domingo, 30 de abril de 2017

Tensiones periodismo-literatura. Hacia afuera y hacia adentro

Gay Talese y Gabriel García Márquez
Extracto del texto leído y comentado por el autor en el marco del Café Literario Sade, filial Santa Fe realizado el pasado 19 de abril, en el que expuso junto a Estanislao Giménez Corte.

Jorge Conti dio una, para mí, sabia definición que establecía también una sabia distinción entre periodismo y literatura: “El periodismo –dijo- es hacia afuera, la literatura es hacia adentro”. Creo que esa barrera es insalvable, pero al mismo tiempo quiero decir que no desdeño el periodismo. Por el contrario, me siento muy cómodo, y satisfecho, tomando contacto con esos grandes reportajes que han dado en llamarse textos de no ficción que, como lector, y hasta como escritor, han despertado en mí verdadero entusiasmo.
Hablo, entre tantos otros, de “Relato de un náufrago”, de Gabriel García Márquez, de “¿Quién mató a Rosendo?”, de Rodolfo Walsh, de “A sangre fría”, de Truman Capote, de “Honrarás a tu padre”, de Gay Talese, de “Oswald, un misterio americano”, de Norman Mailer. Los cito a sabiendas de que dejo de lado a muchos de tanta o mayor validez que los nombrados.
La crónica periodística tiene un limitante: no se puede contar lo que no ocurre. Por ejemplo: no se pueden poner “pensamientos” no explicitados por un entrevistado. No se puede decir de más. En cambio, le está reservado al escritor de ficciones la invención, la creación de mundos alternativos, el poner en boca de personajes tomados de la realidad o de la imaginación aquello que pudo haber ocurrido o que nunca ocurrió, salvo en el mundo de la palabra. La literatura, podría decirse, es en sentido libre, imparable, desbordante. El escritor se vuelve hacedor de su propio mundo.


Tres casos. Reitero que el mundo de la no ficción no me resulta indiferente y para reforzar esa convicción me detengo en tres ejemplos que hablan mucho de la renovación que en el campo de la crónica ha traído el llamado nuevo periodismo. Hago referencia primero a un hecho primordial: el gran rescate que realizó Jacques Gilard quien en una voluminosa “Obra periodística”, compiló en de la década de 1980 la primera parte de la extensa obra periodística de Gabriel García Márquez. Textos de gran frescura, escritos con intrepidez y hasta cierta desfachatez, propias de un joven que hacía sus primeras armas en el periodismo. Hablé de gran rescate, y fue en  efecto así, porque de no ser por Gilard, que buscó y encontró en viejos periódicos las notas escritas por el entonces desconocido autor, no nos hubiésemos enterado de que la habilidad, intrepidez y desfachatez de Gabo tuvo su fruto, al toparse el  colombiano con la historia de Luis Alejandro Velasco que estuvo perdido diez días en el mar.  Fue así como nació, en 1955, la serie de notas que luego se llamaría “Relato un náufrago”, transformada en libro en 1970 y al que debemos considerar como un valioso antecedente del nuevo periodismo.
Paso ahora al norteamericano Gay Talese. Descendiente de italianos, de joven le interesó tanto la literatura como el periodismo. Pero luego de trabajar en The New York Times, deja de lado ese medio con el afán de narrar las crónicas de otra manera, intentando acercar al periodismo a esas formas narrativas reactivas que exhibían jóvenes plumas de entonces, como la de su admirada Carson McCullers. La revista Esquire lo contrata y lo primero que se le pide es un imposible: presentar un perfil de Frank Sinatra. El cantor tenía cincuenta años, era un ídolo intocable más que nunca (se negaba a dar notas) dado que andaba, se decía, con una Mia Farrow de 20 años. Entonces Talese aborda a Sinatra de otra manera, sesgada, diríamos, hablando no con él sino con todos los que de una u otra forma estaban cerca de su persona, y de esa forma, como quien arma un difícil rompecabezas, logra “diseñar”, es decir escribir el perfil de ese hombre tan famoso, en un texto que hoy sigue siendo icónico.. Con el añadido de que Talese descubre que por esos días el cantante estaba resfriado y por lo tanto no podía cumplir con sus compromisos artísticos. “Sinatra resfriado es Picasso sin pintura, Ferrari sin gasolina, pero peor”, escribe. Frank era un rey y encabezaba un reino de personas que trabajaban con él y para él que en esos momentos sentían que se les movía el piso. Todo eso lo cuenta Talese con precisión y agudeza: la pintura de ambiente, la personalidad ambivalente de Sinatra, quedan expuestas con sus luces y sus sombras. “Frank Sinatra está resfriado” sigue siendo la obra maestra de Talese, el verdadero nacimiento del nuevo periodismo en Estados Unidos.
Tercer ejemplo. Que puede traer inconvenientes porque se trata de una persona controversial por sus posiciones políticas. Me refiero a Rodolfo Walsh, quien al margen de sus actividades fue también un minucioso investigador periodístico (aparte de gran cuentista). Además de sus investigaciones de “El caso Satanowsky” y “Operación masacre”, logró deducir qué había ocurrido en la confitería “La Real”, de Avellaneda, en la que en mayo de 1966 fue asesinado el dirigente metalúrgico Rosendo García. Respecto de esto, había, al comienzo de su investigación, unos detenidos acusados por el crimen. La indagación sistemática, que semana a semana Walsh publica en el periódico de la entonces CGT de los Argentinos, va modificando lo que podríamos llamar la historia oficial. Semana a semana Walsh a través del periódico convoca a las personas que asistieron a ese episodio, llega a avizorar que el escenario del crimen había sido modificado y concluye que habría sido el dirigente Vandor el único que podía haber matado a Rosendo. Una historia sin igual, que hablaba por supuesto de las terribles tensiones de la época. Por eso se dice que Walsh fue el verdadero creador del texto de no ficción, no ya en Argentina sino en el mundo.


