viernes, 29 de mayo de 2015

"Bacacay", de Witold Gombrowicz. El humor, el juego, la parodia

Gombrowicz con su mujer, Rita Labrosse, y el perro Psina en Vence, Francia, 1967

“Bacacay”, de Witold Gombrowicz. El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2015, 232 páginas. Traducción de la edición original: Sergio Pitol. Traducción de cuentos añadidos e inéditos: Bozena Zaboklicka y Pau Freixa. En Argentina: 198 pesos.
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Luego del rescate de “Ferdydurke”, la novela central del polaco Witold Gombrowicz, la editorial argentina que se ha propuesto publicar la totalidad de su obra prosigue con su propósito al reeditar “Bacacay”, cuentos escritos en su gran mayoría en la década de 1930 y que el propio autor recopilara en los años ’50. En la edición argentina se incorporan otros tres textos, también de la misma época, que hasta ahora no habían sido recogidos en libro.

“Al leer hoy esas lejanas novelitas –expresó Gombrowicz poco antes de morir- me digo: ¡vaya, pues no dejan de tener su riqueza! Vibran con cortocircuitos sorprendentes, con visiones inesperadas, bullen de humor y de juego…”.

No le faltaba razón. Sus cuentos son inaugurales y –hoy diríamos- ajenos a lo políticamente correcto. Son cuentos corrosivos, agresivos además de “juguetones” y fieles a su premisa central: expresarse de todas las formas posibles contra lo instituido. Eróticos sin declararlo explícitamente (salvo en “La virginidad”, uno de sus relatos más logrados), agresivos a su manera y enfrentados al mundo conservador en el que el propio Gombrowicz se movía, en la Varsovia de entreguerras.

Un joven que no puede dejar de bailar ante un famoso abogado, un hombre de escasos recursos que asiste al banquete de una condesa que deviene en orgía gastronómica, un burgués que no puede reprimir su amor por las criadas, un hombre embarcado en un peligroso viaje en buque, otro que vive extrañísimas aventuras mientras su vida peligra, un gigante derrotado por una rata, un policía que investiga una extraña muerte… Tales, algunas de las anécdotas de los cuentos incluidos en este libro, historias que refieren al absurdo, otra piedra basal de y en la obra de Gombrowicz.


“Transcurridos cuatro años
pasea ahora de nuevo con
su prometida por los
senderos del parque”

Una virgen inquietante

La virtud central de “La virginidad”, uno de los mejores cuentos de Witoldo, es la de haber sabido narrar las inquietudes profundas de una joven virgen, absoluta ignorante de las relaciones sexuales, apelando a situaciones casi irracionales, que despiertan en ella sensaciones y actitudes insospechadas.

La ingenuidad absoluta de Alicia, la protagonista, queda demostrada cuando no entiende por qué su prometido Pablo le pide la mano. “¿No va a pretender que me corte una mano?”, llega a preguntar, asustada. Pero esa ingenuidad se quiebra cuando un pordiosero le tira una piedra que, aunque le produce dolor, también la hace sonreír.

De ahí en más se desatarán en ella inesperadas perturbaciones que no puede sofrenar y que le generan reacciones impensadas, como robar una cuchara y esconderla y hacerle preguntas a su madre, relacionadas –entre otras cuestiones- con la desnudez y la inmundicia.

Pablo, que ha hecho suyas las palabras de Chateaubriand (“la virginidad asciende del ser más bajo en la escala biológica y llega al hombre, y del hombre salta a los ángeles y de los ángeles a Dios”), idolatra a Alicia, por lo que no puede entenderla cuando ella le hace una invitación particular que habla de sus deseos más recónditos, de su explícita carnalidad.

