domingo, 19 de febrero de 2017

"La canción de las sombras". El detective Parker enfrenta a los nazis

Composición: Gerardo Morán
“La canción de las sombras” (“A Song of Shadows”), de John Connolly.
Tusquets, Barcelona-Buenos Aires, 2017, 442 páginas.
Traducción de Vicente Campos González.
En España: 19,90 euros. En Argentina: 389 pesos.

La saga del detective Charlie Parker despierta una gran adhesión en lectores de buena parte del mundo y eso se debe a la habilidad de su creador, el irlandés John Connolly, quien ha logrado contar historias policiales que al mismo tiempo están vinculadas con un Más Allá donde combaten ángeles y demonios que se contactan con el mundo a través de los muertos.
“La canción de las sombras” es el opus 14º de la serie y muestra a Parker, quien vive siempre episodios extremos, rehabilitándose de una serie de heridas que casi le causan la muerte (sufrió varios paros cardíacos) luego de recibir un ataque despiadado de sus enemigos y que Connolly contó en el episodio inmediatamente anterior, ”El invierno del lobo”.
Así como esta última historia se desarrollaba en un pueblo pequeño del estado norteamericano de Maine, habitado por fanáticos, llamado Prosperous, en la nueva novela el detective busca reponerse en otra población de escasos habitantes, Boreas, también ubicado en el mismo estado norteño donde transcurren las ficciones protagonizadas por Parker. Tratándose del investigador privado, el lector sabe que sus deseos de refugiarse en un lugar tranquilo, sin padecer sobresaltos, quedarán rápidamente de lado.
Y así ocurre, porque a poco llegar a la casa elegida para descansar, aparece un muerto en el agua, cuyo cuerpo al parecer habían arrastrado las mareas. La policía encargada de investigar esa muerte determina que se trata de Bruno Perlman, un hombre de 45 años que, dato más que curioso, residía en Florida, es decir a miles de kilómetros al sur de Maine. Su presencia en el lugar resulta entonces bastante extraña por lo que la policía no logra determinar si se trata de un suicidio o de un asesinato.
También resulta extraña la única vecina de Parker (que alquila una casa en las afueras del pueblo), llamada Ruth Winter y que vive con su pequeña hija. El detective advierte que es una mujer misteriosa, que guarda secretos y que, además, por ellos sufre. Cuando intenta abordarla para ayudarla Ruth lo ahuyenta, para su mal.

Pequeña población en Maine
Los misterios se incrementan. Pero el pueblo de Boreas, como si se abriera en abanico, le presentará mayores misterios a Parker, vinculados a un antiguo campo de concentración nazi denominado Lubsko,  sobre el que se tenían pocos registros, pero del cual, como fantasmas, surgen los nombres de dos ancianos residentes en los Estados Unidos, Engel y Fuhrmann, acusados por un organismo especializado del gobierno norteamericano de haber tenido activa participación en ese sitio de exterminio.
Sin que al principio el detective lo supiera, el referido organismo investiga (a partir de una confesión de Engel para que no se lo extradite a Alemania), a algunos viejos habitantes de Boreas que tienen nombres distintos a los de las  personas que actuaron en el citado campo y aunque Marie Dermes (encargada de la investigación) es incisiva, no termina de “hacer pisar el palito” a uno de los investigados, Marcus Baulman, quien niega ser Reynard Kraus, un joven SS que asesinaba niños en el campo de Lubsko. Dermes está convencida de que es él, pero lo curioso resulta que Isha Winter, la única sobreviviente judía del campo, tampoco lo reconoce. Isha, nos venimos a enterar como lectores, es la madre de Amanda Winter, quien por razones que guarda para sí, decidió tomar distancia de su madre y trasladarse a Boreas con su pequeña hija.
Aunque no corresponda ir contando cada uno de los episodios de la novela, si puede decirse que Parker, debiendo superar los dolores que le causan sus heridas, y también la angustia de no poder deslindarse de su constante conexión con los muertos, se va involucrando en los distintos hechos que ocurren en el pueblo, donde habrá nuevas muertes (entre ellas la de toda una familia, asesinatos quizás producido por uno de sus integrantes, que ha desaparecido), inesperados enfrentamientos y revelaciones sorprendentes.
Como viene ocurriendo en toda la saga de Parker, el doble sufrimiento, del cuerpo y del alma, estarán de nuevo presentes en esta novela que agrega a la galería de horrores leídos en episodios anteriores las reflexiones de Connolly sobre el Holocausto, los campos de concentración, la sevicia de los nazis y la tardía reacción de los Aliados para castigar en tiempo y forma a quienes cometieron tales atrocidades.

