrías y tragedias de los seres humanos como la lluvia que caía la noche en que Madeiros, Sacco y Vanzetti murieron en la silla eléctrica. Habría llovido de un modo u otro. La economía es un sistema meteorológico irreflexivo, y nada más”, escribe el protagonista.

Lo hace con tardía resignación y suma melancolía, porque cuando joven fue un idealista activo que creía que podía cambiarse la marcha del mundo, las relaciones humanas, hacer desaparecer cualquier sistema de sumisión y esclavitud. La realidad que se le presenta es distinta, aunque él admite que mantiene sus esperanzas, pese a sentirse “un imbécil” por sostenerlas.

“No hay paredes contra las cuales estrellarse, y ni siquiera hay puertas estrelladas –advirtió el crítico Leonardo Moledo cuando apareció la primera edición de “Pájaro de celda”-. Y como consecuencia para Vonnegut no hay (y aquí reside tal vez una de las claves de su obra) sentimiento trágico. Donde un personaje de Kafka se detiene ante las puertas de la ley y espera indefinidamente a que lo dejen entrar, Vonnegut improvisa una amable conversación con el guardián”.

“Todavía creo que la historia de
Sacco y Vanzetti aún puede
penetrar en la médula de las
generaciones futuras”.

El recuerdo de Sacco y Vanzetti

A su manera, en “Pájaro de celda” Vonnegut repasa los hechos más significativos registrados en los Estados Unidos durante la mayor parte del siglo XX. Así, con ironías punzantes y reiteradas, mixturando la historia general con la personal de Starbuck, en el libro se pueden leer referencias a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial, a la Gran Depresión de 1929, a las luchas sociales, a asesinatos célebres, como el de John Kennedy, y, con mayores detalles, a las ejecuciones de los anarquistas Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco (foto).

“El Departamento de Justicia elaboro listas secretas de extranjeros que no ocultaban cuán injustos, ilusos, ignorantes y codiciosos consideraban a muchos dirigentes de esta presunta tierra prometida. Sacco y Vanzetti estaban en la lista. Fueron seguidos por espías del gobierno”, recuerda Vonnegut, quien también propone que se los vea como partícipes de una iconoclasta Pasión contemporánea.

La historia con visos cómicos que cuenta el narrador respecto de Starbuck, que pasa del ostracismo a la popularidad en casi segundos y en el mismo escaso tiempo vuelve a la sombra, en un constante vaivén que habla por sobre todo de la inestabilidad de la vida, de lo poco que contamos a la hora de las decisiones.

Una mujer, que vuelve del pasado, le cambiará el rumbo, como a tantos otros y, como a tantos otros, lo imprevisible servirá para que se estrellen sus expectativas. Pero el protagonista no dejará de pensar que se trata todo al fin de un largo sueño y que, en definitiva, como ha solido decirnos Vonnegut, nunca será para tanto. Y al mismo tiempo hay que seguir luchando y creyendo. ¿Por qué? Por el Sermón de la Montaña, como expresó alguno de sus personajes. Como insistentemente expresó el mismo autor.


“Yo trataba de poner la mente en blanco, pues el pasado era bochornoso y el futuro era aterrador. Con los años me había ganado tantos enemigos que dudaba que pudiera conseguir un trabajo de barman. Cada vez estaría más sucio y más andrajoso, pensaba, pues no recibiría dinero de ninguna parte. Daría con mis huesos en un bajo fondo y aprendería a combatir el frío con vino, pensaba, aunque nunca me había gustado el alcohol”.

Perfil

Kurt Vonnegut Jr. nació en Indianápolis en 1922 y falleció en Nueva York en 2007. Realizó estudios de química en la Universidad de Cornell, los que tuvo que interrumpir para unirse al ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945 presenció como prisionero de guerra la matanza de cientos de miles de civiles en el bombardeo de Dresde. Esta experiencia lo marcó para siempre, tanto como el suicidio de su madre y la muerte de su hermana, para quien decía que escribía. Publicó libros de ensayos y de cuentos y obras de teatro, pero es en sus novelas donde Vonnegut mejor se expresa. Su primer libro fue “La pianola”, al que le siguió “Las sirenas de Titán” (1959) para dar paso luego a la serie de novelas interrelacionadas por temas y personajes: “Madre noche” (1961), “La cuna del gato” o “Cuna de gato” (1963), “Dios lo bendiga, Mr. Rosewater” (1966) y “Matadero 5” (su novela más famosa, de 1969). “Desayuno de campeones” (1973) fue un parteaguas (antes y después) en su obra. Luego vendrían “Payasadas” (1976), “Pájaro de celda”· (1979), “Buena puntería” (1982), “Barbazul” (1987) “Hocus Pocus” (o “Birlibirloque”,1990) y “Timequake” (su última novela, de 1997). Entre los libros de cuentos del autor se destacan “Bienvenidos a la casa del mono” (1968) y los póstumos “Mire el pajarito” (2009), “Mientras los mortales duermen” (2011) y “La cartera del cretino” (2013). Entre sus libros de ensayos deben ser mencionados “Guampeteros, fomas y granfalunes” (1974) y “Un hombre sin patria” (2005). Se han hecho varias películas y series de televisión basadas en sus ficciones.
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Algunos enlaces:
En inglés:
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Video; “Kurt Vonnegut – So it goes”. Documental de BBC Arena, en ingles y traducido al italiano. 1983. Duración una hora.



