miércoles, 30 de septiembre de 2015

Caleidoscopio: ¿No habrá más historias de Kinsey Millhone? Concurso de novela en Argentina. El rescate de Santiago Dabove. Escritor peruano recibe el Tusquets. Cabrera Infante: ahora sus textos políticos. Certamen "El Puente"

¿El final de Kinsey? Las historias de Kinsey Millhone parecen estar llegando a su fin. Kinsey, la detective creada por Sue Grafton, protagonista del llamado Alfabeto del Crimen, “congelada” en la década de 1980 y que vive sus aventuras en la Santa Teresa alguna vez inventada para su propio personaje (el también detective Lew Archer) por el gran narrador Ross Macdonald. Grafton resolvió desde su primer libro (“A de Adulterio”, 1982) “hacer envejecer” a su personaje un año cada dos libros. Por eso, ahora que en inglés se publica “X”, su nueva contribución al Alfabeto, no ha llegado aún a los 40 años y se ha quedado viviendo en un mundo preinformático, sin teléfonos celulares o móviles a la vista y –por supuesto- ajena al inexistente Internet. En castellano, en tanto, lo último publicado es “W de Whisky”, editado en España por Tusquets a fines del año pasado y en Argentina a comienzos del presente (la novela data de 2013). Mientras siguen las reediciones de sus historias anteriores, también se han publicado cuentos (“Kinsey y yo”, Tusquets, 2014), en los que Grafton explica la génesis de Kinsey y por qué resolvió mantenerla joven y no volverla una mujer madura y actual, poco dispuesta a vivir “de una manera tan despreocupada”, es decir, un tanto irresponsable a la hora de enfrentar situaciones violentas que pueden terminar con su vida. Y poco (¿o nada?) acertada en su vida amorosa. Como no cuenta con los actuales recursos tecnológicos, Kinsey debe investigar “a la antigua”, mientras come comida basura y se involucra emocionalmente con hombres que nunca le convienen. Por la manera en que encara sus historias, se podría afirmar que las novelas de Grafton son comparativamente “livianas”, respecto de la media actual de la narrativa policial que se caracteriza por su dureza y su crueldad. Grafton opta por las humoradas y en no pocas ocasiones las situaciones que vive Kinsey terminan siendo hilarantes, muchas veces a causa de su torpeza. No obstante, su vida suele correr peligro y, se registran situaciones tensas que más de una vez concluyen en asesinatos. Pese a algunos cuestionamientos que se le pueden hacer (los relatos requieren mayor densidad dramática y menos detallismo innecesario, que alarga las tramas sin justificación), las historia de Kinsey Millhone son adictivas, prueba de ello son los millones de lectores que tiene Grafton en el mundo entero y las constantes reediciones de sus ficciones. Que, aclaro, leo bastante seguido porque pese a los “pero” me resultan entretenidas, por lo que entiendo a sus fanáticos.

Concurso de novela. El jurado integrado por los escritores Luis Chitarroni (foto), Lucía Puenzo y Oliverio Coelho estará encargado de premiar a la mejor novela que se presente al concurso organizado por la editorial argentina La Bestia Equilátera, que cuenta con la colaboración de UnaBrecha Producciones Culturales. Las novelas participantes deben  ser inéditas, escritas por autores mayores de 18 años, que no hayan sido premiadas anteriormente y cuyo resultado no se encuentre pendiente de resolución en otros certámenes. Los autores podrán presentar sólo una obra, que deberá tener entre 200.000 y 350.000 caracteres con espacios incluidos, junto a una sinopsis de la ficción concursante que no supere los 500 caracteres, con espacios incluidos. Cada novela podrá ser firmada con seudónimo o con nombre real por el autor o por los autores en caso de tratarse de coautoría. Los autores deberán registrarse y subir la novela en formato .doc o .pdf en el formulario habilitado a tal fin en la web de la referida editorial (http://blog.labestiaequilatera.com/concurso-de-novela). Luego de eso, cada participante recibirá una confirmación por mail de que la obra ha sido subida correctamente. Las obras se reciben desde el pasado lunes 28 hasta las 23.59 del 29 de noviembre venidero, pudiendo otorgarse una prórroga en el caso de que los organizadores lo considerasen necesario. Los inéditos serán leídos en primera instancia por un comité de evaluación compuesto por personas del ámbito literario y editorial de reconocida trayectoria, establecido por los organizadores, que se encargará de realizar una selección de entre diez novelas como mínimo y dieciséis como máximo para elevar al jurado ya citado, cuya decisión será inapelable. El concurso no podrá ser declarado desierto ni distribuido entre dos o más concursantes, a menos que la novela premiada haya sido escrita en coautoría. El premio para la novela ganadora consistirá en su publicación bajo el sello editorial La Bestia Equilátera y un anticipo de cuarenta mil pesos argentinos (unos cuatro mil dólares, al cambio oficial en Argentina) a cuenta de la cesión de los derechos de edición, publicación y comercialización, estipulada en el contrato que deberá firmar oportunamente. El pago de dicha suma se encuentra sujeto a la firma del contrato respectivo y UnaBrecha será la responsable de abonar el premio, dentro del plazo de seis meses de conocido el ganador. El jurado se expedirá durante el primer semestre del año próximo. Una semana antes se dará a conocer la nómina de finalistas. Las consultas se pueden hacer a: 
premiodenovela@labestiaequilatera.com.

