lunes, 30 de mayo de 2016

Caleidoscopio. Entre bromas, ironías y sarcasmos: cuentos de Dorothy Parker, recuerdos de Raymond Chandler, el "Asesino" de Jonas Jonasson, premio por Mafalda, el absurdo de Antal Szerb

La causticidad de Parker. Dorothy Parker(1893-1967), fue una mujer vital e independiente en un Estados Unidos mucho menos permisivo que el actual. Sin embargo, logró que sus cuentos, desarrollados en ámbitos burgueses muy definidos, incisivos, cáusticos como pocos, se publicaran en las principales revistas “femeninas” de la época.
Oportunamente, se conoció en castellano (Lumen; DeBolsillo) su “narrativa completa”. Ahora la propia Lumen regresa con la edición de “Colgando de un hilo”, selección de cuentos con la inclusión de virtuosas ilustraciones del italiano Simone Massone, que logra aunar el pop con el estilo retro –propio de los ’30 y ’40 del siglo pasado. Cuentos que más allá de modas circunstanciales, mantienen su temperatura interna, su rigor, su punzante humor y, en muchos casos, una jocosa, pero también desesperanzada, realidad.
Porque Parker, una persona de ideas avanzadas, si bien en lo aparente contaba historias “livianas” sobre mujeres al borde de ataques de nervios por causa de los hombres, tantas veces deseados como ausentes, aplicaba un sutil escalpelo en las costumbres burguesas para burlarse de ellas. Sin llegar a espantar a sus lectores (sus lectoras) habituales.
Mujeres ligadas al teléfono esperando esa llamada que no llega nunca, parejas que no tienen la menor posibilidad de conciliar y a las que por consiguiente no les aguarda ningún futuro en común, mujeres que se mienten a sí mismas respecto de sus hombres (y más aún, cuando estos las abandonan), mujeres que con apariencia de hadas bondadosas no hacen más que intrigar y ahondar las heridas que sufren sus amigas presuntamente más queridas… De esa manera Dorothy Parker (foto) abordaba la condición femenina de su época, con un ingenio y una perspicacia  poco común.
Su vida, de gran inestabilidad emocional, ganada por el alcohol y sus posiciones de izquierda, le generaron problemas que fueron acrecentándose con el correr de los años hasta que, ya mayor, sólo le aceptaban publicar reseñas de libros que no siempre eran acertadas. Luchadora incansable por los derechos civiles, murió sola en un departamento de Nueva York. Donó todos sus bienes al movimiento de Martin Luther King y sus cenizas fueron depositadas, luego de veinte años de espera, en una tumba que adquirió ese mismo movimiento y cuya lápida dice “Excuse My Dust” (“Perdonen por el polvo”). Genio y figura….
(“Colgando de un hilo”, Lumen, Barcelona,2015-Buenos Aires, 2016, 187 páginas. Traducciones de Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí. En España: 22,90 euros. En Argentina: 249 pesos). ´

Sesenta años sin Raymond Chandler. El pasado jueves se cumplió el 60° aniversario del fallecimiento del eximio escritor norteamericano, muerto en La Jolla, California, a los 71 años, luego de haber sufrido fuertes depresiones que lo llevaron a intentar suicidarse dos veces. El alcoholismo que, como a Parker, también lo acompañó toda su vida adulta, se había acrecentado luego de la muerte de su mujer Cissy, 23 años mayor que él.
Pero ese patético final no disminuye la calidad y originalidad de su obra. “Padre” de la narrativa negra o policial, creador del inolvidable detective Philip Marlowe, de cuentos y de novelas excelentes, tales como “El sueño eterno” o “El largo adiós”, que hablan de su inteligencia para escribir historias complejas, en las que el crimen y el misterio eran el sustrato de su análisis ético del estado de las cosas y también, a través del insobornable detective, su sanción moral. “No es un mundo fragante, pero es el mundo en el que vivimos usted y yo”, nos recordó en una de sus notas más agudas. Sufrió mucho, porque el alcohol y la diferencia de edad con su esposa condicionaron su vida. El alcohol le hizo perder empleos y fue por haber quedado en la calle que terminó escribiendo textos policiales para revistas populares. Fue famoso con cierta tardanza, porque ya de grande comenzó a escribir.
Más reconocido en Europa que en los propios Estados Unidos, su formación inglesa (o a la inglesa) le generó múltiples problemas de relación (vg. cuando fue guionista de Hollywood y tropezó con la “vulgaridad” de un Billy Wilder). Como se dijo, sus últimos años fueron tristes y de nada sirvieron sus intentos de recuperar un tiempo irremediablemente perdido, un nivel de escritura que había extraviado, una forma de vida que se había extinguido. Quedan, claro está, sus ficciones, su gran correspondencia, sus magníficas citas. Y sus implacables ironías. Siempre será nuestro amigo.