sábado, 4 de abril de 2015

"Como la sombra que se va", de Antonio Muñoz Molina. El encuentro de dos vidas


“Como la sombra que se va”, de Antonio Muñoz Molina. Seix Barral, Barcelona, 2014 – Buenos Aires, 2015,531 páginas. En España: 21,90 euros. En Argentina: 249 pesos.
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“Uno sigue queriendo imaginar. La literatura es querer habitar en la mente de otro, como un intruso en una casa cerrada, ver el mundo con sus ojos, desde el interior de esas ventanas en las que no parece que se asome nunca nadie”, escribe el español Antonio Muñoz Molina en “Como la sombra que se va”, una audaz exploración en torno a la literatura, una confesión personal y, al mismo tiempo, un intento “detectivesco” de calar en la personalidad de James Earl Ray, el asesino de Martin Luther King. Asesinato imperdonable, del que hoy se cumple un nuevo aniversario.

La génesis de este arduo trabajo, que al principio puede confundir al lector, habla de una soledad absoluta, la de Ray, que buscó en Lisboa una suerte de puerta para poder pasar a África y allí esfumarse, mientras era perseguido por miles de policías del mundo entero. Y también indagar en lo que fueron los escasos días que pasó el propio autor en la capital portuguesa, mientras intentaba encontrar el sentido de que debía tener su novela por entonces en gestación, él también viviendo su desconcierto y su soledad.

De manera que por una parte, la novela se desliza hacia lo autobiográfico (la “autoficción”, hoy tan en boga) y por la otra trata de seguir las huellas y de cierto modo la forma de actuar y ver de Ray, especialmente en esos diez días (8 al 17 de mayo de 1968) que pasó en Lisboa, a la que llegó a causa de su ignorancia, de sus lecturas infantiloides, de su nula interpretación del mundo.

Ray, después de confesarse autor único del magnicidio, en determinado momento dio marcha atrás y contó una historia fabulada, según la cual otro habría sido el autor del asesinato de King (un fantasmal hombre llamado Raoul), pero nunca pudo comprobarse nada de lo que afirmaba, de manera que fue recluido de por vida hasta que murió en la cárcel en 1998.

“Habría bastado fijarse un poco para advertir su
singularidad, no por un rasgo que destacara en él
sino por algo que no llegaba a saberse lo que era,
un aire de extranjería, una soledad tan definitiva
como la de un animal o una estatua” (James Earl
Ray, al ingresar a la cárcel)

Una gran ignorancia

Aún hoy no está demasiado claro por qué, siendo Ray un prófugo de la justicia, se arriesgó tanto para trasladarse a Memphis, comprar un arma previamente, y asesinar al gran líder negro, para después emprender una huida alocada que lo hizo atravesar varios estados de los Estados Unidos, pasar a México, ir a Canadá, trasladarse a Londres, más tarde a Lisboa y nuevamente a la capital británica, donde terminó siendo arrestado.

Las teorías conspirativas abundaron, abundan y abundarán, especialmente si se toma en cuenta de que en los ’60 Estados Unidos se vio sacudido por los magnos crímenes que hasta la fecha siguen teniendo explicaciones vidriosas. Me refiero a los asesinatos de los hermanos Kennedy, al de Malcolm X y al de King, por citar a las muertes más relevantes en un país donde los estratos reaccionarios tenían y mantienen mucho poder.

En el supuesto de que Ray haya actuado solo y que únicamente por su particular odio racista haya maquinado el magnicidio, su actitud debería ser atribuida antes que nada a su gran ignorancia. Así, Muñoz Molina nos dice que Ray no terminaba de entender que se hubiese producido tanto alboroto si, al fin y al cabo, “sólo había matado a un negro”.

Esa ignorancia es la que explica que se haya dirigido a Lisboa, con la intención de “saltar” a África y allí esfumarse en forma definitiva, sin saber que allí no se hablaba inglés. Por lo tanto, en los diez días que permaneció en la capital lusitana sólo pudo tener contactos con prostitutas y borrachos, mientras gastaba el escaso dinero que llevaba consigo.

Ray fue un hombre profundamente solitario, alguien que no sabía bien qué hacer consigo mismo. Intentó diversos oficios, pero no practicó ninguno. Su vida fue monótona, realizó robos de poca monta y su existencia habría quedado sepultada en el olvido de no haber sido considerado el autor del asesinato de King. Vida que bien rescata Muñoz Molina, quien hizo una reconstrucción detallada, y muy vívida, de lo que fue la huida de Ray, especialmente en esos diez días que pasó en hoteluchos de Lisboa, desconcertado, como imposibilitado de hacer pie sobre la tierra.