El rescate de Dabove. Aunque de él se conocen dos o tres fotos más, en los buscadores sólo se encuentra una. Hablo del argentino Santiago Dabove (1889-1951), quien falleció inédito en libro y al que se lo rescató una década más tarde, debido a la constancia de su albacea y amigo, el escritor Jorge Calvetti, en una editorial pequeña y hoy desaparecida, Alcándara, en un volumen de sus relatos fantásticos prologados por Borges. Dabove fue amigo de éste y más aún del mentor de ambos, Macedonio Fernández. Vivió toda su vida en Morón, en el llamado “conurbano” de la provincia de Buenos Aires, privilegiaba las charlas de café a la escritura y de ella, muy original, sólo tenían noticias escasos amigos. También tocaba el violín, aunque no pudo ejercitarlo como quería por haber sido herido en la mano. Pero lo que le interesaba era la charla, filosófica, literaria, y han dicho quienes lo conocieron que era un gran conversador. La mayor parte de su obra la escribió entre las décadas de 1920 y 1940. Borges lo publicó en la “Revista Multicolor” que dirigió para el diario “Crítica” de Buenos Aires. También fueron incluidos sus cuentos en otras publicaciones, pero durante su vida nunca los compiló en libro, quizás porque no les otorgaba demasiada importancia. Ahora, Las Cuarenta, que se ha propuesto rescatar obras olvidadas (ocurrió con “Las varonesas”, de Carlos Catania, ya comentado en este blog) reedita los casi cuarenta textos de Dabove, con prólogo de Julián Fava y dirección de Matías Raia, responsable de la colección. Allí el lector se encontrará con textos imperecederos, tales como “Ser polvo”, en el que un humano deviene vegetal, y “El tren”, relato de un corto viaje entre Morón y la ciudad de Buenos Aires en el que, sin embargo, transcurre toda una vida.

Premio Tusquets de novela. Termina de ser acordado a “Patria o Muerte”, del peruano Alberto Barrera Tyszka (foto), por el jurado presidido por el escritor Juan Marsé e Integrado por los autores Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez y Juan Trejo (ganador en la convocatoria anterior), en tanto que en representación de la editorial participó Juan Cerezo. El jurado ha valorado en la novela ganadora “la valentía de contar, a partir de las vivencias cotidianas  de un grupo de personajes, sobre la actual realidad venezolana de un modo poco complaciente”. Destaca también el “absorbente ritmo narrativo” de la novela, que se conocerá en noviembre, y que a juicio del jurado “refleja las angustias y complicaciones de unas vidas condicionadas por la histeria y las tensiones” que afectan al país sudamericano. El premio consiste en una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Campos y un anticipo de 18.000 euros.

Otra compilación de Guillermo Cabrera Infante. Antoni Munné sigue cumpliendo con la ciclópea tarea de rescatar la obra total del cubano Guillermo Cabrera Infante. En efecto, luego de haber publicado en forma póstuma sus novelas “La ninfa inconstante” y “Cuerpos divinos”, así como sus memorias (“Mapa dibujado por un espía”), y de haber compilado la totalidad de las notas que a lo largo de los años Cabrera Infante le dedicara al cine (“El cronista de cine”, primer volumen de sus Obras Completas), le llegó el turno a los textos políticos, que abarcan tanto al joven revolucionario de comienzos de la década de los ’60 del siglo pasado como al frontal opositor al régimen castrista. Lo fue durante los cincuenta años que pasó en el exilio. El volumen (“Mea Cuba, antes y después”, Obras Completas II) incluye los libros “Así en la paz como en la guerra”, “Vista del amanecer en el el Trópico”, “Mea Cuba” y “Vida para leerlas”, libros que se conocieron en vida del autor cubano. A ello se añade una gran cantidad de artículos inéditos en libro, hasta completar un tomo de 1.300 páginas. Cuando publicó “Mea Cuba” en 1992, Cabrera Infante escribió: "Obligado por los acontecimientos, mis amigos lo han pedido, mis enemigos me han forzado, a hacer un libro de estos obsesivos artículos y ensayos que han aparecido en la prensa (decir mundial sería pretencioso, decir española sería escaso) a lo largo de veinticinco años y casi treinta de exilio”. (Publicó Galaxia Gutenberg en España; el libro no se distribuyó aún en la Argentina).

Premios El Puente.  En el referido certamen literario para adolescentes se distribuyeron los siguientes premios: en poesía, primer premio: “Caminando”, de Aylen Milagros Carpio (Santa Fe); 2º: "Rompevientos de los cultivos familiares”, Albertina Diez (Santa Fe); 3º: Sin título, Tiago Soto (Santa Fe) y fueron mencionados Maria Magdalena Zuviria,  Valentín Sabatté  y Guillermina Puertas. En tanto, en cuento, recibió el primer premio "La casa no tiene quien la cuente", de Agustina Belén Decoud (Santa Fe). El 2ª fue para "Catalina nunca más", de Albertina Diez (Santa Fe) y el 3º para "El almuerzo de la creación", de Gastón Leonel Quiroga (Sauce Viejo). Fueron mencionados Mailén Münter, María Candela López Yedro, Aylén Milagros Carpio y Lara Yost. El jurado de poesía estuvo integrado por Julia Ruiz, Diego Suárez y María Alejandra Tiraboschi, en tanto que del de cuento lo conformaron Mónica Laurencena, Leonardo Pez y Mónica Russomanno. Actuó como coordinadora Virginia Agretti.

lunes, 21 de septiembre de 2015

"La última felicidad de Bruno Fólner", de Mempo Giardinelli. "Escribo ficciones", un diálogo con el autor

“La última felicidad de Bruno Fólner”
Autor: Mempo Giardinelli
Edhasa, Buenos Aires, 2015, 152 páginas
En Argentina: 185 pesos
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Bruno Fólner no tiene ese nombre, pero con él –ya bien pasados los sesenta años- quiere inaugurar un nuevo ciclo en su vida. En realidad, empezar a ser otro, de cero, como un Robinson Crusoe de nuestros días que buscase su propia isla, para comenzar allí una nueva historia personal, que se propone vivir (y de cierta manera escribir) de ahí en más.