Jonasson, algo más que simple humor. Per Ola Jonasson decidió un día dejar de lado la compañía de medios de comunicación que estaba a su cargo y lanzarse a una simbólica pileta (de agua templada; vive en Suecia) y transformándose en Jonas Jonasson se volvió el exitosísimo autor de la historia que cuenta qué pasó luego de que un viejo saltara por una ventana y, dejando todo atrás, se dedicara a vivir.
De esa forma, y de cierta manera, inventó la novela cómica sueca, con sus títulos extensos y sus historias pocos realistas: “El abuelo que saltó por la ventana y se largó -2009-; “La analfabeta que era un genio para los números” – 2013; y ahora “El matón que soñaba con un lugar en el Paraíso”. En la nota que en febrero pasado le hizo al autor el periodista Winston Manrique Sandoval, de El País de Madrid, acierta cuando afirma que ”en la exploración del drama enmascarado de humor está el germen” de su narrativa.
En efecto, nos dice Jonasson, hay demasiado frío en las almas de las personas, un exceso de individualismo, religiones que no terminan de dar respuestas y escasísimo humor para afrontar los problemas. Por ejemplo, está el caso de Per Persson, joven solitario, descendiente de ricos que se quedaron sin un centavo y que ha terminado como recepcionista en un hotel de mala muerte. O el de Johanna Kjellander, pastora expulsada de su parroquia después de haber celebrado la muerte de su padre, también pastor, que le volvió terrible su vida desde pequeña, y declarar ante su comunidad su profundo ateísmo. O el de Johan Andersson, a quien es mejor llamar “Asesino” Anders no sólo para presentarlo como se lo conoce en sociedad, sino porque en efecto, es un homicida si no serial al menos reiterado, que a la vejez ha vuelto a la libertad luego de purgar largos años en la cárcel, a la que no quiere volver.
No obstante, “Asesino” está dispuesto a prestar determinados “servicios” (romper piernas o brazos), siempre y cuando le paguen. A poco de conocerse entre sí y de conocerlo, Per y Johanna se vuelven amantes y –más importante aún- representantes del matón. Lo hacen por necesidad, son pobres de solemnidad, sin demasiados sentimientos de culpabilidad y, a qué engañarse, para estafar a Anders, ligado al alcohol y lento de entendederas.
Pero la inesperada, e inteligente, vuelta de tuerca que da Jonasson (foto) a su historia es que, a su manera, con mucha confusión y decisión al mismo tiempo, “Asesino” se interesa por la Biblia y por Jesús, y que de a poco comprende que vale más dar que recibir. Y obra en consecuencia, causando múltiples inconvenientes, especialmente entre los matones que lo han contratado y sus "representantes" que deben huir, sin continuidad ni respiro. De ahí en más se suceden las confusiones, las persecuciones y los disparates que el autor torna coherentes a base de un férreo control de su relato, liviano, surrealista, pero muy llevadero.
(“El matón que soñaba con un lugar en el Paraíso”; Salamandra, Barcelona, 346 páginas. Traducción de Carlos del Valle. En España: 19 euros. En Argentina: 295 pesos).

Premio internacional por Mafalda. La historiadora e investigadora argentina Isabella Cosse (foto) recibió ayer el Premio Iberoamericano de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), por su libro “Mafalda: historia social y política” (Fondo de Cultura Económica). Dicha distinción es otorgada desde 1991 en cada uno de los Congresos Internacionales anuales de LASA al mejor libro editado en español sobre Latinoamérica en el área de las Ciencias Sociales y Humanidades. 
Entre los investigadores que han obtenido el premio en el pasado se encuentran Néstor García Canclini, Edelberto Torres-Rivas, Tomás Moulián y Enrique Tandeter.
La distinción le fue entregada en el Congreso Internacional anual realizado en Nueva York  y en la edición del cincuenta aniversario de su fundación.

