martes, 28 de marzo de 2017

"Cáscara de nuez", de Ian McEwan. La comedia, la ironía, la rabia

Composición: Gerardo Morán

“Cáscara de nuez” (“Nutshell”), de Ian McEwan.
Anagrama, Barcelona-Buenos Aires, 2017, 217 páginas.
Traducción de Jaime Zulaika.
En España: 18,90 euros. En Argentina: 265 pesos.

“Oh Dios –se lee en ‘Hamlet’- podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio… de no ser porque tengo malos sueños”. Con ese epígrafe “se abre” la última novela del británico Ian McEwan, quien a partir de dicha cáscara de nuez, y de la historia del heredero enloquecido que escucha y conoce lo que no debe saber, escribe, más bien reescribe, su propia versión de la tragedia del Príncipe de Dinamarca. La curiosidad, la audacia, el juego literario que propone, es que la historia la narre un nonato, un feto próximo a nacer (“así que aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer”), que por milagro de la naturaleza comprende cuanto ocurre. Y lo que ocurre de manera central es que madre y amante conspiran, en un Londres contemporáneo, próximo al Brexit, temeroso del atentado terrorista, sumergido en el hipercapitalismo de nuestros días, para matar al padre y heredar el Reino…
Un Reino, eso sí, inserto en la trivialidad del mundo líquido de Bauman y que se desarrolla en los no lugares de Augé, vale decir un mundo descentrado, escéptico, que se ha “bajado” de cualquier concepción ética, al que sólo le interesa el placer inmediato y apoderarse del dinero ajeno, cuanto más mejor, aunque en este caso el rey, también devaluado, sea apenas un editor de poesía que quiere reconquistar a su mujer embarazada y el “reino” una casona que tiene el delirante precio de siete millones de libras en un Londres de precios alocados, tanto que casi resultan increíbles.
Gertrudis ha devenido en Trudy y Claudio es Claude, un primitivo, erótico e indiferente agente inmobiliario, hermano del “rey”, que no vacila en cometer fraticidio para heredar y vender y cuyas miras no van más allá de satisfacer sus deseos de macho en forma inmediata y sin tomar en demasiada consideración el hecho de que Trudy se encuentra muy próxima al parto.
Tampoco Gertrudis-Trudy es presentada como un personaje delicado. Por el contrario, bebe, fornica a pesar de su estado, planifica la muerte de su esposo y al parecer, es lo que teme el feto, no tiene como proyecto hacerse cargo del niño cuando nazca. Quizás lo entregue a alguien, quizás termine matándolo, ¿por qué no?
Ya se habló de la vulgaridad de Claudio-Claude. Quien más “se salva”, si así puede decirse es el rey-poeta, un hombre que no es bueno en lo suyo pero que quiere ayudar a otros poetas en un mundo de tanta indiferencia, de tanta crueldad cotidiana.
La novela fue escrita desde la doble perspectiva de la rabia y la impotencia que al autor le produce cuanto ocurre: “La sensación generalizada es de impotencia porque no podemos influir en los acontecimientos que observamos”. Es lo que le pasa al feto-narrador, que ve los avances de los asesinos in potentia ante los cuales nada puede hacer. Al menos, en teoría.

La comedia, la ironía. Por supuesto, lo que narra McEwan es un drama, pero rebajando sus intenciones, o más bien ubicándose desde una diversa perspectiva, en vez de acentuar los tonos oscuros de la historia opta por el tono si no totalmente cómico al menos sí irónico. Se niega, en cambio, a suavizar los perfiles sombríos de los asesinos y así Trudy es mostrada como una joven (de 28 años) apática, frívola, adicta al alcohol (que tanto perturba al feto) predispuesta al sexo y también predispuesta al crimen: “Lo quiero muerto. Y tiene que ser mañana”.
De Claude, hombre práctico de negocios, no se puede extraer nada bueno. El feto ama a su madre pero siente un rechazo frontal por su tío, nada menos que el amante de su progenitora a quien más detesta cuando penetra en ella y parece siempre a punto de rozarlo: “Cierro los ojos, aprieto las encías, me agarro a las paredes uterinas. Estas turbulencias arrancarían las alas de un Boeing”.
En cuanto a por qué el nonato “sabe”, el narrador nos aclara que eso se debe a que absorbe todo el tiempo las noticias que la madre escucha por la BBC radial y por lo que lee en voz alta de los diarios. Es, pues, un ser informado, así como al escuchar las conversaciones francas, promiscuas y potencialmente criminales de madre y amante, comprende que preparan el asesinato del padre, a quien también ama, a pesar de tener un comportamiento distante y en verdad no preocuparse por el niño que está por nacer.
“El aire está muy cargado en el Reino Unido y da mal olor”, dice hoy el casi septuagenario McEwan. ¿Habrá que tomar entonces esta historia que nos narra, cargada de un horror moderado por la ironía, como alegoría de un instante histórico en el que parece que la vida es, en efecto, el sonido y la furia producido por un idiota?
Este libro ambiguo, simbólico, escrito con verdadera maestría (y que tiene un gran final, imposible de explicitar acá) suscita esa clase de preguntas y estará en cada lector encontrar su respuesta.