Este imposible, es contado con agilidad y profundidad narrativa por el argentino Mempo Giardinelli quien con “La última felicidad de Bruno Fólner” regresa a la novela, luego de once años de “silencio” en relación al género. Con el autor de “Santo Oficio de la Memoria”, amigo de años más allá de mutuos disensos políticos, establecimos el siguiente diálogo:

-Mempo, de cierta forma, nos habías “mal acostumbrado” a contar con una nueva novela cada pocos años, sin embargo aunque hayas publicado otra clase de libros, ha habido un silencio de casi una década en cuanto al novelista. ¿A qué se debió?

—Fueron exactamente once años sin novela nueva, desde "Visitas después de hora", de 2004. Se dice fácil, pero fue un tiempo largo y doloroso, debido a la simple y por momentos durísima razón de que las tres novelas que intenté en estos años no me convencieron. Y yo soy de los que piensan que si uno no está convencido de un texto, es mejor no publicarlo.

-En tu narrativa, la muerte ha tenido particular “protagonismo” (por ejemplo en “Luna caliente”, en “Qué solos se cuentan los muertos” o en “El décimo infierno”), pero parece haberse acentuado –si cabe la palabra- en tus dos últimas novelas: “Visitas después de hora” y “La última felicidad de Bruno Fólner”, ¿qué reflexión podés hacer al respecto?

—La muerte es el hecho primero y más antiguo, dice Canetti, y acaso el único hecho. Y yo diría que también esencial, al menos para la literatura. Y además sucede que soy argentino y de una generación que le vio el rostro a la muerte de manera tan prematura como feroz. Por eso alguna vez pensé y dije que escribía para espantarla. Sin embargo, no creo que el protagonismo literario de la muerte se haya "acentuado" en mis últimas dos novelas. En todo caso, quizás aprendí a interrogarla un poquito mejor.

Un escritor de ficciones

-Pese a lo expresado previamente, el personaje Fólner muestra una particularidad vitalidad, una apuesta a la vida más allá de cualquier adversidad. ¿Sentís vinculaciones entre la “filosofía” de vida de Fólner y la tuya?

—A mí me parece que las vinculaciones entre autores y personajes son inevitables, pero eso no es importante. Nosotros escribimos ficciones, no autobiografías disimuladas. Y como decía mi maestro Juan Filloy (foto), nosotros les prestamos carácter a los personajes y eso es todo, porque ellos son ellos y nosotros simples amanuenses. En cuanto a la vitalidad y apuesta a la vida, sí, es cierto, y ahora me doy cuenta de que en Fólner el préstamo tiene que ver con cuestiones que yo he vivido y que, digamos, he sublimado en este texto para reflexionar sobre la muerte digna.

-La anterior pregunta tiene sentido porque Fólner es, antes que nada, un escritor. ¿Cuánto de autobiográfico ha habido en la construcción y, especialmente, en determinadas afirmaciones y peripecias de dicho protagonista?

—Creo que nada; solamente el recurso fácil de que siendo el personaje un escritor más o menos mediocre yo podía ver en él cierto modo de razonamiento, digamos, gremial. Si Bruno Fólner hubiese sido ingeniero, médico o contador público, no sé si hubiese sabido prestarle el carácter que lo constituye, o me habría sido quizás mucho más arduo. Pero de autobiográfico, nada. Yo no tengo nada que ver con el personaje. Aunque por supuesto me divirtió, conscientemente, pensar en algunos rasgos comunes que a lo largo de la escritura quedaban como guiños al lector, apenas miguitas de pan: ser sesentón, chaqueño, escritor, marginal. Pero a mí no me interesan los lectores que en las novelas buscan la vida del autor; me interesan los que saben que leen ficciones. Yo no sé nada de la vida de Joyce, y no leí "Ulises" pensando en el autor, del mismo modo que no leí toda la obra de García Márquez buscándolo a él en sus personajes. Yo leo novelas. Ficciones. Y quiero que mis lectores también, no que anden psicoanalizando a los autores.

-El nombre supuesto que elige el protagonista es una “argentinización” del apellido Faulkner. ¿Qué te significa el autor norteamericano; interpretás que ha incidido en tu obra en tu manera de encarar la literatura?

—Sí, claro, e incluso un académico norteamericano que leyó el original me señaló que castellanizado debía ser Folkner, con k. Pero preferí mantenerlo argentinizado, o sea más ligero, un poco cachafaz. Y es claro que William Faulkner fue importantísimo para mí. Mi mamá lo leía con fascinación y yo, de chiquito, me familiaricé con él. Leí "Mientras yo agonizo" cuando tenía catorce años, y quién sabe qué entendí... Después seguí con "El sonido y la furia", me volví loco con todos sus cuentos y ya de grande leí "Santuario", para mí una novela precursora del hoy popular género negro. Y es claro que lo siento uno de mis padres fundadores, como dicen los norteamericanos.

-Y al respecto: ¿A qué otros autores considerás como “propios”, en el sentido de sentirlos cercanos, a quienes se lee con cierta asiduidad o han tenido algún tipo de influencia –directa, indirecta, tangencial- en tu obra?

—La pregunta propone, de hecho, varias posibilidades. Propios considero a mis dos maestros, mis dos Juanes: Rulfo y Filloy. La vida fue en este sentido muy generosa conmigo, porque me permitió estar muy cerca de ellos. Cercanos yo diría que fueron y son otros con los que compartí vida y lecturas, y cuyas obras narrativas o poéticas he seguido y sigo de cerca: Osvaldo Soriano, Angélica Gorodischer, Fernando Operé, Laura Freixas, Guillermo Martínez, Miguel Molfino, Mariángeles Pérez López y varios más, entre ellos vos mismo, Carlos. Los que leí y leo asiduamente son los otros maestros que me formaron: Dostoievsky, Chejov, Kafka, Chandler, Emily Brontë la de "Cumbres borrascosas", Cervantes cada dos por tres (lo tengo en mi e-book y lo hojeo en los aviones), Thomas Mann, Caldwell, Rabelais, Dante Alighieri, no sé, son un montón... Y que hayan ejercido influencias, bueno, todos ellos y muchos/as más, que mejor no enumerar para no aburrir.