“El banquete revistió todo
el esplendor imaginable y
rozó las esferas sublimes”

El banquete real

En una determinada monarquía, el rey celebrará sus esponsales con la archiduquesa, para lo que se dispone la realización de un espléndido banquete. Pero cuando se está en sus preparativos, el rey –demostrando su impudicia- reclama un pago, un soborno que sobresalta a sus súbditos inmediatos, empezando por el viejo Canciller. Éste comprende que el rey, al exhibirse corrupto ante la duquesa puede hacer peligrar al mismo reino. Entonces propone “enclaustrar al Rey en el Rey”, es decir, evitar que se desmadre, que pierda entidad ante su prometida.

El banquete se llevará a cabo pero, por indicación del Canciller, cada una de las acciones del rey deberá ser imitada por la concurrencia, por lo que de ahí en más habrá un in crescendo de actos cada vez más irracionales, producidos por el monarca para diferenciarse de su corte y al mismo tiempo copiados por ella para que el rey, y con él reino, no se derrumbe.

Como dije, “La virginidad” es un gran relato y “El banquete” también lo es y por eso me he detenido en ellos, pero Gombrowicz está también muy bien representado, en cuanto a su pluma, a su escritura tan personal, y a su filosofía, en otros textos, tales como en ““El bailarín del abogado Kraykowsky”, “El festín de la condesa Kotlubaj” o “En la escalera de servicio”. Por otra parte, los cuentos inéditos rescatados, sin ser obras cumbres, complementan muy bien la fértil primera etapa creativa del autor escrita en su casi totalidad en Polonia, es decir antes de que se radicara en Buenos Aires, donde vivió 24 años.

“Lo que yo me propongo en mis obras es quizá sencillamente debilitar todas las construcciones de la moral premeditada, a fin de que nuestro reflejo moral inmediato, el más espontáneo, pueda manifestarse”, expresó el gran escritor. Estos cuentos son una fiel expresión de su ideario.
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Sobre el título: Cuando Gombrowicz resolvió recopilar sus cuentos lo llamó “Bakakaï”, por razones fonéticas, en homenaje a la calle Bacacay de Buenos Aires donde vivió en una casa de pensión. El nombre recuerda a una batalla entre las tropas argentinas (del Río de la Plata) y las del imperio de Brasil. La editorial que está recuperando su obra resolvió “rebautizarlo” con el nombre correcto de la citada calle porteña.
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Los cuentos completos. De “Memorias del tiempo de la inmadurez” son los cuentos “El bailarín del abogado Kraykowsky”, “El diario de Stefan Czarniecki”, “Crimen premeditado”, “El festín de la condesa Kotlubaj”, “La virginidad”, “En la escalera de servicio” y “Aventuras”. Los cuentos posteriores a ese libro, incorporados por Gombrowicz a “Bacacay”, son: “Acerca de lo que ocurrió a bordo de la goleta Banbury” (1932), “La rata” (1937) y “El banquete” (1946). Por último, los inéditos ahora publicados se titulan “El drama de los señores barones” (1933), “El pozo” (1935) y “Pampelan en el parlante” (1937).

“La parodia me permitió liberar a la Forma, alejarla de la pesadez, lanzarla al espacio puro, donde se volvió ligera, audaz y reveladora. Hay que añadir que a la sazón yo ignoraba la existencia de Joyce y de Kafka, el surrealismo me era prácticamente desconocido y tenía unas nociones muy vagas de Freud. Si pude captar algo de todo eso, fue sólo en la medida en que estaba en el aire, en las conversaciones y hasta en los chistes. El aparato formal que yo había puesto en movimiento era en buena parte de mi propia cosecha”. De “Testamento. Entrevistas con Dominique de Roux” (Anagrama, 1968). También en “Lo humano en busca de lo humano. Conversaciones con Dominique de Roux” (Siglo XXI, 1970).