Otra broma más, esta vez húngara. Pero sin ánimo de transmitir mensajes o de hollar en la condición humana. Cuando la persecución a los judíos era una realidad constante y brutal en la Europa tomada por los nazis, uno de esos perseguidos, el húngaro Antal Szerb (1901-1945), decidió que su tercera novela iba y ser, y por suerte fue, una historia destinada a la risa, al absurdo. 
El relato comienza en el reino de Alturia, gobernado por el bondadoso Oliver VII, a quien se le tiende una trampa y se ve obligado a dejar su reino y huir, buscando refugio en Venecia, donde se encuentra con estafadores y truhanes y que, para poder sobrevivir, se hace pasar por… sí mismo, mientras el mundo busca sin hallar al “auténtico” rey.
Absurda, cómica del principio al fin, con una galería de personajes estrafalarios, “El Paraíso opuesto” no pierde nunca su aire de comedia y, aunque no tenga las mismas intenciones, cada tanto recuerda las absurdas historias de Witold Gombrowicz ambientadas en palacios y con nobles como protagonistas (“Ivonne, princesa de Borgoña”, “El banquete”).
Lo más válido de la historia es el enamoramiento de Oliver por una mujer casquivana y su escasa vocación de monarca. Y también se destaca la riqueza como artista plástico del pintor Sandoval, otro gran personaje de esta risueña historia. Nada risueña, en cambio, resultó la decisión de Antal Szerb (foto) de permanecer en su país pese a la acechanza nazi, tanto que terminó asesinado en un campo de concentración poco antes de concluir la Segunda Guerra Mundial.
(“El Paraíso opuesto”, de Antal Szerb; La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2016, 203 páginas. Traducción de Laura Wittner. En Argentina: 198 pesos).

domingo, 15 de mayo de 2016

'Avenida de los misterios', de John Irving. El mundo personal e intransferible del gran narrador

(Más de 6.000 visitas al blog en su actual etapa. Muchas gracias)
“Avenida de los misterios” (“Avenue of Mysteries”), de John Irving.
Tusquets Editores, Barcelona-Buenos Aires, 2016, 637 páginas.
Traducción de Carlos Milla Soler.
En España: 22,90 euros. En Argentina: 399 pesos.
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Quien ingrese al universo de John Irving sabe (o debería saber, si aún no lo ha leído) que aquello que cuente no será exactamente el “espejo” de la realidad. De ésta tomará datos, pero le añadirá de inmediato esos espejos deformantes que son su marca de fábrica y que terminarán llevando al lector por caminos de conflictos humanos y profundos, en un ámbito de relativa irrealidad que nunca será totalmente dilucidado.

Ha ocurrido en sus novelas centrales (“El mundo según Garp”, “Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra”, “Oración por Owen” y “Una mujer difícil”, entre otras) y se repite en “Avenida de los misterios”, su más decidida incursión en un mundo de magia y misterio, con fuerte presencia de la religión y la sexualidad, que al principio fue un intento de guión de cine y que le llevó más de veinte años transformar en novela.

El personaje central es Juan Diego Guerrero, escritor mexicano-estadounidense (los escritores son los personajes preferidos de Irving), quien al momento del “presente” de esta ficción realiza una viaje que quiere ser expiatorio a Filipinas pero que le significará, por recuerdos que serán tanto o más fuertes que la realidad circundante, un retorno a un pasado de extrema de pobreza, donde junto con su hermana vivirán (sobrevivirán) en un estercolero de la ciudad mexicana de Oaxaca, como verdaderos “niños de la basura” que fueron y de la que a duras penas pudieron salir. En todo caso, pudo salir Juan Diego.

En la novela, Irving se mete a fondo en una historia marcada por la espiritualidad, las creencias religiosas, la telepatía y, llegado el caso, hasta el propio milagro (de gran significación en la trama de la historia y en la vida del personaje), sin que eso le signifique dejar de lado sus personales confrontaciones con la Iglesia Católica. El realismo vacila hasta el punto de desaparecer en determinadas situaciones de “Avenida de los misterios” y esos enigmas persiguen al protagonista hasta ese “presente”, a través de la aparición de dos mujeres, Miriam y Dorothy, que lo acompañan como guías y compañeras sexuales, imponiéndose todo el tiempo sobre sus intenciones iniciales.