La literatura argentina actual

-En cuanto a la literatura argentina, aunque en estos últimos años han surgido nombres de significación, como los de Samanta Schwebling (foto), Selva Almada, José María Brindisi o Hernán Ronsino (por citar al azar y a sabiendas de que son muchos los olvidados)  se han producido esas “ausencias” definitivas que dejan grandes huecos, tan difíciles de cubrir, como las de Saer o Tizón, ¿cómo ves al actual panorama literario en nuestro país?

—Pienso que la literatura siempre está en transición. Puede haber momentos o épocas que se definen por determinadas figuras y obras estelares, pero la transición está, si se me permite decirlo, en el ADN de la literatura. Siempre está en transición, y por fortuna es así. Desde luego que algunos, por razones etarias y de la formación que tuvimos, sentimos nostalgia de figuras como Saer y Tizón, y también Daniel Moyano, Amalia Jamilis, Soriano y tantos más. En este sentido, pienso y tengo escrito que la literatura argentina de estas tres décadas en democracia goza de muy buena salud, y ofrece obras muy interesantes. Correlativamente, me interesan y saludo el surgimiento de nuevas figuras, si bien me alarma la publicidad facilonga que se les hace a muchos y muchas que no me parece que valgan gran cosa... Lo cual, en rigor, es peligroso para ellos mismos. Por ejemplo, soy amigo de Samanta Schwebling y la leo con fruición; y por su solidez, originalidad y personalidad, confío en que ella no se va a marear. Pero no sé si será igual en otros casos, como sé muy bien que ninguna generación literaria, en ninguna literatura del mundo, puede estar formada en cada década por docenas y docenas de dizque "grandes escritores" emergentes.

-Permitime una opinión personal, subjetiva: de lo que estoy seguro es que no hay federalismo en el país, mucho menos en el plano cultural y por consiguiente en el literario. En tanto, has vivido en tres escenarios disímiles: en el exterior, en Buenos Aires y desde hace años en Resistencia, lo cual te posibilita contar con una perspectiva particular. ¿Cuál es tu opinión sobre el tema?

—Yo no sería tan lapidario respecto del federalismo en nuestro país; no diría que no existe. Sí creo que hay un federalismo zarandeado y cuestionable en lo político, digamos, pero que precisamente en el plano cultural y literario ha venido modificando positivamente el escenario. Por ejemplo, la dictadura canónica de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) ya se ha quebrado, o al menos debilitado muchísimo: la literatura argentina concebida con exclusivos criterios municipales porteños hoy está cuestionada. Hay editoriales de todo tamaño en todo el país. Que publican mucha hojarasca, desde ya, pero también rescatan obras valiosas. Autores como Moyano, Tizón, Perla Suez, Graciela Bialet, María Teresa Andruetto, Molfino, Scotti, Clementina Rosa Quenel, Libertad Demitrópulos, Van Bredam y tantos/as más, hoy tienen una circulación que hasta hace veinte años era inimaginable, o dependía de indignas ediciones de autor. Incluso, y más allá de muchas acciones que se puedan cuestionar, las gestiones culturales oficiales de Torcuato di Tella y José Nun, y también las de quienes los siguieron, abrieron el panorama. Hoy hay museos y teatros recuperados en todo el país, y la ciudad de Buenos Aires dejó de tener dos secretarías de cultura a su servicio. Ahora tiene sólo una, como debe ser. Y en cuanto a mi caso personal, he vivido largas temporadas en geografías diferentes, y creo que el mejor beneficio de ello es que me permite comparar. El federalismo es un problema en todos los países de grandes extensiones. Lo aprecié en los Estados Unidos (he vivido en una pequeña ciudad universitaria del Estado de Virginia) donde todo es peculiar y contradictorio; y en México donde sus paradojas se expresan más bien en lo histórico-folclórico-turístico. También en Brasil, adonde voy muy seguido, y donde todo es como en Argentina pero multiplicado por diez. Y hasta en Rusia, donde estuve hace poco y el federalismo también es un tema candente. O sea que tampoco en esto somos tan originales los argentinos.
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Bruno Fólner ha tenido otro nombre y otra vida cuando llega a Praia Macacos, en Brasil. Procede de la Argentina, en la que ha dejado hijos, recuerdos, y actos (o, para mejor precisarlo, las consecuencias de determinados actos) que pesan sobre su espíritu, que le reclaman, aunque su idea es la de cambiar, volverse una nueva persona libre de ataduras.

Praia Macacos es el sol, la naturaleza primitiva, es el mar, y hasta es una mujer a la que encuentra, vestida de blanco y descalza, observando el mar en el que (quizás) perdió a su amor. Ese “todo” parece decirle que –precisamente- todo eso que quiere, vale decir volverse el hombre nuevo rescatado de entre sus propias cenizas- le es posible. Ese futuro, ambicionado, bordado hasta lo último en su imaginación, parece aguardarlo no bien él se decida poner manos a la obra.

Giardinelli, con agudeza de narrador, se “mete” en los entresijos del pensamiento íntimo de su personaje, nos hace ver cuáles son sus ambiciones –entre extremas y pueriles- que, de manera central, consisten en escribir la novela que se debe, y vivir nuevas experiencias que lo alejen de aquello que ha dejado atrás.