En el blog:


miércoles, 20 de mayo de 2015

"El invierno del lobo", de John Connolly. Otra terrible historia del detective Charlie Parker

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“El invierno del lobo” (“The Wolf in Winter”), de John Connolly. Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2015, 424 páginas. Traducción de Carlos Milla Soler. En España: 19,90 euros. En Argentina: 239 pesos.
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John Connolly regresa con una nueva historia del detective Charlie Parker, la 13ª de la serie, ambientada otra vez en el estado de Maine, elegido por el autor irlandés para que su personaje viva experiencias intensas que muchas veces lo han llevado al borde mismo de la locura.

Eso ocurre porque, al tiempo de investigar crímenes y delitos conexos, Parker se sumerge en el territorio del Mal, que no puede eludir porque fuerzas oscuras lo buscan y provocan. En ese sentido, Connolly ha sabido equilibrar y conciliar, como pocos, dos géneros que no suelen convivir en armonía: el policial y el de terror.

En sus mejores momentos, el autor de “Todo lo que muere”, ha demostrado virtudes narrativas poco habituales. También, una extrema habilidad para contar “en simultáneo” una historia policial negra y clásica y otra, paralela, relacionada con ángeles caídos, dioses vengativos y coléricos y situaciones aterradoras, al estilo de Stephen King.

En su anterior novela, “La ira de los ángeles”, esa división se encontraba menos disimulada, pero en la nueva, “El invierno del lobo” (un texto muy atractivo, si se aceptan las reglas de juego que propone el autor), ha vuelto a sus mejores registros, entre los cuales no resulta para nada menor su cuidada escritura.

“El lobo era un macho joven,
solo y dolorido. Le sobresalían
las costillas bajo el pelaje”.

En un territorio hostil

El “policial” tiene que ver con la muerte de un indigente y la desaparición de su hija. Jude, el indigente, aparece muerto, colgado de una viga, en Portland. Era un hombre que registraba un inusitado nivel cultural para alguien que vivía en la calle y, por lo que se pudo saber, estaba preocupado porque su hija, Annie, había desaparecido y trataba de buscarla. Sin embargo, al aparecer colgado la policía estima que se ha suicidado. Pero no es eso lo que piensa Parker, quien había tenido a Jude como a uno de sus informantes confiables.

Y el detective llega a esa conclusión porque se entera de que el propósito de Jude era ubicarlo y, eventualmente, contratarlo –aunque no contaba con dinero suficiente- para que encontrara a Annie, Parker se involucra en el caso y decide seguir el derrotero que condujo a Jude hasta un pueblo de Maine, rico, aislado y –a la postre- extraño: Prosperous.

Pero Prosperous, especialmente sus habitantes más antiguos y conspicuos, tiene sus reglas, una de las cuales (la más extrema) es que nadie debe meter las narices donde no es convocado. Y dado que el investigador las mete, y cómo, esos mismos directivos deciden tomar medidas.

No estamos cometiendo infidencias innecesarias, porque se lo señala expresamente en contratapa: “Los habitantes de Prosperous perciben en él (Parker) una amenaza peor que cualquier otra en su larga historia. Y han decidido que Charlie Parker muera para que el pueblo de Prosperous sobreviva”.

"La iglesia, con muros de piedra
gris toscamente labrada, era aún
más pequeña y más primitiva
de lo que yo preveía” (iglesia
antigua en Maine)

El otro lado

Hasta ahí lo que se puede contar, puesto que aquello que sigue en la historia es el nuevo misterio que Connolly propone a sus lectores, es decir, la presencia omnipresente del Mal, las viejas leyendas que recobran vida, las creencias fanáticas que se traducen en muertes.

En simultáneo, persiste la probabilidad de que las mentes trastornadas generen hechos violentos como producto directo de sus creencias extremas. Se ve lo que se quiere ver y quizás el pueblo vea, y crea, lo que dictan los razonamientos producto del fanatismo, de las creencias más delirantes.

Parker no lo entiende así. Tampoco los seres extraños que lo acompañan en sus historias, como el Coleccionista, un “vengador” insaciable que es también enemigo del detective. Ni menos Louis y Angel, los “custodios” de Parker que en esta historia llevan adelante lo que éste, por determinadas razones, no puede concretar.