Lupe, la hermanita clarividente de Juan Diego, mantiene una violenta confrontación con la que llama “el monstruo María” (en alusión a una efigie de gran tamaño de la Virgen María) a la que considera que está enfrentada con la Virgen de Guadalupe. Lupe habla en una lengua incomprensible para los demás, salvo para Juan Diego, quien tanto en el basural (foto), como fuera de él, recibe de la niña misteriosos y oscuros mensajes que tienen tanto que ver con la situación que ambos viven como respecto del futuro que les aguarda.

Pasado y presente. La novela es un ida y vuelta entre el pasado y el presente, que se presentan alternativamente en los ajetreados viajes que realiza Juan Diego, asediado tanto por su colega (y ex alumno) el fanático católico Clark French y las dos mujeres, que alternan su presencia y sus favores sexuales, que le producen una multiplicidad de confusiones al novelista, cargado de betabloqueantes o metabolizantes (está afectado del corazón y sufre una suerte de fatiga crónica) y de Viagra, pastillas que tanto Miriam como Dorothy le hacen tomar según sus criterios, sus urgencias y sus caprichos.

Una variopinta galería de personajes “acompaña” a los niños de la basura: Esperanza, la madre, que al tiempo de ser prostituta trabaja de doméstica (mujer de la limpieza) en un convento de jesuitas; el padre Pepe, jesuita él también, que descubre que Juan Diego rescata libros del basurero y es un lector empedernido y bilingüe por su propio empecinamiento en saber; Eduardo o Edward, jesuita norteamericano recién llegado de Iowa que quiere integrarse al mundo de los pobres pero que terminará enamorándose de Flor, un travesti; Rivera, “jefe” del basurero y presunto padre de los niños, a los que cuida más que la propia Esperanza; dos curas más, Alfonso y Octavio, viejos y conservadores; y el médico Vargas, el ateo de esta historia de creyentes, y –un poco más tarde- la serie de figuras pertenecientes al Circo de las Maravillas, donde terminarán, por poco tiempo, los niños de la basura (y en el que, entre leones, funambulistas -foto-, domadores y payasos, ocurrirán acontecimientos de vital importancia, para la trama del relato y para la vida del futuro novelista).


Sí, es una especie de duermevela la que vive, o percibe, o acompaña, a Juan Diego en su periplo filipino, “saltando” de una isla a otra, volando de un lado para el otro y parando en hoteles en los que o Dorothy o Miriam lo aguardan, quizás para ser sus damas eróticas de compañía, quizás para asistirlo, quizás para un “algo más” indeterminado, pero que parece relacionarlas con fantasmas y súcubos inmisericordes.

Y es esa misma duermevela la que lo sumerge intensamente en su pasado, cuando a los catorce años sufrió un sinfín de cambios, que fueron pruebas, que le significaron pérdidas, dolor y definitivo crecimiento antes de dejar atrás para siempre la vida-sin-vida, la sobrevida que soportaba en el estercolero.

Irving siempre escribió a su aire, rindiendo homenajes a autores del siglo XIX, como Melville (foto) o Dickens. Sus historias tienen mucho de novela de aventuras y al mismo tiempo se definen por los inolvidables personajes que nacen de su pluma, de su fértil imaginación, que nunca parece reiterarse. Ágil, amena, extensa como toda novela del norteamericano, “Avenida de los misterios” quizás no sea su mejor relato, pero sí una muestra de tesón y empeño y también que a los 74 años le queda aún mucho para contarle a sus congéneres del mundo entero.
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“Sí, el origen de sus novelas estaba en su infancia y adolescencia: ese era el origen de sus miedos, y el origen de su imaginación residía en todo aquello que le infundía miedo. Eso no significaba que escribiera sobre sí mismo, o sobre lo que le había ocurrido de niño y adolescente; no era así. Como escritor, Juan Diego Guerrero había imaginado aquello que le infundía miedo. Nunca podía saberse lo suficiente sobre el origen de las personas reales”.
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Datos para una biografía:
John Irving (John Wallace Blunt Jr. es su nombre real), nació en Exeter (New Hampshire) en 1942. En nuestro idioma se conocen sus novelas El mundo según Garp; El hotel New Hampshire; Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra; La epopeya del bebedor de agua; Oración por Owen; Libertad para los osos; Un hijo del circo; Una mujer difícil; La cuarta mano; Hasta que te encuentre, Personas como yo y Avenida de los misterios, así como el libro de relatos La novia imaginaria, el volumen autobiográfico Mis líos con el cine y el cuento infantil El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido. Irving ha sido galardonado por la Fundación Rockefeller, por el National Endowment for the Arts y por la Fundación Guggenheim; ha recibido asimismo el O’Henry Award y el National Book Award (del que ha estado nominado tres veces), y en el año 2000 recibió el Oscar por el guión para la película Las normas de la casa de la Sidra. Luego de haber vivido en Vermont durante décadas, desde hace dos años se ha radicado en Toronto, Canadá, donde vive con su esposa Janet, oriunda de ese país. Es profesional en el deporte de lucha libre, que ha practicado y enseñado durante años. Cinco de sus historias han sido llevadas al cine: “El mundo según Garp” (1982, dirigida por George Roy Hill), “El Hotel New Hampshire” (1984, Tony Richardson), “El inolvidable Simon Birch”, (1998, basada en “Oración por Owen”, Mark Steven Johnson), “Las normas de la Casa de la Sidra”  o "Las reglas de la vida" (1999, basada en “Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra”, Lasse Hallström) y “Una mujer difícil” o "Una mujer infiel" (2004), Tod Williams). Trabaja actualmente en una versión, en formato de cinco capítulos para la televisión, de “Un mundo para Garp”
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En Internet:
Reportajes publicados por medios españoles, con motivo de la visita reciente de Irving a Madrid:
Otros enlaces:
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Video: Rueda de prensa con John Irving en “Casa América” de Madrid, 13/5/16, sobre “Avenida de los misterios”. Duración: una hora.