“El tranvía 28 aparece doblando una esquina al fondo
de la Rua da Graça. Visto de frente es más alto y más
estrecho, como alzado sin peso sobre los rieles”

El segundo desconcertado

Lisboa fue también el lugar que buscó el mismo Muñoz Molina para encontrarle un cierto rumbo a su existencia. Era el año 1987 y el escritor, radicado entonces en la ciudad de Granada, donde cumplía tareas administrativas que le resultaban muy insatisfactorias, lidiaba con la que después sería su novela “El invierno en Lisboa”, que iba a volverlo famoso y cambiaría su vida. Pero cuando viajó a la capital de Portugal por cierto que lo ignoraba. Como ignoraba qué pasos dar respecto de su vida y sus proyectos.

“Había terminado un capítulo con la palabra Lisboa y no era capaz de empezar el siguiente”, comenta el novelista. Sin conocer la capital lisboeta había decidido ambientar su historia en esa ciudad, de ahí que casi de un día para el otro decidió hacer un viaje corto, de apenas tres jornadas, en el primer día del año 1987, sabiendo que dejaba a su mujer con su segundo hijo recién nacido. Fue una suerte de huida hacia un lugar que no dejó de ser de ensueño, a lo cual contribuyeron el cansancio y la ingesta de bebidas.

El maduro escritor de hoy intenta comprender, en términos conceptuales y literarios, al joven que fue y si bien no lo exculpa tampoco lo condena. Fue en 2012, cuando volvió a Lisboa, esta vez para visitar a su hijo radicado en Portugal (el mismo hijo recién nacido en 1987) que tuvo la “revelación” de escribir sobre ese pasado. Y de escribir sobre Ray, tan confundido como el mismo autor, que trató de encontrar en Lisboa una vía de escape, en su caso sin lograrlo.

En cuanto al pasado de Muñoz Molina, no intenta quedar bien parado (“ahora es cuando siento vergüenza”, escribe), pero rescata momentos fundamentales, que van desde su amor por el jazz y sus intérpretes, al único –e inolvidable- encuentro que mantuvo con Onetti, su historia de relación con su actual mujer, Elvira Lindo, a su mala relación con el alcohol. Y varias más. El buen estilo del escritor (Pablo De Santis acierta al hablar de su prosa reflexiva y melancólica) hace muy llevadera esta doble historia que admite sutiles puntos en común y que el lector debe encontrar y desentrañar.

“Mientras se afeitaba había sido capaz de mirarse sin remordimientos ni vergüenza en el espejo del cuarto de baño, sin ver en él la cara de un impostor, un pecador devorado por deseos ilícitos, el libertino de las murmuraciones y los chantajes de sus enemigos, los agentes del FBI que ahora mismo, probablemente, en una furgoneta estacionada cerca del motel, estaban escuchando lo que sucedía en la habitación con sus micrófonos ocultos”.


Martin Luther King Jr. muere a los 39 años, cuando era vigilado y sus ideas se habían radicalizado, por lo que perdía apoyos de determinados sectores y ganaba los de otros, entre ellos los de quienes se oponían a la guerra que se libraba en Vietnam. Es comprensible que aún hoy la familia del líder asesinado, y muchos otros, crean que hubo una conspiración y que Ray no haya sido su matador. Éste durante años, en la cárcel, intentó demostrar su inocencia, sin lograrlo. Muñoz Molina no llegó a esas conclusiiones “Las evidencias no avalan esas tesis”, sostiene.
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Perfil

Antonio Muñoz Molina cursó estudios de periodismo en Madrid y se licenció en historia del arte en la Universidad de Granada. Ha reunido sus artículos, reconocidos en 2003 con los premios González-Ruano de Periodismo y Mariano de Cavia, en volúmenes como El Robinson urbano (1984). Su obra narrativa comprende Beatus Ille (1986), El invierno en Lisboa (1987; Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura, ambos en 1988), Las otras vidas (1988), Beltenebros (1989), El jinete  polaco (1991; Premio Planeta en 1991 y Premio Nacional de Literatura en 1992), Los misterios de Madrid (1992), Nada del otro mundo (1993, reeditado en 2011), El dueño del secreto (1994), Ardor guerrero (1995), Plenilunio (1997), Carlota Fainberg (2000), En ausencia de Blanca, Sefarad (ambos de 2001), Ventanas de Manhattan (2004), El viento de la Luna (2006), La noche de los tiempos (2009) y Como la sombra que se va (2014). Publicó los ensayos Córdoba de los Omeyas (1991), La verdad de la ficción (1992), Pura alegría (1998), José Guerrero, el artista que vuelve (2001), El atrevimiento de mirar (2012) y Todo lo que vuelve (2013). Ha recibido entre otros los premios Príncipe de Asturias, de la Crítica, Planeta, Líber, Jean Monnet de Literatura Europea, Prix Méditerranée Étranger, Jerusalén y Qué Leer. Desde 1995 es miembro de la Real Academia Española. Vive en Madrid y Nueva York y está casado con la escritora Elvira Lindo. Sus novelas “El invierno en Lisboa”, “Beltenebros” y “Plenilunio” fueron llevadas al cine en España.
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Video: Entrevista a Antonio Muñoz Molina efectuada por el programa “Página 2”, de Televisión Española (30/11/2014, duración 9 minutos)