Cuando se lee a Connolly (como cuando se lee a King o al gran maestro Lovecraft), es conveniente que el lector suspenda su incredulidad y se deje llevar por la imaginación del autor y aceptar las referidas reglas de juego, según las cuales el mundo nuestro de todos los días tiene un “otro lado” siniestro, acerca del cual Connolly -y, especialmente, Parker- conocen de manera considerable. Y el autor sabe transmitir con mucha elocuencia.
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Una curiosidad: con historias, intenciones y ambientes muy distintos, Connolly y la novelista norteamericana Sue Grafton han pergeñado dos personajes extremadamente parecidos: el Jude de Connolly y el “sin techo” de la más reciente historia de Kinsey Millhone, “Whisky”. Ambos personajes son extrañamente cultos, de compleja personalidad y los dos, antes de morir, han tenido la intención de buscar y contratar a los detectives que animan dichas historias. Como las novelas han salido prácticamente en simultáneo, corresponde sólo hablar de coincidencias asombrosas y no de imitaciones premeditadas.


“Me echaba ya cuerpo a tierra cuando me alcanzó el primer disparo de escopeta y los perdigones me arrancaron la piel de la espalda, el pelo del cuero cabelludo, la carne de los huesos. Sentí ardor”.

En el blog

jueves, 14 de mayo de 2015

"La apicultura según Samuel Beckett", de Martin Page. Una propuesta inquietante

LOS INVITO A VISITAR MI PÁGINA WEB, DONDE SE REPRODUCEN LOS COMENTARIOS DEL BLOG Y SE INCLUYEN OTRAS SECCIONES.

ENTRE ELLAS SE ENCUENTRA UN ESPACIO PARA MIS RELATOS. HE INCLUIDO ENTRE ELLOS EL INÉDITO "EL NÚMERO 223", QUE TAMBIÉN HE GRABADO Y PUEDE ESCUCHARSE EN EL MISMO APARTADO.

MI RECONOCIMIENTO A GERARDO MORÁN, POR LA ATENCIÓN QUE BRINDA A LA PÁGINA Y A MIS TRABAJOS.

POR OTRA PARTE, QUIERO AGRADECER A LOS INTERNAUTAS QUE VISITAN EL BLOG, VISITAS QUE HAN SUPERADO LAS 2000 DESDE QUE "NOTICIAS DESDE EL SUR" SE ENCUENTRA EN BLOGGER.


“La apicultura según Samuel Beckett” (“L’Apiculture selon Samuel Beckett”), de Martin Page. Edhasa, Buenos Aires, 2015, 123 páginas. Traducción de Horacio Pons. En Argentina: 135 pesos.
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Ha sido escasa, hasta ahora, la difusión en nuestro idioma de la obra narrativa del escritor galo Martín Page, autor de una veintena de libros de ficción, obras de teatro y guiones de cine. Sería bueno que se lo difunda más, porque su mundo creativo es muy rico, dotado de originalidad y humor, tal como lo demuestra “La apicultura según Samuel Beckett”, novela corta publicada hace dos años en Francia.

Page, con bastante audacia, cuenta en términos de un aparente diario personal el encuentro que durante cuatro meses mantuvo un joven estudiante de antropología con el gran Samuel Beckett a quien asistió en la organización de sus archivos.

Sin embargo, en el prólogo se pone en duda que tal relación haya existido, como lo asegura un tal profesor Fabián Avenarius, de la Universidad de Reading, donde se conservarían archivos del autor de “Esperando a Godot”. En consecuencia, desde el mismo comienzo Page nos advierte sobre la ambigüedad esencial de su propio relato.