El Coleccionista, según
Manuel Cadena Camacho
Personajes conocidos y otras cuestiones. Tangencialmente, aparecen personajes que ya fueron “presentados” en las novelas precedentes, como El Coleccionista, un ser miserable que siente tener “el deber moral de borrar a los malvados de la faz de la Tierra”. También la ex mujer de Parker, Raquel, y la hija de ambos, Samantha, el rabino Epstein y el policía Ross, quien desde lejos, y con mucha desconfianza, trata de controlar los pasos del detective.
Proveniente de un ámbito católico como es el irlandés, Connolly admite que ha tomado elementos de dicha religión, tales como las ideas de la redención, la reparación, el pago de los pecados y la culpa. “La culpa de Parker es la culpa de los sobrevivientes”. En la primera de las novelas, “Todo lo que muere”, el detective, un ex policía, se lanza en la búsqueda del asesino de su mujer y de su primera hija, Jennifer, que terminan siendo fantasmas que lo protegen. En esta novela la hija muerta tendrá una especial incidencia. También reaparecen Louis y Angel, una extraña pareja de matones que a su modo rústico, y sin matices, cuidan a Parker.
Samantha, Sam, la hija viva, debido a ciertas percepciones, abre otras perspectivas para la continuación la saga. También ocurre lo propio con una extraña propuesta que le hace el detective al detective Ross y que da lugar a que éste realice una significativa llamada telefónica a uno de los personajes periféricos de ésta y de otras historias anteriores. En tanto, el autor ha iluminado, en parte, lo que está queriendo decir en la actualidad en relación a la serie: ”Los libros de Parker están llegando a una conclusión y a una resolución. Parker está ahora en el Huerto de Getsemaní…. La próxima entrega se titula El momento del tormento… Parker, en estos dos últimos libros, es muy distinto, recordemos que ha muerto y ha vuelto… Y ha vuelto capaz de pisar un cadáver en la arena…”.
Menos conectada con el Más Allá que en novelas anteriores, “La canción de las sombras” tiene más que ver con la historia contemporánea y sobre todo con un Parker sombrío, como nunca dispuesto a cobrarse venganza. Habrá que ver que es lo que sigue.


El campo de concentración de Lubsko nunca existió, es una invención de Connolly. Aparte, destaco el acertado diseño de tapa de la edición española de “La canción de las sombras”.

Edición inglesa
de la novela
“Parker cerró los ojos y en su interior se vio una vez más sentado a la orilla de un lago, pero esta vez no lo acompañaba su hija, y desde las remotas colinas lo acompañaba un lobo, que reconocía así su presencia una vez más en aquel lugar. Sentado en la iglesia de San Juan su mente recreó un mundo más allá de éste e intentó conectar ambos espacios. No estaba loco, y sus recuerdos no eran fruto de un trauma, de la anestesia ni de la medicación posoperatoria. Sin embargo, creía que, fugazmente y mientras estaba muerto o agonizante, se había quedado atascado entre dos mundos. Lo sabía por el objeto que guardaba en un bolsillo de su chaqueta. Lo buscó ahora, con los ojos todavía cerrados y lo palpó entre los dedos. Lo sacó y lo sostuvo en la palma de la mano derecha, mientras que con el pulgar reseguía sus texturas y estrías.
“Era una piedra negra, con un desperfecto en un lado. Sólo había sostenido una piedra así cuando se sentó en el banco junto al lago en ese mundo intermedio, intentando elegir entre asumir la disolución física definitiva o volver al dolor de la existencia y, cuando finalmente había arrojado la piedra, ese mundo frágil se había hecho añicos (…) Cuando recuperó la conciencia en el hospital de Portland, aferraba la piedra en un puño”.

Enlaces:
En el blog:
Entrevistas recientes a Connolly, a propósito de la presente novela:

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