El epígrafe elegido por McEwan, tomado del Hamlet, dice en su idioma original: “O God, I could be bounded in a nutshell (o nut shell) and count myself a king of infinite space, were it not that have bad dreams”.

Edición inglesa de "Cáscara
de nuez" ("Nutshell")
“-Bueno –dice mi padre, y lo que dice significa más de lo que cree-. Me voy.
Claude y Trudy se levantan. Es la temeraria emoción del arte del envenenador. La sustancia ingerida, el acto aún incompleto. En tres kilómetros a la redonda desde aquí hay muchos hospitales, muchas bombas para hacer lavados de estómago. Pero la línea de la criminalidad ha sido traspasada. El acto no tiene enmienda. Lo único que pueden hacer es apartarse y aguardar la antítesis, a que el anticongelante le deje frío.
Claude dice:
-¿Este sombrero es tuyo?
-¡Oh, sí!, me lo llevo.
¿Es la última vez que oigo la voz de mi padre?
Nos dirigimos hacia la escalera, luego la subimos, con el poeta a la cabeza. Tengo los pulmones pero no aire para gritar una advertencia o llorar de vergüenza por mi impotencia. Soy todavía una criatura del mar, no un ser humano como los demás. Ahora estamos cruzando el caos del recibidor. Se abre la puerta de entrada. Mi padre se vuelve para darle a mi madre un beso en la mejilla y asestar a su hermano un puñetazo afectuoso en el hombro. Quizás por primera vez en su vida.
Cuando sale grita por encima del hombro:
-Esperemos que el maldito coche arranque.”

Datos para una biografía

Ian (Russell) McEwan (Aldershot, Reino Unido, 1948) se licen­ció en literatura inglesa en la Universidad de Sussex y es uno de los miembros más destacados de su muy brillante generación. En nuestro idioma se han publicado sus dos libros de relatos, Primer amor, últimos ritos (Premio Somerset Maugham) y Entre las sábanasasí como las novelas El placer del viajero, Niños en el tiempo (Premio Whitbread y Premio Fémina), El ino­cente, Los perros negros, En las nubes, Amor perdu­rable, Amsterdam (Premio Booker), Expiación (que obtuvo, entre otros premios, el WH Smith Literary Award, el People’s Booker y el Commonwealth Eura­sia), Sábado (Premio James Tait Black), Chesil Beach (National Book Award), Solar (Premio Wodehouse), Operación Dulce, La ley del menor y Cáscara de nuezMcEwan fue también galardonado con el Premio Shakespeare. Varias de sus novelas fueron llevadas al cine y a la televisión, entre ellas Expiación, El placer del viajero, El inocente y Amor verdadero, mientras se encuentran en proceso de producción las versiones de Chesil Beach y La ley del menor.

Algunos enlaces:

miércoles, 8 de marzo de 2017

Caleidoscopio: libros homenaje a Guillermo Cabrera Infante.Los títulos póstumos de Ricardo Piglia. John Le Carré "resucita" a George Smiley. El extraño cuadro de Haruki Murakami

Cabrera Infante por dos. O por tres. En efecto, de manera prácticamente simultánea fueron reeditadas en España dos novelas capitales del cubano Guillermo Cabrera Infante (1929-2005): “Tres tristes tigres” y “La Habana para un infante difunto”. En el primero de los casos hablo de una edición conmemorativa del 50º aniversario de la primera publicación de esta novela que obtuviera el por entonces famoso premio Biblioteca Breve en 1964 con el título de “Vista del amanecer en el Trópico” y de la que el autor entregara una ficción totalmente distinta cuatro años más tarde, con el título definitivo de “Tres tristes tigres”. Esta visión de La Habana precastrista, con una presencia “activa” de una escritura heterodoxa y chispeante, en la que además se copiaban los estilos de otros autores famosos de la época, fue censurada. La edición conmemorativa que ha publicado Seix Barral incluye las partes que censurara en su ocasión la dictadura franquista.
En tanto, prosiguiendo con la publicación de las Obras Completas del autor a cargo del sello Galaxia Gutenberg, el compilador Antoni Munné ha presentado el tomo III de la serie, titulado "Habanidades" e integrado por “Tres tristes tigres” y “La Habana para un infante difunto”. Esta última novela, en la que Cabrera revisa la vida erótica que llevó en la capital cubana antes de partir del exilio, fue publicada originalmente en 1979 y se trató de una experiencia de escritura afrontada por el escritor luego de haber superado una penosa situación siquiátrica, a causa de las persecuciones y presiones que recibía, y de la que temió no poder salir. Y por ende, no volver a escribir. Gran doble homenaje a un escritor fundamental.