En cuanto a la novela en sí, el “diario” va contando las impresiones del joven estudiante sobre los diversos encuentros que va manteniendo con el gran autor irlandés radicado en París y que se produce entre junio y septiembre de 1985. Page ha recordado en diversas entrevistas, que Beckett fue leyenda en vida y lo sigue siendo aún en la actualidad. Con este libro ha buscado “desestructurarlo”, hablando de un hombre pleno, humorístico, irónico, que rehúye el contacto con el mundo precisamente para evitar su propia canonización.

“Hay algo de perturbador
 en frecuentar a Beckett
y comprobar que es una
persona normal”.

Los falsos archivos

Decidido a desmitificar, a “jugar” con sus semejantes, como su asistente concluye muy rápido el trabajo encomendado, Beckett le propone continuarlo, pero haciendo algo distinto, incorporando elementos falsos a los archivos: “Hay que tomar a los archivos como una ficción construida por un escritor y no como la verdad”, dijo. “¿Y qué nos dice esa ficción? Ese es el trabajo de los investigadores” (p.26).

De esa manera y de otras, análogas, Page retrata a Beckett como un hombre muy vital, habitualmente mal entrazado, incluyendo el uso de una larga barba, dispuesto a las bromas y preocupado por cuestiones que podrían ser consideradas banales, como lo es hecho de mantener colmenas de abejas en la terraza del edificio donde vive, a las que brinda extremo cuidado.

Si bien el autor se tomó libertades para dibujar a “su” Beckett, sin duda tomó en cuenta opiniones concurrentes de quienes lo conocieron en la intimidad, como Phillip Sollers, quien en un libro expresó que el autor de “Molloy” era todo lo contrario a “una esfinge o a una momia impasible, un esqueleto nihilista, una abstracción fría e inhumana, un santo al revés”.

En el texto no hay apelaciones a la biografía de Beckett, que se sabe fue plena de detalles, ya se hable de su forma “arisca” de relacionarse con el mundo, su vida amorosa (tuvo relaciones simultáneas con dos mujeres hasta sus últimos años) o de la repercusión mundial de su gran obra dramática o de las sólidas ficciones que también escribió.

Beckett interpretado por presos,
en este caso internos venezolanos
en una representación de
“Esperando a Godot” (foto de
El Universal, de Caracas)


Representaciones carcelarias

En su “diario”, el asistente cuenta cómo Beckett se interesó en la representación de “Esperando a Godot” que se lleva adelante en una cárcel de Suecia, con internos del lugar. En realidad, Page replica un hecho que efectivamente ocurrió, pero en San Quintín, famosa cárcel californiana, en la década de 1960, episodio en el que el dramaturgo estuvo muy involucrado.

En este caso, Beckett se maneja con una intensa correspondencia. La famosa obra representada en prisión lo lleva a reflexionar sobre el teatro que ven las clases acomodadas y el que, de manera muy escasa, llega a los sectores más marginados. Así el asistente cuenta que su admirado escritor “lamentó que los pobres solo tuvieran contacto con el teatro cuando están encerrados: en escuelas, prisiones, hospitales psiquiátricos. Como si hiciera falta un público cautivo que no pudiera escaparse. Esa situación no lo satisfacía”.

Page nos dice a través de su personaje que se ha propuesto, mediante el “diario”, obrar como “un antídoto contra la amnesia” porque se dice a sí mismo que a través de las páginas escritas podrá volver a estar con Beckett cuando quiera, “caminar por París con él, oírlo hablar”. Tratar de recordar sus ideas, muchas veces enfrentadas al propio Sistema.

Pequeña, pero efectiva ficción, “La apicultura según Samuel Beckett” es una propuesta que va más allá del intento de desmitificación apuntado, porque en pequeñas dosis el autor, a través de sus personajes, reflexiona sobre la creación, el arte, la misma sociedad en la que vive. Una propuesta atractiva e inquietante.

“Quienes conocen verdaderamente a Beckett saben que es muy diferente a la imagen seria en blanco y negro que deja ver al mundo. Todo está perfectamente pensado, me dije: construía una imagen estereotipada del ‘Samuel Beckett escritor’”.