Por supuesto, hablamos de un imposible, algo que “Fólner” no quiere admitir y por eso, tozudamente, una y otra vez arremete contra el muro de la realidad, que lo acosa, tanto por lo que le ocurre en el ahora, como por lo que dejó atrás. Lo acosa en su espíritu y, el lector lo irá advirtiendo de a poco, lo acosará aún más en su presente cotidianeidad.

Esta novela, que mantiene su interés a lo largo de todo su impecable desarrollo, habla centralmente del amor. De un amor que ha obligado a “Fólner” a cometer un acto extremo. Acto que cree fue justo y correcto aunque haya implicado pérdida y dolor.

Por supuesto, el pasado no retorna, pero deja huellas y muchas veces huellas profundas. “Fólner” intenta vivir su nueva vida con intensidad, se lo propone en todo momento. Se lo propone ante la mujer (cierta o imaginada) que descubre en la playa, se lo propone con la nueva novela que “ya mismo” va a ponerse a escribir pero que va postergando de manera indefinida. Por supuesto también, tironea cuanto dejó. Y cuanto dejó tiene un precio muy alto que al final el protagonista deberá pagar.

Resulta un bello texto la nueva ficción de Giardinelli. Bello no sólo por estar muy bien escrito, sino por la poesía que lo informa y enriquece, y por el personaje que nos entrega, ese escritor frustrado que quiere ser como siempre se lo propuso: ser él mismo, contra viento y marea.

En un ránking subjetivo (y por lo tanto endeble, discutible) “La última felicidad de Bruno Fólner” ocupa para mí uno de los primeros lugares en la vasta producción del autor chaqueño, quien evita el facilismo de lo circunstancial. Él, siendo una persona tan politizada, también se enriquece al no “contaminar” a su novela con la coyuntura, la crónica de lo inmediato, la propia política. Se trata de literatura, parece querer decirnos, o sea un territorio rico en sí mismo, libre, que debe ser siempre autosuficiente. Y acierta con su apuesta.
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“Y eso es todo. O debería serlo. ¿Qué más puede decir un padre expulsado del Paraíso? Ya es un hombre grande, y no está enfermo, pero la suya es una vida con plazo más o menos fijo y encima con el peso de la culpa, esta grandísima culpa que presiona como una plancha en el pecho, maciza, ilevantable”.
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Perfil

Mempo Giardinelli es escritor y periodista. Nació en Resistencia, Chaco, Argentina, en 1947. Vivió en Buenos Aires entre 1969 y 1976, estuvo exiliado en México entre 1976 y 1984 y cuando regresó fundó y dirigió la revista "Puro Cuento" (1986-1992). Entre 1993 y 2000 se radicó en Paso de la Patria, Corrientes. Desde 2001 reside en Resistencia, donde preside la Fundación que lleva su nombre y en la que se desarrolla una intensa tarea de difusión cultural.
Es autor de novelas, libros de cuentos y ensayos, y escribe regularmente en diarios y revistas de la Argentina y otros países. Su obra ha sido traducida a veinte idiomas y ha recibido numerosos galardones literarios en todo el mundo, entre ellos el Premio Rómulo Gallegos 1993 y el Premio Pregonero de Honor 2007. Ha recibido distinciones y becas, dictó cursos, seminarios y talleres. En su obra se destacan las novelas “La revolución en bicicleta”, “El cielo con las manos”, “Luna caliente” (llevada al cine), “Santo oficio de la memoria” (Premio Rómulo Gallegos), “El décimo infierno”, “Cuestiones interiores” , “Visitas después de hora” y “La última felicidad de Bruno Fólner”, los libros de cuentos “Vidas ejemplares”, “Gente rara”, “Estación Coghlan” y “Soñario” (sus “Cuentos completos” fueron publicados en 1999) y los ensayos “El género negro”, “El país de las maravillas”, “El país y sus intelectuales” y “Volver a leer”. Es autor de varios cuentos infantiles y ha preparado numerosas antologías.
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Algunos enlaces:
Sitios de Mempo Giardinelli en Internet:

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Video: Diálogo con el periodista Osvaldo Quiroga, programa “Otra trama”, Buenos Aires, 22.8.2015. Duración: 18.09 minutos.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

Tonos sombríos en los cuentos de "Todos amábamos a Virginia Crespi", de Ángel Balzarino. Entrevista al autor


Saludo al visitante 3000, número registrado hoy, jueves 10 de septiembre de 2015


“Todos amábamos a Virginia Crespi”
Autor: Ángel Balzarino
Ediciones D’el aire. Colección Caleidoscopio. Santa Fe, Argentina, 2015, 166 páginas.
En Argentina: 100 pesos.
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 “Muchas veces, por la característica de los personajes o los hechos que constituyen la historia, no surge la posibilidad de apelar al humor en la medida que me gustaría hacerlo. Y creo que ocurre así en la mayoría de los cuentos” de “Todos amábamos a Virginia Crespi”, el duodécimo volumen que el argentino Ángel Balzarino dedica al género. Como en experiencias anteriores, el escritor acude a diversas voces, al cambio súbito de escenarios y situaciones, para contarnos sus historias cuyo escenario suele ser el de la ciudad en la que vive desde muy joven, Rafaela, llamada “la Perla del Oeste”. Ella, admite el autor, “tiene una presencia bastante fuerte” en su obra.

-A diferencia de lo que hemos venido advirtiendo en sus últimos libros, “Todos amábamos a Virginia Crespi” presenta una selección de cuentos que en su mayoría tienen un tono dramático, quiero decir con cierta ausencia del humor. ¿Eso ha sido premeditado?