Piglia, póstumo. Se ha confirmado que hasta los últimos momentos de su vida, lamentablemente extinguida el pasado 6 de enero, a los 76 años, el argentino Ricardo Piglia estuvo trabajando –con un equipo de colaboradores, dado que se encontraba muy enfermo, limitado al máximo en sus posibilidades físicas- en lo que serán sus libros póstumos. Así, su viuda Beba Eguía y la agencia Schavelzon Graham confirmaron que en septiembre venidero aparecerá el tomo III de “Los diarios de Emilio Renzi”, que llevará como subtítulo “Un día en la vida”. Luego se conocerán “Por un relato futuro”, conversaciones con Juan José Saer, el libro de cuentos “Los casos del comisario Croce”, “Escenas de la novela argentina”, clases que el autor dictara por televisión en 2012, y una edición definitiva de sus “Cuentos completos”.
Se añadirían “Teoría de la prosa”, charlas dictadas por Piglia en 1995, “China, 1973, fragmento de un diario”, “La Argentina en pedazos, prólogos” y “Ensayos completos”, que el autor no habría podido terminar de revisar. Queda mucho material que deberá ser analizado a posteriori y que Piglia donara a la Universidad de Princeton, así como ·Un día en la vida”, tomado de “Los cuadernos de Emilio Renzi”, texto que habla sobre el 16 de junio, día que vive Leopoldo Bloom, según el “Ulises” de Joyce.

Le Carré vuelve con George Smiley. Después de más de un cuarto siglo de silencio (“El peregrino secreto”, 1990) el británico John Le Carré (David Cornwell, 1931) ha sorprendido a su legión de seguidores al confirmar que en septiembre aparecerá en inglés “Un legado de espías” protagonizado por el personaje más memorable creado por su fértil imaginación: el apabullado espía George Smiley, protagonista central o periférico de sus mejores novelas, entre ellas “Llamada para el muerto”, “El topo” y “El honorable colegial”.
Será sumergirse en el mundo de la extinta Guerra Fría que, sin embargo, parece haber revivido en este último tiempo, para mal del mundo entero. Le Carré la escribió en poco tiempo y mantuvo el suspenso hasta hace escasos días. Veremos qué tiene para contar de ese agente que, entre tantos otros buenos actores, inmortalizaran en la pantalla Alec Guinness y Gary Oldman.
En nuestro idioma, el nuevo de Le Carré será publicado por Planeta.

La novela secreta de Murakami. Como suele ocurrir, el “secretismo” acompaña al japonés Haruki Murakami cuando se trata de una nueva novela. Lo mantuvo así hasta el momento mismo en que su país salió a la venta a finales de febrero, con un tiraje de un millón trescientos mil ejemplares. Está presentada en dos tomos en idioma nipón, su título aproximado en castellano sería “Matar al comendador” y gira en torno a un cuadro del comendador de “Don Giovanni”. El primer tomo se titula “Ideas emergentes” y el segundo “Metáfora móvil”.
La primera parte de la obra narra la historia de Yo, de quien se dice es un desconocido pintor de retratos, de 36 años, que se ve obligado a mudarse a una vieja casa de montaña después de separarse de su mujer. En ese lugar descubre el cuadro “Matar al comendador”, pintado por el anterior inquilino de la casa, en tanto aparece un misterioso vecino, de nombre Menshiki, y todo eso hará que se desencadenen misteriosos eventos.
En la segunda parte, Murakami se centra en la vida del autor del cuadro y devela la conexión entre el cuadro y el extraño Menshiki. Hay presencia nítida del realismo mágico, al que el autor es adicto, y menciones a la ópera “Don Giovanni”, de Mozart. Es de presumir que Tusquets se hará cargo de la edición en nuestro idioma, en fecha que desconozco. 

viernes, 3 de marzo de 2017

La muerte de Carlos Gardini

El pasado miércoles falleció en Buenos Aires a los 68 años el escritor Carlos Gardini, quien debutó muy joven en el terreno de la ciencia ficción con “Mi cerebro animal”, de 1982, año en que había obtenido el primer premio en un concurso del Círculo de Lectores con el cuento Primera línea acordado por un prestigioso jurado presidido por Jorge Luis Borges e integrado entre otros por José Donoso.
Su obra literaria, de injusta escasa difusión, fue amplia, puesto que publicó doce libros de ficción, los últimos de los cuales fueron “La Ciudad de los Césares” (cuentos, 2013) y “Belcebú en llamas” (novela editada el año pasado).
Se destacó como un sensible traductor, quizás uno de los mejores que he podido leer en los últimos tiempos. En este blog he comentado libros publicados por la editorial La Bestia Equilátera, que publicó gran parte de las últimas traducciones realizadas por Gardini, en los que quedaron evidenciadas sus innegables condiciones en ese siempre difícil terreno.
Así, ponderé textos tales como ”Zona caliente”, de Charles Williams”El nombre del juego es muerte”, de Dan J. Marlowe”Pajaro de celda””Madre noche” y  ”Cronomoto”, estas tres últimas novelas de Kurt Vonnegut, todas publicadas por La Bestia Equilátera, salvo la última que apareció en España bajo el sello de Malpaso Ediciones. En estos libros el “sello” de Gardini es evidente y definitorio. Lamento mucho esta gran pérdida para la literatura de Argentina.