Perfil


Martin Page nació en 1975. Estudiante de antropología, ha escrito trece novelas, nueve libros infanto-juveniles y otras dos novelas, del género fantástico, firmadas con el seudónimo de Pit Argamen. Entre sus novelas se destacan “Cómo me he vuelto estúpido” o “Cómo me convertí en un estúpido” (2000, traducida a veintitrés idiomas), “Uno se va acostumbrando al fin del mundo” (2005). Estas dos ficciones, junto con “La apicultura según Samuel Beckett” (2013, ganadora del premio Salon du Livre de Chaumont), son hasta ahora las únicas traducidas al castellano. “Peut-être une histoire d'amour” (2008), fue seleccionada para el Premio Renaudot.
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Algunos enlaces:
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Videos: Como por razones técnicas no se pueden subir a este blog videos de Martin Page “protagonizando” acciones de Locomotion o de animación, consigno a continuación los links respectivos (muy recomendables):




domingo, 3 de mayo de 2015

"La habitación de Nona", de Cristina Fernández Cubas. Lo que se dice y lo que se oculta


“La habitación de Nona”, de Cristina Fernández Cubas. Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2015, 186 páginas. En España: 17 euros. En Argentina: 199 pesos.
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Después de varios años, con “La habitación de Nona” la española Cristina Fernández Cubas ha vuelto al género por ella preferido, el cuento. Estamos ante una autora que sabe seducir con sus relatos, historias sólidas y considerablemente convincentes.

Aunque son diversos los personajes que aparecen en sus seis nuevos textos, suelen ser las niñas y/o las adolescentes quienes “abren la puerta” al misterio, a aquello que se esconde, o puede esconderse, tras la apariencia de lo normal. Es factible hablar de los temas que aborda la autora, pero al hacerlo conviene andar con cuidado para no dar pistas innecesarias, dado que lo central es lo que no se debe contar y tiene que descubrir el lector.

Así planteadas las cosas, digamos que “La habitación de Nona” relata la difícil relación de dos hermanas. “Hablar con viejas” se detiene en la situación de una mujer madura que, por encontrarse en una situación económica desesperada, puede tomar decisiones muy perjudiciales. “Interno con figura” muestra a la propia autora visitando una exposición pictórica en la que un cuadro da lugar a una historia posible. Y terrible.

“El final de Babro” se detiene en la relación de tres hijas con la mujer elegida por su padre en sus últimos años de vida. “La nueva vida” vincula el presente de una mujer solitaria con su pasado, amoroso y vital. Por último, “Días entre los Wasi-Wano” narra el complejo vínculo que se establece entre tío y sobrina.

“El cuadro encierra una
historia que probablemente
nunca desvelemos” (“Interno
con historia”, de Adriano Cecioni)

Un cuadro inquietante

Aunque Fernández Cubas eligió “La habitación de Nona” como el cuento por excelencia de la serie dado que da título al libro, me inclino –en cuanto a calidad y a la inquietud que genera- por “Interno con historia”, cuyo disparador es el cuadro del mismo nombre del italiano Adriano Cecioni, que ilustra el volumen y fuera expuesto en Madrid dos años atrás, junto con otros procedentes también de Italia, más concretamente de Florencia, y que representaban a los llamados “macchiaoli” o manchistas, una escuela pictórica de mediados del siglo XIX.

En clave autobiográfica, la narradora cuenta su visita a la muestra. Al describir el cuadro afirma que genera en el espectador una cierta perturbación aunque sólo muestre a una niña arrodillada al lado de una cama. Sin embargo, la obra es ambigua y sobre el particular señala: “Si nos fijamos mejor ya no diremos que la niña está arrodillada o en cuclillas, sino agazapada. O, mejor, escondida. Como si tuviera miedo”.