-No. Se impuso de manera natural, sin buscarlo ni pretenderlo expresamente. Hace unos cuantos años que el humor predomina en mis trabajos y lo utilizo como un recurso muy eficaz para suavizar algunas cuestiones absurdas o intolerables. Con bastante gratificación pude comprobar que los atisbos de humor en cuentos que plantean graves circunstancias de indigencia, abandono, muerte -como en “Una moneda, por favor”, “Centro de ayuda al suicida” y “Timbre a la hora de almorzar”-, han merecido comentarios y opiniones muy favorables por parte de los lectores. Pero no es fácil o, más bien, no tengo la capacidad para lograr eso en todos los casos. Muchas veces, por la característica de los personajes o los hechos que constituyen la historia, no surge la posibilidad de apelar al humor en la medida que me gustaría hacerlo. Y creo que ocurre así en la mayoría que los cuentos que integran el nuevo libro.

-Además de la soledad de varios de sus personajes, lo que se advierte es la angustia por “aquello” indefinido que parece a punto de hacer daño a los diversos protagonistas. ¿Eso es consecuencia de la simple ficción o se corresponde con su propia visión de la realidad que nos circunda y que, opinión personal, suele mostrarse crecientemente opresiva?

-Coincido con su opinión personal: tengo una visión bastante escéptica y desencantada de la realidad que nos circunda y, sin duda, ello queda plasmado a través de algunos personajes. Pero no puedo determinar con claridad lo que corresponde a la simple ficción y a la propia percepción en los variados sentimientos de soledad, angustia, temor, rebeldía, protesta, que presento y afrontan los hombres y mujeres que participan en el curso de cada historia.

 -Sin ánimo de incurrir en consideraciones macabras, la otra constante del libro tiene que ver con la muerte. ¿Es la mía una lectura demasiado subjetiva o estoy bien encaminado con la afirmación?

-Me parece una observación muy correcta. La muerte, como tantas otras circunstancias, forma parte de nuestra existencia. Y cada vez que debo abordarla en el desarrollo de una historia, procuro relegar consideraciones demasiado dramáticas o macabras y, en la medida de lo posible, otorgarle un condimento de ironía, desparpajo y humor, como lo hice en varios cuentos. Pero tal vez en este nuevo libro se presenta en forma más directa y descarnada.

 -Según parece, todos aparte de amar quieren saber quién es la Virginia Crespi que da título al libro. ¿Puede contar algo sobre esa mujer, tan atractiva al parecer, o prefiere que el lector saque sus conclusiones?

-Como ningún otro, el título de este libro suscitó, desde el momento de ser difundido, inmediatas y variadas reacciones. Tal vez la más notoria y compartida por muchas personas fue cuestionar el título al considerarlo erróneo, pues  expresaban “que no conocían a Virginia Crespi y, por lo tanto, no podían amarla”. Otra planteó el dilema de saber si se trataba de un personaje de ficción o una mujer real y, en tal caso, si vivía actualmente o pertenecía a un tiempo pasado. Yo me permití aportar otra alternativa cuando, un día antes de la presentación del libro, me hicieron un reportaje por una radio local. Luego de intercambiar unas palabras con el conductor del programa, un corte de luz interrumpió la transmisión. Cuando seis o siete minutos después pudimos seguir hablando, le manifesté que tal vez lo ocurrido no había sido un inesperado desperfecto de la empresa de energía sino, más bien, podría haberse tratado de un atentado cometido por algún novio o marido celoso que pretendía evitar la presentación del libro y que se conocieran públicamente todos los secretos de Virginia Crespi. Tampoco el epígrafe del libro, con palabras de James Joyce, logra despejar completamente el enigma: Nunca había hablado con ella, a excepción de unas pocas palabras ocasionales y, sin embargo, su nombre era como una llamada a todas mis pasiones. Por lo tanto, sin duda lo mejor será que cada lector descubra quién es esta mujer y entonces, quizá, también pueda llegar a amarla.  


Rafaela es el centro

-Cuente ahora sobre los cuentos: ¿Pertenecen todos a la misma época? ¿Cuál es, en general, su método de trabajo? ¿Por qué no “salen” esos relatos del ámbito, considerablemente reconocido, de Rafaela?

-Los cuentos que integran el libro pertenecen a diversas épocas. La mayoría de los cuentos nuevos han sido escritos en los últimos dos o tres años. Aunque el cuento más  extenso y que da título al libro -Todos amábamos a Virginia Crespi-, data, en su primera versión, de mediados de 2011. También, tal vez por la complejidad de la trama y las variadas voces que narran la historia, me demandó mucho trabajo y reiteradas correcciones  en el curso de este tiempo. Los cuentos publicados con anterioridad -seis de los diecisiete que componen el libro- pertenecen a ediciones prácticamente agotadas. Pero quizá el hecho más curioso o llamativo lo constituye la inclusión de “Un tigre me persigue”, un cuento que obtuvo en 1984 el primer premio en el concurso de cuentos organizado por el Tiro Federal y Deportivo Morteros, Córdoba, con el auspicio de la Municipalidad, el diario “La Voz” y Radio Centro, ya que desde entonces -durante 31 años- permaneció inédito. Advertí esta circunstancia, con bastante asombro, al seleccionar los cuentos para el nuevo libro, y entonces me pareció oportuno incluirlo.   
En cuanto al método de trabajo es el mismo que practico casi desde el momento que comencé a escribir. Necesito elaborar mentalmente la obra. Luego hago un breve detalle -una o dos páginas- de las características de los personajes, las diversas situaciones que reflejará la historia y, sobre todo, el modo como ocurrirá el desenlace. De manera que después, con la seguridad de poseer todos los elementos necesarios para concretar mi propósito, puedo desarrollar integralmente un cuento o una novela.
En cuanto a Rafaela, efectivamente, su presencia (así como de la zona de influencia), acepto que tiene una vigencia bastante fuerte a través de mi obra. Tanto en la evocación de la llegada y radicación de los primeros inmigrantes piamonteses como al recrear seres y episodios que forman parte de la realidad actual. El escenario por donde se movilizan los personajes es casi siempre el mismo: La Florida. Un nombre que se había barajado para asignar a este lugar del oeste santafesino -llamado Rafaela, finalmente- y que adquiere destacado predominio en Todos amábamos a Virginia Crespi, el cuento que da título al nuevo libro.