lunes, 2 de mayo de 2016

"La muerte de Ulises" de Petros Márkaris Una galería de víctimas.


“La muerte de Ulises” (“Trimeria”), de Petros Márkaris.
Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2016, 176 páginas.
Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu.
En España: 17,50 euros. En Argentina: 219 pesos.
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A diferencia de lo que suele pasar con las historias que tienen como protagonista al comisario griego Kostas Jaritos –cuyas aventuras/desventuras volvieran popular al griego Peter Márkaris en el mundo entero-, su último libro está dedicado al cuento, en los cuales sólo dos son animados por el habitualmente malhumorado policía, ocupando así una especie de discreto segundo plano.

Quizás cansado de tanto hablarnos de la nada sencilla y muy duradera crisis griega, Márkaris ha decidido hacer un alto en el camino y entregar en este nuevo libro una serie de cortas y buenas piezas literarias, en las que su humanismo queda expuesto con claridad, en tanto habla de las víctimas de reiteradas, casi sempiternas, injusticias.

De los ocho relatos que componen el libro, el más interesante es “Tres días”, casi una novela corta que contradiciendo a su título transcurre entre el 5 y el 8 de septiembre de 1955, en Estambul, cuando se produce un atentado contra la casa natal del fundador de la Turquía moderna, Kemal Atatürk, y las multitudes salen a las calles del país para tomarse venganza con las minorías griegas que por generaciones han permanecido en esas tierras que alguna vez les pertenecieran. La caída del imperio de Bizancio y la consiguiente toma de la entonces Constantinopla por parte de los turcos, marcó una división entre griegos y otomanos que -pese a haber ocurrido en 1453- se mantiene hasta nuestro presente.

En “Tres días”, Vasilis Samartzis, hijo y nieto de comerciantes, es propietario de una tienda de telas y recibe, de parte de un turco, la advertencia de que se cuide y haga lo propio con su familia porque la población está soliviantada por el ataque perpetrado contra la casa de Atatürk (foto), quien aunque fallecido en 1928, se había vuelto leyenda para la población y atacar su memoria suponía (y sigue suponiendo) una verdadera herejía para la mayoría del pueblo turco.

Resulta muy interesante la reconstrucción de época que logra Márkaris, reconstrucción centrada en el dificultoso clima político por entonces existente. El autor deja de lado, por suerte, el estilo un tanto reiterativo que caracteriza a sus relatos del comisario Jaritos para adentrarse en los pensamientos, emociones y acciones de Vasilis y sus contemporáneos. Es muy probable que dicho momento histórico lo haya vivido el propio escritor o que, en su defecto, haya tenido noticias de primera mano de los acontecimientos vividos en aquella época (cuando él tenía 18 años).