Aventuras del lenguaje. Los textos periodísticos que cité, son de verdad fascinantes, ¿pero son también otra rama de la literatura, como entre tantos proclama la española Rosa Montero? La crónica tendrá siempre la limitante del hecho que se quiere contar. Si se le hace una nota a una determinada persona, salvo que ella misma lo relate, no se le pueden agregar pensamientos, intenciones ocultas. El cronista puede especular, claro, pero hasta cierto punto, porque si estira mucho ese hilo la crónica se desvanecería para volverse texto de ficción. En ambos casos se trata de una aventura del lenguaje, pero no pueden seguir en paralelo un camino infinito.
La ficción, la poesía, se adentran en los mundos propios que fije el autor, que son en sí mismos ilimitados, hasta se podría decir inconmensurables. Está también la participación del lector co-creando, completando los silencios del autor, escuchando su música. “Me ilumino de infinito”, dice Ungaretti. O Borges: “No nos une el amor sino el espanto”, “Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges”. O Dante, ante el Inferno: “Dejad atrás toda esperanza, vosotros que entráis”. O el final inefable, infinito, de “Los muertos”, de Joyce, que empieza con la dolorosa confesión de Gabriel mirando dormir a Gretta, su mujer. “La miró, -expresa Joyce- mientras dormía como si ella y él nunca hubieran sido marido y mujer”.
Literatura es fábula, es la vida que construimos al lado de la vida, es lo inefable, muchas veces lo que casi no se puede decir, aquello que no está pero que debería encontrarse. Los momentos epifánicos del propio Joyce, la pesadilla kafkiana de “El proceso”, el Mal o la Totalidad que encarna “Moby Dick”, el Dictador por excelencia pintado por Roa Bastos en “Yo, el Supremo”, Emilio Gauna anticipando y viviendo su muerte en “El sueño de los héroes”, según Bioy Casares, Sabato y sus ciegos, los locos de los canudos inventándose la guerra del fin del mundo que nos contó Vargas Llosa, las galerías que conectaban los mundos de Cortázar, Borges descubriéndonos el Aleph, Orwell mostrándonos al Gran Hermano en 1948 o Kundera sosteniéndonos que la vida está en otra parte…
El periodismo nos habla, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor inteligencia, de la coyuntura. La literatura nos invitó, nos invita, nos invitará, a crearnos alternativas a la vida, a soñar nuestros sueños más complejos, más interminables. Más inevitables.

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