 -Y cuente, por fin,  quiénes  son hoy los autores que más le significan, que más lo “acompañan” como autor.

-De las primeras e intensas lecturas fueron surgiendo autores a los que -por admiración, por incrementar en forma incesante mis conocimientos, por el placer inefable generado por sus obras- sigo releyendo siempre. Entre los que me acompañan de manera más cálida y cercana, puedo mencionar a Jorge Luis Borges, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, Raymond Carver, John Cheever y, entre los más recientes, a Tobías Wolff, un extraordinario cuentista norteamericano, a Roald Dahl -a quien “llegué algo tarde”, como le ocurrió a Elvira Lindo, escritora española, según expresa en el prólogo a la edición de sus Cuentos Completos-, y a Alice Munro, Premio Nobel 2013, de la cual estoy disfrutando sus impecables cuentos actualmente.
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En “Virginia Crespi” Balzarino muestra a personajes solitarios, muchas veces obsesionados por espejismos creados por su mente (el cuento que da título al libro), en otros casos asediados por fuerzas que no pueden controlar (“La mancha”, “Un tigre me persigue”). Recuerdos de un pasado ominoso que, aunque cada día más distante, sigue pesando en el colectivo emocional de los argentinos (“Antes del primer grito”, “Hacia la noche”, “Alteración en la calle”), formas de la venganza (“Encuentro a las diecinueve”, “Un trozo de carne, simplemente”), los hechos innobles y violentos, tan propios de nuestros días (“La muchacha del kiosco”, “Menos de tres minutos”), nostalgias por lo que no fue (“El recuerdo de Julieta y un acordeón repentinamente triste”), vale decir, una temática diversa informa a estos textos que, como ha explicado el autor, responden a distintas épocas de su incesante quehacer literario.

Es cierto que nos convencen más sus cuentos de cronología lineal, una única voz y el humor corrosivo que suele acompañarlo (como ocurriera con “Timbre a la hora de almorzar” o “Centro de ayuda al suicida”), pero esta vez el autor ha optado por tonos más sombríos. Otra forma de expresar su mundo.

 “No. Ya no ocurrirá nada de eso. Ahora, como para revelarnos de que ha concluido tan luminosa etapa, poco antes de las siete, cuando las primeras campanadas llaman a misa, aparece Clotilde Macario o las hermanas Blasco o Zulma Zapattini, o todas juntas, hieráticas, casi sin disimular una sonrisa de satisfacción. Como si llevaran a cabo una ceremonia de la que nadie debía perder ningún detalle, dejan caer algunas monedas en la caja de don Batista, sumamente caritativas”.

Datos para una biografía
Ángel Balzarino nació en 1943 en Villa Trinidad, provincia de Santa Fe, Argentina, y desde 1956 reside en Rafaela. Ha publicado doce libros de cuentos: “El hombre que tenía miedo” (1974), “Albertina lo llama, señor Proust” (1979), “La visita del general” (1981), “Las otras manos” (1987), “La casa y el exilio” (1994), “Hombres y hazañas” (1996), “Mariel entre nosotros” (1998), "Antes del primer grito" (2003), “El hombre acechado” (2009), “La sangre para ellos son medallas” (2011), “Timbre a la hora de almorzar” (2013) y “Todos amábamos a Virginia Crespi” (2015), así como tres novelas: “Cenizas del roble” (1985), “Horizontes en el viento” (1989) y “Territorio de sombra y esplendor” (1997). Varios de sus trabajos figuran en diversas antologías, tanto de Argentina como del exterior, muchos de sus cuentos circulan en Internet y ha recibido varios premios y distinciones, el último de los cuales es el “Alcides Greca” 2014, por obra editada (por su libro “La sangre para ellos son medallas”). Su cuento “Rosa” se encuentra incluido en ediciones de libros para estudiar el castellano, en Estados Unidos.
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Enlaces:
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Video: Entrevista, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Rafaela, diciembre 2014. Duración: 15,43 minutos:

 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Caleidoscopio: "La grandeza de la vida". Premian a Ceballos. Frazen, Pamuk, Ford, Piglia. Almuerzos con Orson Welles. Premios en Santa Fe

Entre el dolor y la felicidad. Con una escritura tersa, con la que evita el desborde emocional, el alemán Michael Kumpfmüller en su novela “La grandeza de la vida” (Tusquets) reconstruye los últimos años de la vida de Franz Kafka, existencia infeliz en cuanto a su salud y al mismo tiempo plenificada por el amor, dado que fue el tiempo en que el gran escritor convivió con Dora Diamant, quien con gran entereza lo asistió hasta los últimos momentos de su vida.

Kafka sufrió muchísimo en esos dos años agónicos, a causa de la tuberculosis que fue ganando su cuerpo, sin que ningún tratamiento que se le practicara (en realidad, paliativos) lograra menguar sus problemas. Dora, de veinticinco años, no trepida en acompañarlo en su devenir casi sin rumbo. Lo sigue al Berlín en descomposición de la República de Weimar y a las distintas clínicas donde sin éxito fue atendido. Esa doble historia, la de la cruel enfermedad y la agonía sin término del inolvidable autor, y la del amor abnegado de Dora, es captada con gran agudeza por Kumpfmüller, quien llama a Kafka “el doctor” y lo sigue, con múltiples detalles, en su espartano peregrinar hacia la muerte, convirtiendo a su novela en un trabajo de excepción (2015, 265 páginas; traducción de Belén Santana).
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Premian a José Gabriel Ceballos. El escritor argentino (correntino radicado en la ciudad de Alvear, en la frontera con Brasil) ha recibido la confirmación de que obtuvo el Premio Único Municipal de Novela de la ciudad de Buenos Aires, correspondiente al bienio 2008/9. La confirmación se realizó ahora porque el municipio capitalino estaba demorando la publicación de sus premios anuales, lo cual generó diversas protestas y la situación, por suerte, parece haberse subsanado.