Interesa a Márkaris describir las tensiones que se vivieron, los hechos de injusticia, la irracionalidad que prevalece sobre la mesura y el sentido común. Andranik, armenio amigo de Vasilis, en un paisaje del relato le recuerda que cuando algo malo ocurre en Turquía suelen “pagar el pato” las minorías (armenios, kurdos, griegos, judíos) y es lo que puntualmente ocurre en esas jornadas en las que el tendero sufre la destrucción de su negocio. Aunque la historia deriva hacia la dilucidación de un misterio familiar (la desaparición inesperada de su abuelo, producida años atrás) con bifurcaciones que vuelven más atractivo al relato. Y que, claro está, no vamos a contar en esta reseña.

Los textos restantes. En cuanto al Ulises del relato que da título al libro, se trata de un griego nacido en Turquía que en su vejez regresa a Estambul porque, como diría la canción, no se siente “ni de aquí ni de allá” pero desea retornar al lugar donde fue sacado por sus padres, y vuelve porque allí “comenzó a soñar".

Bien debe conocer Márkaris el tema, dado que pertenece a esa minoría de griegos nacidos y criados en territorio extranjero (el autor nació en Estambul en 1937) y es el extrañamiento, el ser “ajeno” donde se esté el que prevalece en las mejores páginas de esta selección. Tal como ocurre en el relato “En terrenos conocidos”, donde un turco que ha vivido la mayor parte de su vida en Alemania elige un lugar alejado en territorio germano (cercano a Düsseldorf; foto) para pasar allí sus últimos años. Pero su mejor amigo aparece asesinado y, sin el menor interés, su hijo Murat (que vive en Estambul, donde es policía) termina investigando el crimen detrás del cual se esconden las mafias y el racismo.

“La destrucción de Pompeya” se detiene en el muy contemporáneo fenómeno de los  emigrantes que buscan refugio en la Europa del desarrollo, de la que son rechazados en su enorme mayoría. En este relato, el sacerdote Ioannis Perdikis procura ayudarlos como mejor puede, ante el rechazo y la condena de sus vecinos y pese a que, como cristianos que dicen ser, les recuerda los pasajes evangélicos que hablan de la solidaridad hacia el otro. Malos tiempos se viven, nos dice Márkaris, y el símbolo de Pompeya presuntamente destruida por sus pecados le sirve como alegoría de un presente no sólo indiferente sino hostil, cuando no criminal, hacia el dolor ajeno.

No son desdeñables (para nada) los restantes cuentos, pero a mi manera de ver quedan en un segundo plano en relación a los antes destacados. La curiosidad estriba en que en los dos relatos protagonizados por Jaritos, con sendos crímenes a dilucidar, la cultura cobra impensado papel protagónico, aunque sin dejar bien parados a los “ejecutantes”, víctimas también ellos, pero de sus egos.

Una interesante selección, sin duda, que reivindica como buen escritor a quien no por nada en varias oportunidades fue el guionista de las potentes, y tantas veces inolvidables, películas de su connacional Theo Angelopoulos (“La mirada de Ulises”, “La eternidad y un día”; foto). Libro disfrutable, sin duda.
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 “Me limité a asentir con la cabeza en silencio, porque sabía que los griegos arrastramos la maldición de todas las minorías étnicas y no somos felices en ningún sitio. En Estambul echamos la culpa a los turcos, en Grecia a los griegos, y así confirmamos el proverbio turco de los males futuros: ‘Lo que ha de venir te hará añorar lo que ya se ha ido’”.
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Datos para una biografía
Petros Márkaris (Estambul, 1937) es autor de la exitosa serie de novelas policiacas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos y compuesta por "Noticias de la noche", "Defensa cerrada", "Suicidio perfecto", "El accionista mayoritario", "Muerte en Estambul",  "Con el agua al cuello", "Liquidación final", "Pan, educación, libertad" y "Hasta aquí hemos llegado". También ha publicado el ensayo "La espada de Damocles" y el libro de relatos "La muerte de Ulises". Es autor de tres obras teatrales y ha sido guionista de cinco películas de su connacional Theo Angelopoulos (1935-2012), También escribió otros guiones para el cine y la televisión. Ha recibido numerosas distinciones, entre ellas el Premio “Pepe Carvalho” a la mejor novela policial de 2012 y la Medalla Goethe al año siguiente.
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Algunos enlaces:
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Video: Conversación de Petros Márkaris con el periodista mexicano Luis Hernández Navarro en ocasión de la Feria Internacional del Libro de El Zócalo, octubre de 2014, sobre la situación griega. Duración aproximada: una hora.