Pero la historia no se detiene allí, sino que prosigue cuando siete días más tarde la narradora, que se encuentra circunstancialmente en Madrid, vuelve a visitar la muestra coincidiendo con una delegación escolar. Sus integrantes, niñas y niños, observan el cuadro y dan sus interpretaciones,  intrascendentes, hasta que uno de los escolares, una niña, ofrece una versión distinta que a todos altera, especialmente a la autora.

“Yo creo que la cotidianeidad no es tan apacible como parece”, manifestó Fernández Cubas en reciente entrevista. Este cuento lo certifica: la muestra pictórica da lugar a “algo más” que emerge de pronto con la declaración de la pequeña escolar. Y con lo que acontece luego cuando se produce un accidente que puede ser algo circunstancial, impremeditado, o resultar algo distinto, concatenado y ominoso, que la autora imagina pero no puede comprobar.

“Su marido me ha precedido.
Pero como físico usted sabrá
que para mí no existe pasado
ni presente” (Albert Einstein)

La anulación del tiempo

Un cuento donde no hay menores es “La nueva vida”, en el que autora se expone de manera audaz, exhibiendo sus emociones porque narra el reencuentro presunto no sólo con su pasado sino también con sus fantasmas personales, especialmente con quien fue su pareja, muerto años atrás.

Con sus sentimientos a flor de piel, relata un presunto reencuentro, a la distancia, con quien fuera su amado y un amigo de ambos. Einstein fue quien habló de la anulación del presente y el pasado y a él se aferra para explicar lo inexplicable.

Esta breve y sensible ficción es también una exhibición de habilidad para volverse “creíble” al hablar de un mundo inasible. Historias de sentimientos que también informa a “La habitación de Nona”, un texto que mantiene al lector en un error que únicamente quedará explicado en su final. Y que lleva a reflexionar sobre lo leído, quizás a releerlo, pero sin duda a replantearse cuanto se había venido interpretando respecto de toda la historia.

Cuentos diferentes entre sí, cargados de imaginación, algunos con reminiscencias de Poe, otros de Cortázar, Fernández Cubas ha hecho suya la idea de Bioy Casares quien afirmaba con razón que escribir es agregar un cuarto más a la casa de la vida (“sólo que mis habitaciones tiene altillos, espejos y arcones de doble fondo”). Conviene leer a esta autora, seguirla en su rico devenir imaginativo, tomando como guía lo que también ha expresado: “Importa lo que se dice y lo que se oculta”.


“Al principio se me hizo raro. Entrar sin llamar. Todos en casa nos habíamos acostumbrado a golpear con los nudillos, aunque empujáramos enseguida la puerta sin esperar respuesta. Por eso invariablemente sorprendíamos a Nona. Distante, ensimismada, perdida en su mundo secreto. Pero hoy era distinto. Nadie vigilaba el santuario, así que entré sin llamar”.

Perfil

Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar (Barcelona, España) en 1945. Es autora de cinco libros de relatos (“Mi hermana Elba”, “Los altillos de Brumal”, “El ángulo del horror”, “Con Agatha en Estambul” y “Parientes pobres del diablo”, que fueron compilados en “Todos los cuentos”, de 2008), dos novelas (“El año de Gracia” y “El columpio”), una obra de teatro (“Hermanas de sangre”) y un libro de memorias narradas, “Cosas que ya no existen”, títulos que han sido bien recibidos por crítica y público. Escribió también una biografía sobre Emilia Pardo Bazón y con la firma de Fernanda Kubb una novela, “La puerta entreabierta” (2013). Con Maite Carranza escribió el guión de “Germanes de sang”, llevada a la televisión por Jesús Garay. Su obra está traducida a diez idiomas. Estuvo casada con el filósofo Carlos Trías, fallecido en 2007.
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Algunos enlaces:
Entrevistas:
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Video: La autora, entrevistada por Patricia García García en el Instituto Cervantes de Dublin, Irlanda, el 22 de febrero de 2012 (duración 8 minutos)