Ceballos, quien ha recibido diversos premios internacionales, especialmente en España, fue galardonado por “La resaca”, novela publicada en Madrid en 2010 por el sello Edaf. El jurado que premió a Ceballos estuvo integrado por Antonio Requeni, Vicente Battista, Elsa Osorio, Jorge Paolantonio y Álvaro Abós.
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Las novedades. Después de los sucesos que han sido sus novelas “Las correcciones” y “Libertad” (2011, tapa de la revista “Time”), el norteamericano Jonathan Frazen (foto) regresa con “Pureza”, que será publicado próximamente por Salamandra en castellano. Está protagonizada por Pip Tyler (al parecer, su homenaje a Dickens), historia en la que prevalecen los secretos y que transcurre durante varias décadas y en distintos continentes. Otra novedad será “Una sensación extraña” (Penguin Random House), del Premio Nobel turco Orhan Pamuk, a la que se presenta como una conflictiva historia que transcurre en Estambul entre 1969 y 2012.

Las consecuencias catastróficas que produjo en Nueva Jersey el huracán “Sandy” en 2012 (fue el más mortífero del año) ha dado lugar a que el norteamericano Richard Ford escribiera cuatro nouvelles que integran “Francamente, Frank”, con el que vuelve con su personaje Frank Bascombe (protagonista de sus novelas “El periodista deportivo”, “El Día de la Independencia” y “Acción de Gracias”), que lanzará Anagrama antes de finalizar el año. El mismo sello ya publicó la primera parte de los “diarios” del argentino Ricardo Piglia que lleva el título genérico de “Los diarios de Emilio Renzi”. El primer tomo corresponde a “Los años de formación", 1957-1961). El proyecto es publicar el año próximo la segunda parte (“Los años felices”) y en 2017 la tercera y última: “Un día en la vida”.
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Un chismoso Orson Welles. Se han rescatado las conversaciones que el enorme, genial, contradictorio Orson Welles mantuvo con el director Henry Jaglom entre 1983 y 1985 y que, con su permiso, fueron grabadas. Recientemente han sido rescatadas, luego de un arduo trabajo, por Peter Biskind. Con memoria de elefante y mientras habla casi sin término sobre proyectos inviables (su obsesión era filmar "El rey Lear"), Welles recuerda detalles múltiples de su azarosa vida de director, actor, guionista, ilusionista (porque fue también mago de profesión) y tanto más. Y la verdad es que el libro termina siendo un compendio de chismografía en la que muy pocos quedan bien parados.

A Orson, un personaje incomprendido pero también autodestructivo, nadie parecía caerle bien, salvo él mismo y muy pocas personas más, de manera que en esas charlas –que, cabe reiterarlo, él sabía que eran grabadas- no deja títere con cabeza, empezando por Charles Chaplin a quien además de no reconocerle prácticamente méritos, asegura que le robó (textual) el guión y la idea de “Monsieur Verdoux”, una de sus últimas películas. Todo Hollywood desfila en esas picantes charlas, nada complacientes, poco edificantes, en el que todos caen, hasta el propio Peter Bogdanovich, un admirador incondicional de Welles quien actualmente está luchando a brazo partido para poder completar lo que fue la última fallida aventura cinematográfica del creador de “El ciudadano”, “Al otro lado del viento” (“The Other Side of the Wind”, 1969-1976) con John Huston como protagonista. Una verdadera quijotada que han emprendido no sólo Bogdanovich, sino un significativo número de sus admiradores en el mundo, algo que quizás el Orson que asoma en este libro quizás nunca hubiera agradecido. No obstante, el libro guarda validez porque es Welles quien habla y, cada tanto, algo de sus inacabables saberes se filtran en sus (casi) monólogos. También provocan melancolía sus luchas pírricas para mantenerse en actividad, que Jaglom alentaba para que mantuviera su moral en alto, aun a sabiendas que eran irrealizables. (Anagrama, 2015, 346 páginas; traducción de Amado Diéguez Rodríguez).
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Premios en Santa Fe. La Asociación Santafesina de Escritores (Asde), de la ciudad argentina de Santa Fe, en su certamen para autores jóvenes, otorgó el premio “Mateo Booz” (foto) (cuento), por mayoría, a la obra “Huraño”, de Juan Pablo Muchiut domiciliado en Reconquista, Santa Fe. A su vez, el premio “José Cibils” (poesía), por unanimidad, fue declarado desierto. Se dio una mención, a “De noches”, de Juan Pablo Muchiut domiciliado en Reconquista, Santa Fe. El jurado fue integrado por Néstor Fenoglio, Diego Suárez y Mirta Yngui, actuando como coordinadoras del certamen Analía Borlle y Zunilda Gaite. Los premios serán entregados en octubre venidero.

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“El placer de la lectura”. La reconocida página española de comentarios e información literaria se ha reformulado, con nueva diagramación y secciones, desde el pasado día 1. En esa página, que tiene miles de visitantes diarios y que me ha distinguido al sumarme como colaborador esporádico, “abrevan” unos 200 mil lectores argentinos, según los datos estadísticos de sus hacedores, encabezados por el infatigable José “Pepe” Rodríguez, quien ha expresado que sus planes son más ambiciosos, aún. Ojalá que todos ellos se cumplan. Felicitaciones. (www.elplacerdelalectura.com)